27 Agosto 2006 Seguir en 

La anatomía del sistema económico global es realizada por la economía moderna de mercado, donde las transacciones económicas permanecen interconectadas a través de una red oculta de relaciones causales. Relaciones comerciales practicadas (libre y voluntariamente) entre todos los individuos y todos los pueblos como forma de ganar prosperidad, en un marco de paz y orden garantizado por las instituciones jurídicas y políticas.
El libro de Ferullo analiza críticamente todos los esfuerzos realizados por asignarle carácter de ciencia a la economía; todas las abstracciones en términos de modelo que de manera sistemática han reducido a unas pocas simplificaciones la compleja realidad, formulando conclusiones ciertas de validez general en el sentido de "tendencias", "regularidades", "leyes" o "principios", muchas veces "flagrantemente inexactos". Para analizar la conducta humana cuando satisface sus necesidades disponiendo de medios escasos, se utiliza un marco normativo edificado sobre el individualismo metodológico, la racionalidad instrumental y el interés individual: supuestos ontológicos, epistemológicos y éticos que la concepción neoliberal de la economía asume sin considerarlos susceptibles de ser abandonados.
"Para defender la conveniencia del presupuesto del interés individual, la economía no necesita llegar al extremo de encerrarse en un saber científico aislado y separado, ni ubicarse en el extremo opuesto, donde se asume que el interés individual es una condición necesaria para que la conducta pueda considerarse racional, descartando cualquier otra motivación ligada al honor, al compromiso, a la prudencia o a cualquier otra forma emparentada con el altruismo". En consecuencia, "la verdadera ciencia de la economía, sin abandonar el móvil del interés individual como una de las guías del comportamiento del sujeto económico, tiene que ubicarse en algún lugar intermedio, situado entre el aislamiento de un saber completamente separado de toda cuestión ajena a la búsqueda interesada de riqueza material, por un lado, y, por el otro, la negación de toda relevancia a cualquier motivo o valor diferente del interés individual".
Siendo un economista que no reniega de su saber, trata denodadamente de luchar contra el simplismo de los modelos econométricos que se limitan a incorporar variables identificables, mensurables y capaces de mostrar una estructura de relaciones temporalmente estable. Todo lo que resulta difícil de representar en forma probabilística y de medirse apropiadamente queda excluido del análisis empírico. (Actitud que Sorokin definió como "cuantofrenia").
Al abandonar las preocupaciones "sociales", el pensamiento económico moderno se alejó de su objetivo central, cual es facilitar el desarrollo pleno de la humanidad, garantizando el respeto pleno por la dignidad de la persona. En definitiva, es la vida plena del hombre en sociedad la que constituye la unidad de análisis y la finalidad de la economía.
Siguiendo a autores como Krugman o Stiglitz, propicia dirigir la mirada hacia las necesidades y los fines, ejercicio de deliberación que no tiene por qué estarle vedado al economista. Sin perjuicio de defender la enorme valía de los múltiples beneficios que el mecanismo de mercado posibilitó a la sociedad moderna por la eficiente asignación de recursos, el autor advierte que la finalidad de la economía no es meramente la eficiencia con que se asignan los recursos escasos, sino encontrar los fundamentos que permitan asegurarnos que estos recursos son utilizados para satisfacer las necesidades de la gente. Con ello, el saber económico se amplía y reinstala en su lugar central a todo el hombre y a todos los hombres.
Esta obra se inscribe en el moderno enfoque de economistas como Alberto Alesina y William Nordhaus, quienes, al incorporar formalmente variables políticas en modelos económicos, configuran un gran paso adelante hacia fructíferos enfoques interdisciplinarios eliminando "compartimientos estancos" en las Ciencias Sociales. Al igual que los estudios de Barry Bluestone y Bennett Harrison, quienes enfatizan el concepto de "Crecimiento con Equidad", demostrando en forma clara, rigurosa y convincente que -contrariamente a lo sugerido por ciertos modelos económicos "ortodoxos"- ambos objetivos son ya no sólo deseables sino mutuamente compatibles".
En síntesis: una obra que ayudará al lector preocupado por la inexplicable realidad del mundo moderno, donde, a pesar de los desarrollos meteóricos en diversas disciplinas, las desigualdades socioeconómicas no paran de crecer. (c) LA GACETA
El libro de Ferullo analiza críticamente todos los esfuerzos realizados por asignarle carácter de ciencia a la economía; todas las abstracciones en términos de modelo que de manera sistemática han reducido a unas pocas simplificaciones la compleja realidad, formulando conclusiones ciertas de validez general en el sentido de "tendencias", "regularidades", "leyes" o "principios", muchas veces "flagrantemente inexactos". Para analizar la conducta humana cuando satisface sus necesidades disponiendo de medios escasos, se utiliza un marco normativo edificado sobre el individualismo metodológico, la racionalidad instrumental y el interés individual: supuestos ontológicos, epistemológicos y éticos que la concepción neoliberal de la economía asume sin considerarlos susceptibles de ser abandonados.
"Para defender la conveniencia del presupuesto del interés individual, la economía no necesita llegar al extremo de encerrarse en un saber científico aislado y separado, ni ubicarse en el extremo opuesto, donde se asume que el interés individual es una condición necesaria para que la conducta pueda considerarse racional, descartando cualquier otra motivación ligada al honor, al compromiso, a la prudencia o a cualquier otra forma emparentada con el altruismo". En consecuencia, "la verdadera ciencia de la economía, sin abandonar el móvil del interés individual como una de las guías del comportamiento del sujeto económico, tiene que ubicarse en algún lugar intermedio, situado entre el aislamiento de un saber completamente separado de toda cuestión ajena a la búsqueda interesada de riqueza material, por un lado, y, por el otro, la negación de toda relevancia a cualquier motivo o valor diferente del interés individual".
Siendo un economista que no reniega de su saber, trata denodadamente de luchar contra el simplismo de los modelos econométricos que se limitan a incorporar variables identificables, mensurables y capaces de mostrar una estructura de relaciones temporalmente estable. Todo lo que resulta difícil de representar en forma probabilística y de medirse apropiadamente queda excluido del análisis empírico. (Actitud que Sorokin definió como "cuantofrenia").
Al abandonar las preocupaciones "sociales", el pensamiento económico moderno se alejó de su objetivo central, cual es facilitar el desarrollo pleno de la humanidad, garantizando el respeto pleno por la dignidad de la persona. En definitiva, es la vida plena del hombre en sociedad la que constituye la unidad de análisis y la finalidad de la economía.
Siguiendo a autores como Krugman o Stiglitz, propicia dirigir la mirada hacia las necesidades y los fines, ejercicio de deliberación que no tiene por qué estarle vedado al economista. Sin perjuicio de defender la enorme valía de los múltiples beneficios que el mecanismo de mercado posibilitó a la sociedad moderna por la eficiente asignación de recursos, el autor advierte que la finalidad de la economía no es meramente la eficiencia con que se asignan los recursos escasos, sino encontrar los fundamentos que permitan asegurarnos que estos recursos son utilizados para satisfacer las necesidades de la gente. Con ello, el saber económico se amplía y reinstala en su lugar central a todo el hombre y a todos los hombres.
Esta obra se inscribe en el moderno enfoque de economistas como Alberto Alesina y William Nordhaus, quienes, al incorporar formalmente variables políticas en modelos económicos, configuran un gran paso adelante hacia fructíferos enfoques interdisciplinarios eliminando "compartimientos estancos" en las Ciencias Sociales. Al igual que los estudios de Barry Bluestone y Bennett Harrison, quienes enfatizan el concepto de "Crecimiento con Equidad", demostrando en forma clara, rigurosa y convincente que -contrariamente a lo sugerido por ciertos modelos económicos "ortodoxos"- ambos objetivos son ya no sólo deseables sino mutuamente compatibles".
En síntesis: una obra que ayudará al lector preocupado por la inexplicable realidad del mundo moderno, donde, a pesar de los desarrollos meteóricos en diversas disciplinas, las desigualdades socioeconómicas no paran de crecer. (c) LA GACETA







