El continente Borges en una biografía completa

Por Rodolfo Modern. Vaccaro entrega un libro ejemplar en su tipo, que será motivo, seguramente, de afirmaciones y refutaciones sobre algunos detalles.

03 Septiembre 2006
Alejandro Vaccaro no es un escritor profesional. Esa es una razón, quizás, por la que ha dado en el clavo para componer esta voluminosa biografía del objeto de sus desvelos y emoción llamado Jorge Luis Borges, al que ha dedicado anteriormente otros libros. El abordaje a ese vasto continente, complejo y profundo que es el autor del "Aleph", ha sido realizado con probidad intelectual, afán de llenar lagunas, dibujar el (o los) sentido de su trayectoria y, lo que no deja también de agradecerse, con la amenidad que puebla sus 780 páginas, divididas en las tres partes que lo constituyen.
Así arranca debidamente desde sus orígenes y de lo que se conoce de sus antepasados militares, para arraigar primeramente en Ginebra, donde realiza casi todo el ciclo de sus estudios secundarios y que nunca olvidará del todo, como lo prueba su correspondencia con algunos de sus camaradas de entonces. Este descendiente de portugueses, españoles e ingleses (una buena mezcla, al parecer), tras ser deslumbrado por el ultraísmo que conoce tempranamente en España, como por el expresionismo, regresa a Buenos Aires y se convierte, por gravitación de su inteligencia excepcional en muchos aspectos, en animador de los movimientos de renovación que cree necesario efectuar. De este modo colabora con poemas en publicaciones de diverso tipo, de muchas de las cuales es fundador, como sabemos. Se asemeja al intelectual puro, al que acompañan una erudición y una memoria prodigiosas, y, tras el sarampión yrigoyenista, irá cambiando de rumbo y experiencia. Tomando el ejercicio de la literatura como eje esencial de su actividad, el hecho no le impide la consagración a la familia, que incluye a la hermana Norah, y a sus numerosos amigos, con los que recorre de sur a norte, de este a oeste, su amada ciudad, depositaria de sus fervores poéticos iniciales. Un accidente lo convierte en narrador, pero tampoco deja de cultivar el ensayo, generalmente teñido de un afán polémico, franco y abierto, en ocasiones, y provisto siempre como la mayoría de sus cuentos, de un toque de ironía, que es una de sus marcas de fábrica constantes. Los temas abordados son numerosos, desde los filosóficos y teológicos hasta los referentes al tiempo. Pero ahora Borges es un maestro de la prosa, que renueva y precisa de un modo asombroso. Sin dejar la poesía, que seguirá cultivando hasta el final de sus días, a partir de 1940 se suceden los libros que contienen sus relatos maravillosos y únicos en la historia de la literatura occidental. De los que "Pierre Menard, autor del Quijote" es uno de los tantos ejemplos. Aunque la actividad que despliega es prodigiosa, y de la que sus colaboraciones dan testimonio, sufre, como cualquier humano, de mal de amores que, por diversas causas, no se concretan. Y cuando se casa, bien tarde, el matrimonio será de breve duración. Tras la Revolución Libertadora, que lo nombra director de la Biblioteca Nacional, va perdiendo la vista, y comienza a dar conferencias a través de todo el país. El prestigio se ha consolidado y se convierte en el escritor más considerado de la Argentina. Hasta que trasciende a Europa, los Estados Unidos y Japón. En la última y fecunda etapa de su existencia lo abrumarán los viajes, premios y distinciones de todo tipo.
Pronto a morir, elige Ginebra como último destino sin creer demasiado en la inmortalidad del alma. Tal el muy sumario recorrido por esta biografía, con juicios inscriptos breves y afinados, por lo común, ejemplar en su tipo, y motivo, seguramente, de afirmaciones y refutaciones en algunos detalles. Vaccaro ha cumplido, y los lectores adictos estarán complacidos con esta semblanza de su autor favorito. Aunque en el caso de Borges, la última palabra nunca podrá ser dicha. (c) LA GACETA

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