03 Septiembre 2006 Seguir en 

La escritora argentina Tununa Mercado considera que el acto de la escritura es un hábito solitario y erótico, "erótico fundamentalmente porque su consumación, siempre diferida, anticipa sin embargo sus señales y las graba en la superficie pulida provocando sucesivos, pequeños goces. Esa textura, ilusión del texto, aparente triunfo del amor, tendría que ser de mujer" (La letra de lo mínimo). Para ella la escritura es artesanía, supone "juegos y trabajos de manos".
El libro Canon de alcoba fue publicado por primera vez en 1988. Es un texto extraño y difícil de encasillar, a medio camino entre la narrativa, la lírica y, a veces, el ensayo. La palabra "canon" proviene del ámbito de la música y la religión. Su grandilocuencia contrasta con la intimidad del término alcoba.
El libro está organizado en capítulos que, casi como estampas, proponen un viaje por distintas formas de la sexualidad. Los nombres nos remiten a su condición límite: "Espejismos", "Sueños", "Eros", "Amor Udrí". En "Realidades", irrumpe la historia argentina reciente y sus cuatro relatos están marcados por la experiencia dolorosa del destierro y la muerte. En "Punto final" nos encontramos con una poética.
Es innegable que el relato más logrado es el primero, "Antieros". Conmociona al lector empleando la experiencia nimia y cotidiana a la que trata con lirismo. Los rituales domésticos marcados por la serie de verbos acaban por transformarse en un viaje de la imaginación en medio del voile de las ventanas, de los vapores de las ollas, de las fragancias de los dormitorios emerge la propia piel: "Dejar que los fuegos ardan, que las marmitas borboteen sus aguas y sus jugos y que la campana del tuérdano absorba como un torbellino los vahos. Apagar y, en el silencio, percibir con absoluta nitidez el ruido de la transformación de la materia. Rememorar que, adentro, todo está listo, que no hay nada que censurar. Poner, no obstante, el pestillo de seguridad en la puerta; quitarse lisa y llanamente la blusa y, después, la falda".
La monotonía que rige el mundo hogareño registrada desde una enunciación neutra estalla al transformarse en goce. La mirada se desliza de los cuartos y del baño a la cocina y al sillón hasta llegar al propio cuerpo.
Señala Margo Glantz: "el erotismo es un cuerpo que se escamotea a la materialidad aunque parta de ella, o mejor, es un cuerpo que se recrea o un cuerpo sobre el que se construye la poesía". En el libro de Tununa Mercado el cuerpo que emerge es continuidad y disrupción con el espacio. Tránsito de puro utensilio a instrumento de satisfacción. Canon de alcoba sigue siendo, sin lugar a dudas, un libro inquietante. (c) LA GACETA
El libro Canon de alcoba fue publicado por primera vez en 1988. Es un texto extraño y difícil de encasillar, a medio camino entre la narrativa, la lírica y, a veces, el ensayo. La palabra "canon" proviene del ámbito de la música y la religión. Su grandilocuencia contrasta con la intimidad del término alcoba.
El libro está organizado en capítulos que, casi como estampas, proponen un viaje por distintas formas de la sexualidad. Los nombres nos remiten a su condición límite: "Espejismos", "Sueños", "Eros", "Amor Udrí". En "Realidades", irrumpe la historia argentina reciente y sus cuatro relatos están marcados por la experiencia dolorosa del destierro y la muerte. En "Punto final" nos encontramos con una poética.
Es innegable que el relato más logrado es el primero, "Antieros". Conmociona al lector empleando la experiencia nimia y cotidiana a la que trata con lirismo. Los rituales domésticos marcados por la serie de verbos acaban por transformarse en un viaje de la imaginación en medio del voile de las ventanas, de los vapores de las ollas, de las fragancias de los dormitorios emerge la propia piel: "Dejar que los fuegos ardan, que las marmitas borboteen sus aguas y sus jugos y que la campana del tuérdano absorba como un torbellino los vahos. Apagar y, en el silencio, percibir con absoluta nitidez el ruido de la transformación de la materia. Rememorar que, adentro, todo está listo, que no hay nada que censurar. Poner, no obstante, el pestillo de seguridad en la puerta; quitarse lisa y llanamente la blusa y, después, la falda".
La monotonía que rige el mundo hogareño registrada desde una enunciación neutra estalla al transformarse en goce. La mirada se desliza de los cuartos y del baño a la cocina y al sillón hasta llegar al propio cuerpo.
Señala Margo Glantz: "el erotismo es un cuerpo que se escamotea a la materialidad aunque parta de ella, o mejor, es un cuerpo que se recrea o un cuerpo sobre el que se construye la poesía". En el libro de Tununa Mercado el cuerpo que emerge es continuidad y disrupción con el espacio. Tránsito de puro utensilio a instrumento de satisfacción. Canon de alcoba sigue siendo, sin lugar a dudas, un libro inquietante. (c) LA GACETA







