27 Agosto 2006 Seguir en 

Aunque en su prólogo el autor nos anticipa con humildad que "en su libro no hay nada nuevo", su lectura contradice tal aseveración. La obra, que se aproxima sustancialmente a un ensayo sobre el tema, aporta interesantes datos -amargamente ciertos algunos, conocidos pero olvidados otros- que conducen a la revalorización de la misión de las universidades como fuentes del conocimiento. Conformada en dos partes, en la primera, "Sociedad posmoderna" -basada en estadísticas, gráficos e informaciones de acreditadas fuentes-, efectúa una evaluación y un resumen de la preocupante actualidad de la sociedad posmoderna. En la segunda parte, "La Universidad", luego de una reseña de la historia de las universidades en el mundo, en Latinoamérica y, en particular, en Argentina, analiza la supervivencia de dicha institución en una sociedad utilitaria. Así, debido a la sobrevaluación de la tecnociencia, se ha minimizado el saber teórico, y en particular la filosofía. El hambre de conocimientos, la sed de saber por saber, goce dialéctico que hizo grandes y universales a los griegos, ha sido reemplazada en gran parte por "el saber práctico" de un apresurado utilitarismo.
El mundo globalizado del posmodernismo evolucionó en progresión casi geométrica. Introdujo descubrimientos importantes y sustanciales, pero que nos apabullan, porque no nos dan casi tiempo de asimilarlos, por la "obsolescencia veloz del saber y de los instrumentos" (pág. 28). Junto a las ventajas del confort logradas, señala el autor "Dos efectos indeseables" (pág. 27) que se acentuaron como consecuencia de: 1) el aumento de la desigualdad económica entre las grandes corporaciones y el resto de la sociedad; 2) el desarrollo del relativismo moral y la ética, que tenderían a justificarlo todo en pos del utilitarismo. ¿Hacia dónde vamos? ¿Adónde nos conducirá finalmente este modelo?
La Universidad y los problemas modernos (pág. 110) es aun más crítica en la visión de Castiglione: para comprender la función que la universidad debe cumplir en nuestro tiempo es necesario esbozar las características sociales de la época. Un mundo complejo, en donde nada es seguro. Pero si todo cambiase creeríamos finalmente que nada es ya estable o valedero (pág. 110). Parecería que Heráclito ("no podemos bañarnos dos veces en el mismo río") le hubiese ganado la partida a Parménides. Afortunadamente, después de un pormenorizado análisis -en el que no están ausentes la falta de presupuesto y de becas, ni el sobredimensionamiento, etcétera- el autor propone soluciones (pág. 128 a 136) aplicables internamente a los educandos y a la universidad toda (pág. 162) y una acertada conclusión final, en la que asoma la profunda solvencia docente y erudita que caracteriza al autor.
Las fuentes bibliográficas de la obra son confiables y variadas: diarios "La Nación" y "Clarín"; Jesús Burillo, Hervé Carrier, Juan Luis Cebrian, O. Derisi, Casares y otros; Daniel Dessein, Aldo Ferrer, Anthony Giddens, Eduardo Martínez Márquez, Josef Piepper y D. Plihon, entre otros. En suma, luego de un vuelo al pasado, el libro muestra una visión crítica y preocupante, pero real, de la sociedad actual y de su interrelación con la realidad universitaria, con posibles soluciones como luz esperanzada para construir una universidad mejor. (c) LA GACETA
El mundo globalizado del posmodernismo evolucionó en progresión casi geométrica. Introdujo descubrimientos importantes y sustanciales, pero que nos apabullan, porque no nos dan casi tiempo de asimilarlos, por la "obsolescencia veloz del saber y de los instrumentos" (pág. 28). Junto a las ventajas del confort logradas, señala el autor "Dos efectos indeseables" (pág. 27) que se acentuaron como consecuencia de: 1) el aumento de la desigualdad económica entre las grandes corporaciones y el resto de la sociedad; 2) el desarrollo del relativismo moral y la ética, que tenderían a justificarlo todo en pos del utilitarismo. ¿Hacia dónde vamos? ¿Adónde nos conducirá finalmente este modelo?
La Universidad y los problemas modernos (pág. 110) es aun más crítica en la visión de Castiglione: para comprender la función que la universidad debe cumplir en nuestro tiempo es necesario esbozar las características sociales de la época. Un mundo complejo, en donde nada es seguro. Pero si todo cambiase creeríamos finalmente que nada es ya estable o valedero (pág. 110). Parecería que Heráclito ("no podemos bañarnos dos veces en el mismo río") le hubiese ganado la partida a Parménides. Afortunadamente, después de un pormenorizado análisis -en el que no están ausentes la falta de presupuesto y de becas, ni el sobredimensionamiento, etcétera- el autor propone soluciones (pág. 128 a 136) aplicables internamente a los educandos y a la universidad toda (pág. 162) y una acertada conclusión final, en la que asoma la profunda solvencia docente y erudita que caracteriza al autor.
Las fuentes bibliográficas de la obra son confiables y variadas: diarios "La Nación" y "Clarín"; Jesús Burillo, Hervé Carrier, Juan Luis Cebrian, O. Derisi, Casares y otros; Daniel Dessein, Aldo Ferrer, Anthony Giddens, Eduardo Martínez Márquez, Josef Piepper y D. Plihon, entre otros. En suma, luego de un vuelo al pasado, el libro muestra una visión crítica y preocupante, pero real, de la sociedad actual y de su interrelación con la realidad universitaria, con posibles soluciones como luz esperanzada para construir una universidad mejor. (c) LA GACETA







