03 Septiembre 2006 Seguir en 

Nadie duda de que en las últimas décadas el mundo ingresó en una fase de permanentes cambios que se suceden en breves períodos, a diferencia de los más distanciados que caracterizaron la historia hasta bien entrado el siglo XIX. Pero los cambios, en sí mismos, dicen mucho y poco al mismo tiempo, así como las categorías empleadas para designarlos tampoco facilitan su comprensión: globalización, mundialización, etcétera. No basta con recurrir a un nombre para estas transformaciones, más bien se trata de diseñar un mapa que pueda servir de guía en el nuevo mundo. Quizás por eso uno de los desafíos del presente sea intentar explicar lo que está sucediendo, pero sin dejar de expresar claramente el lugar desde el cual se lo hace. A su vez, los lectores deben tener la precaución de no dejarse sorprender por observaciones entusiastas que, en muchos casos, provienen de analistas y teóricos pertenecientes a entornos muy diferentes del nuestro.
El caso de Thomas Friedman es bastante claro. Desde 1981 es columnista del The New York Times; gracias a este diario viajó por todo el mundo, y además por sus trabajos obtuvo en tres ocasiones el premio Pulitzer, entre otros galardones. Se consagró como uno de los periodistas más reconocidos e influyentes de Estados Unidos, es decir, de la mayor potencia económica, política y militar en la actualidad. Con estos datos, que dibujan claramente su posición, es posible avanzar sobre su tesis principal. El autor considera que a lo largo de la historia hubo tres grandes eras de globalización. En la primera, que abarcó desde 1492 hasta 1800, y que define como Globalización 1.0, el principal agente de la transformación era la fuerza de un país y cuánta podía desplegar creativamente. En la segunda era, la Globalización 2.0, que se prolongó desde 1800 hasta 2000, el principal agente fue la empresa multinacional.
Mientras que en la Globalización 3.0, que comenzó hacia 2000, la principal fuerza dinámica sería el poder de los individuos para "colaborar y competir a escala global". El analista sostiene que se está encogiendo la talla del mundo de pequeña a diminuta y se aplana el terreno de juego. Estas dos características, facilitadas en gran medida por la conectividad e Internet, permitirían que los trabajos y los negocios estén cada vez más deslocalizados y posibilitarían que individuos de todos los rincones del planeta participen en la gestación y desarrollo de emprendimientos económicos y, por lo tanto, así se conviertan en actores de transformaciones políticas, sociales y culturales.
No obstante, Friedman se da el lujo de no hacer foco correctamente en los países del tercer mundo, ya que sólo unos pocos de estos pueden incorporarse y vivir de igual manera el proceso de globalización. Mientras que algunos, como la India y China, han podido subirse a la economía globalizada que proponen los países centrales, otros sólo pueden padecer u observar cómo esa riqueza se muestra o se dilapida. Esto sucede, con frecuencia, sin que los ciudadanos de esos países marginados sepan que el costo es la indigencia y la lucha por la supervivencia que deben soportar día a día junto a millones de otros seres humanos de la misma geografía o de una más distante. (c) LA GACETA.
El caso de Thomas Friedman es bastante claro. Desde 1981 es columnista del The New York Times; gracias a este diario viajó por todo el mundo, y además por sus trabajos obtuvo en tres ocasiones el premio Pulitzer, entre otros galardones. Se consagró como uno de los periodistas más reconocidos e influyentes de Estados Unidos, es decir, de la mayor potencia económica, política y militar en la actualidad. Con estos datos, que dibujan claramente su posición, es posible avanzar sobre su tesis principal. El autor considera que a lo largo de la historia hubo tres grandes eras de globalización. En la primera, que abarcó desde 1492 hasta 1800, y que define como Globalización 1.0, el principal agente de la transformación era la fuerza de un país y cuánta podía desplegar creativamente. En la segunda era, la Globalización 2.0, que se prolongó desde 1800 hasta 2000, el principal agente fue la empresa multinacional.
Mientras que en la Globalización 3.0, que comenzó hacia 2000, la principal fuerza dinámica sería el poder de los individuos para "colaborar y competir a escala global". El analista sostiene que se está encogiendo la talla del mundo de pequeña a diminuta y se aplana el terreno de juego. Estas dos características, facilitadas en gran medida por la conectividad e Internet, permitirían que los trabajos y los negocios estén cada vez más deslocalizados y posibilitarían que individuos de todos los rincones del planeta participen en la gestación y desarrollo de emprendimientos económicos y, por lo tanto, así se conviertan en actores de transformaciones políticas, sociales y culturales.
No obstante, Friedman se da el lujo de no hacer foco correctamente en los países del tercer mundo, ya que sólo unos pocos de estos pueden incorporarse y vivir de igual manera el proceso de globalización. Mientras que algunos, como la India y China, han podido subirse a la economía globalizada que proponen los países centrales, otros sólo pueden padecer u observar cómo esa riqueza se muestra o se dilapida. Esto sucede, con frecuencia, sin que los ciudadanos de esos países marginados sepan que el costo es la indigencia y la lucha por la supervivencia que deben soportar día a día junto a millones de otros seres humanos de la misma geografía o de una más distante. (c) LA GACETA.







