El nudo gordiano del Cercano Oriente

Por Patricia Kreibohm para LA GACETA - Tucumán. Se ha recurrido, sistemáticamente, al uso de la espada y sin embargo no se logró cortar el nudo. Posiblemente sea tiempo de buscar otro camino, más sabio, más noble, más efectivo.

03 Septiembre 2006
En Gordión, capital del antiguo reino de Frigia (actualmente en Anatolia, Turquía) existía un yugo con una cuerda, ceñida por un nudo complicado. Según la tradición, quien consiguiera desatarlo podría conquistar Oriente. Cuando Alejandro Magno llegó a esas tierras y se enfrentó al dilema, cercenó el nudo con su espada.
En sentido figurado, la expresión nudo gordiano se emplea para aludir a un problema de difícil solución. También se usa para referirse a la esencia de una cuestión muy compleja o prácticamente incomprensible. Desatar un nudo gordiano implica entonces, en primer término, resolver un problema; en segundo lugar, revelar sus contradicciones y sus significados.
Invirtiendo el uso de los términos, se podría decir que, desatar este nudo, supone solucionar un asunto complicado a partir de la profunda comprensión de su naturaleza.
Una vez más, la guerra, la muerte y la destrucción dominaron el escenario del Cercano Oriente. Una vez más, el mundo asistió -impotente y atónito- al despliegue de una violencia sistemática e impiadosa que ha cobrado cientos de vidas y ha generado una catástrofe humanitaria en la región. Una vez más, la hostilidad entre árabes e israelíes se ha materializado a través de un conflicto polimórfico que ha derramado su virulencia y su ferocidad sobre el tiempo y el espacio de la post-Guerra Fría (1).
En líneas generales, es posible afirmar que este enfrentamiento presenta cinco caracteres específicos: 1) Es sumamente complejo, pues no obedece a una causa única; por el contrario, se yuxtaponen en él, cuestiones políticas, religiosas, culturales y socio-económicas. 2) Posee una profunda raíz histórica. 3) Está protagonizado por actores sumamente heterogéneos: Estados nacionales, pueblos, comunidades religiosas, terceras potencias y grupos político-militares no gubernamentales. 4) No responde al modelo convencional, ya que la categoría de sus combatientes es totalmente distinta: de un lado un Estado-Nación (Israel) y del otro, una organización guerrillera (Hezbollah). Por otra parte, involucra especialmente a la población civil, la cual ha quedado atrapada entre dos fuegos, transformándose en un virtual objetivo militar. 5) Por último, es asimétrico, debido a la notable desproporción en la capacidad de fuego de sus contendientes.
Ahora bien, aunque en principio estos elementos puedan ser útiles para categorizarlo, no resultan suficientes para nuestros propósitos, pues el objetivo central de este artículo es explicar el problema de una manera más integral. Para lograrlo es necesario superar la descripción coyuntural y profundizar el análisis a partir de otras claves de interpretación. Desde nuestra perspectiva, la clave más adecuada es la histórica.
La guerra desatada no es más que otro de los episodios de una cruel y larguísima contienda que tiene como protagonistas fundamentales al Estado de Israel y a los Estados y poblaciones árabes y musulmanas del Cercano Oriente. La situación actual (desencadenada por la muerte de ocho soldados israelíes y el secuestro de otros dos, a manos de Hezbollah, y seguida por una operación militar masiva del Estado de Israel contra el Líbano) forma parte de un prolongado proceso cuyos orígenes pueden remontarse al Mundo Antiguo o, cuanto menos, a la primera posguerra, cuando se desintegró el Imperio Otomano, y se implementaron en esta zona, los modelos de control europeo (2). Sin embargo, para la mayoría de los especialistas, el punto de inflexión de este conflicto debe situarse en 1948, cuando se creó el Estado de Israel; un hecho que potenció, de manera superlativa, la hostilidad que ya venía produciéndose entre ambos pueblos.
El Estado de Israel se fundó a partir de la firme voluntad de un grupo de líderes que vivían en Palestina y que -al finalizar la Segunda Guerra Mundial- exigieron a Gran Bretaña (que desde 1919 gobernaba la región a través de la fórmula del Mandato) el cumplimiento de su promesa de crear el Hogar Nacional Judío. Esta demanda resultaba muy problemática para los ingleses debido a que en esas tierras habitaba también -desde hacía siglos- una importante población árabe-musulmana que rechazaba categóricamente la creación de un Estado judío. De hecho, la convivencia entre ambas comunidades era sumamente conflictiva, lo cual condujo a Londres a tratar de dilatar la decisión. Esto provocó la reacción de un sector judío radicalizado, el cual decidió emplear la fuerza para presionar a las autoridades.
Así, dos organizaciones clandestinas armadas -creadas por los colonos judíos hacia 1930- implementaron la estrategia terrorista contra diversos objetivos ingleses (3). En 1946, la tremenda explosión en el Hotel Rey David de Jerusalén, puso de manifiesto que -a esa altura de los acontecimientos- ya se había desencadenado una auténtica guerra entre el yisub y las autoridades inglesas; una guerra que aceleró el debilitamiento del poderío británico (4). En 1947 -y condicionada por la complejidad de la situación- las Naciones Unidas ofrecieron un plan de partición territorial para crear dos Estados: uno palestino y otro judío.
Sin embargo, el proyecto fue rechazado por los árabes. Poco después -y debido a que la violencia terrorista no cesaba- Londres informó a la ONU su decisión de abandonar el Mandato. Meses más tarde -el 14 de mayo de 1948- Ben Gurión declaraba la creación del nuevo Estado, cuyas fronteras se ajustaron a la propuesta formulada por la ONU.
Horas después, las fuerzas de cinco países árabes -Líbano, Siria, Irak, Jordania y Egipto- cruzaron las fronteras e invadieron Israel (5). Se iniciaba así la guerra de Palestina; un conflicto al que los judíos llamaron Guerra de la Independencia y durante el cual, Ben Gurió creó -sobre la base de Haganá- el ejército, la armada y la fuerza aérea. Estas Fuerzas de Defensa de Israel -como lo denominó el presidente- se desarrollaron rápidamente y, con el apoyo de otros Estados, fortalecieron sistemáticamente sus capacidades técnicas, logísticas y operativas (6).
En las décadas siguientes se sucedieron tres guerras más: la de Suez (1956), la de los Seis Días (1967) y la guerra de Yom Kippur (1973). En todas estas contiendas, diversas coaliciones de Estados árabes y musulmanes se enfrentaron -sin éxito- con los israelíes.
Cada una de ellas produjo importantes consecuencias y secuelas verdaderamente graves.Entre las más relevantes pueden mencionarse tres: el acrecentamiento del odio entre ambas comunidades; la incorporación de aliados externos a cada una de las partes y la gestación del problema de la comunidad palestina, la cual se transformó -de hecho- en una población refugiada dentro de Israel. Efectivamente, los palestinos (que vivían en condiciones lamentables) no reconocían a este Estado y su única aspiración consistía en fundar el propio.
A estos efectos se creó, en 1964, la Organización Para La Liberación de Palestina; un organismo que -algunos años más tarde- recurrió, a su vez, a la estrategia terrorista para tratar de alcanzar sus objetivos. Desde 1969 (cuando secuestraron un avión de El-Al), distintos grupos palestinos radicalizados iniciaron durísimas campañas contra los judíos; dentro y fuera de su Estado, dentro y fuera de la región. Su líder, Yasser Arafat, condujo los destinos del movimiento hasta su muerte, el año pasado.
En 1975, la guerra civil del Líbano complicó aún más la situación. Esta contienda destruyó y debilitó al país, dejándolo sin ejército y sin fuerza política hasta nuestros días. En su desarrollo, se enfrentaron diversas facciones internas y su envergadura se potenció a raíz de los intereses y las rivalidades de los contendientes: los refugiados palestinos se aliaron con los musulmanes libaneses y en 1976, Siria decidió intervenir, enviando tropas al conflicto. En 1982 -y debido al desencadenamiento de una serie de atentados de la OLP en Israel- Tel Aviv invadió y atacó el territorio libanés. En una semana su ejército llegó a Beirut y mantuvo la ocupación hasta 1985 (7). Justamente en esa época, se crearon las guerrillas de Hezbollah -el brazo armado del Partido de Dios-, cuyo objetivo fundamental fue expulsar a las tropas israelíes de su territorio. Estas guerrillas fueron apoyadas, especialmente, por Irán.
En 1979, los acuerdos de Camp David procuraron implementar un programa de paz. No obstante, sus logros fueron parciales: Israel abandonó el Sinaí y la ONU reconoció a la OLP como el representante legítimo del pueblo palestino. En 1987, la primera Intifada reavivó el conflicto interno en Israel. En el 91, se firmaron los acuerdos de Madrid; entre 1993 y 1995, los de Oslo I y Oslo II; sin embargo, el objetivo de implantar una paz duradera nunca pudo concretarse. En 2000, los israelíes abandonaron el Líbano; no obstante, la segunda Intifada trastornó -una vez más- la convivencia interna. En los últimos años, la inestabilidad, la desconfianza y el rencor han caracterizado las relaciones entre árabes y judíos: dos comunidades que pertenecen al mismo tronco étnico -el semita-, pero que, sin embargo, se han sumergido en un abismo inescrutable.
Para finalizar, parece importante destacar tres cuestiones: a) Gran parte de este complejo proceso se dio durante la Guerra Fría; una etapa en la que la bipolaridad incrementó las tensiones y complicó la solución de los problemas regionales. Sin embargo, en esta post-Guerra Fría, la situación no parece haber cambiado. b) Es indispensable considerar el papel que desempeñaron terceras potencias en el conflicto. Concretamente, la sólida alianza entre Estados Unidos e Israel marcó una profunda diferencia de capacidad entre los contendientes regionales e incrementó la animadversión de los musulmanes contra la gran potencia. Por su parte, el apoyo clandestino de Siria y de Irán a las milicias de Hezbollah comprometió severamente la posición del Líbano y potenció el fanatismo del radicalismo islámico. c) Finalmente, este conflicto también ha desnudado algunas de las contradicciones que palpitan en este recién iniciado siglo XXI. ¿Por qué no pudo establecerse un alto al fuego a poco de iniciarse la guerra? ¿Cuáles son las verdaderas capacidades de la ONU para cumplir con el mandato de su carta? ¿Existe en el mundo un genuino interés por solucionar este conflicto? ¿Qué hacen los EE.UU. y la Unión Europea -profundamente comprometidos con los valores humanitarios- para resguardar los derechos humanos de los miles de hombres, mujeres y niños que están padeciendo esta tragedia?Hasta ahora, los contendientes han recurrido, sistemáticamente, al uso de la espada. Sin embargo, no han logrado cortar el nudo.
Probablemente haya llegado el tiempo de buscar otro camino; un camino más sabio, más noble y más efectivo.
Quizás la "Conquista de Oriente" a la que alude la leyenda, radique hoy en que árabes e israelíes logren deshacer su nudo gordiano: logren conquistar la paz. (c) LA GACETA.

NOTAS:
1) El concepto polimórfico es usado por el autor para graficar la heterogeneidad de los componentes de un conflicto y la variedad de formas a través de las cuales puede manifestarse. Guitton, Jean. El pensamiento y la guerra. Instituto de Publicaciones Navales. Buenos Aires, 1972.
2) En el siglo I de la era cristiana, el pueblo judío fue duramente reprimido por los romanos. Esto motivó la diáspora que lo dispersó por el mundo entero.
3) Los grupos más importantes fueron el Irgún (creado en 1936 según el modelo del IRA) y el grupo de Stern. El Irgún adoptó el nombre de Organización Militar Nacional, y uno de sus líderes, M. Begin publicó la esencia de su doctrina en la obra The Revolt. Cf. Wilkinson, Paul. Terrorismo político Felkmar, Madrid, 1976. P. 105.
4) Se entiende por Yisub al pueblo judío-israelí, configurado ya como una identidad colectiva nacional, la cual se aglutinó en torno de una serie de objetivos políticos y estratégicos.
5) Dayan, Moshe. Story of my life. Da Capo Press, New York, 1992 Pp. 87.
6) Haganá fue una fuerza armada, integrada por colonos voluntarios que -hacia 1920- se autoadjudicó la protección de la población y de la tierra ocupada. En la actualidad, las tropas israelíes constituyen uno de los poderes militares más importantes del mundo.
7) Israel mantuvo la ocupación de la denominada franja de seguridad hasta el año 2000. Las tropas sirias tuvieron presencia en el Líbano hasta el año pasado.

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