Mundo de los católicos argentinos de 1955 a 1966

Por Jorge Emilio Gallardo. Honesta aproximación historiográfica, con una indagación esclarecedora sobre el clima que reinaba durante y después del Concilio.

20 Agosto 2006
A partir de los años 80, la investigación del catolicismo argentino como fenómeno institucional ensanchó la comprensión de la década precedente y subrayó la excepcional gravitación que durante gran parte del siglo había ejercido el movimiento nacionalista en nuestro país en tanto que brazo político de la Iglesia.
Ajeno a aquella confesión, según lo declara en el prólogo, el doctor José A. Zanca descubrió su interés como objeto de estudio en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y hacia fines de los 90 emprendió su investigación desde una perspectiva fenomenológica. Contó para ello con la orientación de conocidos especialistas de aquella casa de estudios y, en una segunda etapa, de la Universidad de San Andrés. Las entrevistas con esos y otros calificados estudiosos, sumadas a los aportes críticos de sociólogos y compañeros de talleres de investigación, complementaron la orientación proporcionada por sus directores de tesis.
El examen de numerosas publicaciones -algunas de ellas emblemáticas, como Criterio y Estudios- reformó la comprensión de algunas discrepancias características de aquellos decenios en el interior de la comunidad católica local, y en particular fueron analizadas las tomas de posición de monseñor Gustavo Franceschi hasta 1957 y las crónicas de monseñor Jorge Mejía sobre las jornadas del Segundo Concilio Vaticano, que sesionó de 1962 a 1965. Por otra parte, las oscilantes relaciones de la Iglesia con el peronismo y la irrupción en los años 50 del humanismo en el panorama universitario fueron objeto de una valoración ampliada a la polémica entre enseñanza laica o libre y la significativa beligerancia entre el presidente de la República, Arturo Frondizi, y su hermano Risieri, rector de la Universidad de Buenos Aires. El factor nacionalista, firmemente apoyado desde la jerarquía, fue descripto en su especificidad, y el carácter particular de la democracia cristiana fue analizado con atención a sus vertientes constitutivas. La teología de la liberación y sus factores coadyuvantes, las tesis de Yves Congar y el magisterio moderado de Jacques Maritain, no menos que el absolutismo tomista, de tanto predicamento en la intelectualidad católica argentina, fueron observados a través de una ilustrativa contraposición de claroscuros.
El presente libro constituye una honesta aproximación historiográfica al protagonismo político de la jerarquía y de los católicos de nuestro país entre los años 1955 y 1966, y representa una indagación esclarecedora sobre los factores de beligerancia suscitados en el interior de aquel catolicismo antes, durante y después del Concilio.
En cuanto a este, su descripción rebasa del mundo criollo y remite a motivaciones y consecuencias reconocibles en la telaraña universal de la historia de las ideas. En la visión del doctor Zanca, las nuevas claves interpretativas del tiempo conciliar atravesaron por el protagonismo del laicado, la tolerancia, la apertura del diálogo y un decidido cuestionamiento de la tradición eclesial. El tratamiento de este renovado ciclo polémico precede en el libro a una indagación sobre el conflictivo surgimiento de la sociología en los años 50, que implicó la aparición e inéditas categorías metodológicas al tiempo que irrumpían en nuestro medio las novedades del existencialismo, todo ello observado con desconfianza desde las sedes dogmáticas, pero asumido a la vez por el espíritu renovador de un puñado de pensadores. Es así que a mediados de los años 60 empezó a ser configurada como disciplina la sociología religiosa, vinculada con las temáticas propias de la religiosidad popular.
El autor del libro no duda de que las décadas del 50 y del 60 fueron testigos de "un clima sísmico" despertado dentro de la Iglesia. Detalla las crisis internas suscitadas en la UCA y evoca el testimonio de Maritain, que alternó sus ilusiones con el recelo por algunas posturas surgidas de aquel sismo conciliar. Así como los años 40 fueron propios de un "espíritu de cruzada" muy propio del catolicismo argentino, el siguiente decenio fue propicio para que una generación de luchadores pretendiese lograr "una verdadera separación entre lo profano y lo sagrado". No duda el autor en afirmar que aquellos hombres se sintieron "hijos de una época que terminaba con diecisiete siglos de ostracismo mental". (c) LA GACETA

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