20 Agosto 2006 Seguir en 

Escritora y periodista italiana, Maria Pace Ottieri colabora en acreditados medios periodísticos de Milán.
El libro, traducido al castellano y recientemente editado, si bien pertenece al género ensayo y su esfera de acción son las ciencias sociales tiene, como crédito principal, la fiel narración de historias de inmigrantes ilegales -que tratan de llegar a Italia provenientes principalmente de Asia y Africa- y fueron registradas por la autora en viajes por la zona en cuestión con soltura narrativa exenta de maniqueísmo. Sus testimonios conducen al lector a un mundo alucinante en el que se revelan las sustanciosas ganancias que genera, para unos pocos, el manipuleo de los inmigrantes ilegales estafados por intermediarios desaprensivos. Una nueva forma de esclavitud -versión moderna del comercio y venta de esclavos- se presenta como contrapartida a un problema jurídico y legalmente entendible para los países que exigen legalidad y autorización en los trámites de emigración. Pero que es usado inescrupulosamente -y hasta políticamente- en tiempos de transición histórica.
El ensayo comienza con el viaje de la autora a Lampedusa, pequeña isla relativamente cercana a Túnez y Sicilia, quizás porque el personaje (cuya traducción de nombre da título al libro), llegó hasta allí en febrero de 2002, habiendo partido de Sierra Leona en 1994. Ebar Yacubu, cuyo nombre completo es Ebar Soraya Iti Dogon, que significa en su idioma justamente "Cuando has nacido no hay dónde esconderse", huyó de su aldea siendo un adolescente, después de ver cómo masacraban a machetazos a su madre y hermanos. Una secuela sangrienta de la guerra civil desatada en 1991 y alentada por la vecina Liberia, en la que participaron luego civiles y militares. Ebar llegó a Costa de Marfil y se dirigió a la Sede de la ONU, quien lo ubicó en un campo de refugiados de Nigeria. Dos años después, atravesó el Sahara escondido en un camión y llegó a Argel. Luego de pasar por Estambul, junto a otros africanos arrendó un bote a motor, intentando llegar a Italia. Por rotura del motor quedaron varados en el mar, de donde los auxiliaron marineros de Lampedusa. De allí pasó a Agrigento, donde le comentan que en Palermo existía una residencia para inmigrantes dirigida por un fraile llamado Biaggio que recibía a todos sin condiciones. Hasta allí viaja la autora. Lo que conoce le da pie para proseguir su libro y adentrarse en el ensayo -amplio, pormenorizado- tratando temas que van desde lo antropológico y social a lo metafísico, con citas de filósofos y pensadores. En el intento, aborda historias de vida de marginales, inmigrantes indocumentados, prostitutas que quieren dejar el oficio, ex convictos o personas que delinquen ex profeso para ir a la cárcel y tener comida, de marinos italianos de línea dura, "carabinieri", etcétera. Pero también de quienes dedican sus esfuerzos a ayudarlos: religiosos o laicos que, con altruismo, les brindan albergue, comida y trabajo mientras tramitan la residencia.Encarado así, el libro plantea la legitimidad natural del derecho de migración, emprendido no sólo en búsqueda de fuentes de trabajo y sustento o por razones políticas, sino también como expresión del deseo de libertad o cambio, que subyace en el inconsciente colectivo. Por razones de seguridad, en la actualidad los Estados y parte de los habitantes de España, Francia e Italia, -por citar el caso de Europa- desarrollaron una sensibilidad acentuada en contra de la inmigración. Pero, como sugiere el sociólogo francés Yann Moulier Boutang (pág. 48 y 49) la relación entre criminalidad y inmigración debe ser revertida, porque "no es el fenómeno de inmigración quien utiliza a la mafia sino todo lo contrario".
El libro -cuya versión libre fue lleva al cine con igual título por el destacado Marco Tullio Gionlana y presentada en el Festival de Cannes con excelente crítica- alcanza ribetes dramáticos y en algunos tramos, poéticos en capítulos (además del mencionado en el título) tales como "El sueño obstinado" (pág. 83), "La isla" (pág. 109) y "Un Dios onomatopéyico" (pág. 125). Así, la autora encara sin maniqueísmo un tema complejo que plantea la legitimidad del deseo de emigrar, denuncia abusos y convida al lector con historias impactantes de rigurosa actualidad. (c) LA GACETA
El libro, traducido al castellano y recientemente editado, si bien pertenece al género ensayo y su esfera de acción son las ciencias sociales tiene, como crédito principal, la fiel narración de historias de inmigrantes ilegales -que tratan de llegar a Italia provenientes principalmente de Asia y Africa- y fueron registradas por la autora en viajes por la zona en cuestión con soltura narrativa exenta de maniqueísmo. Sus testimonios conducen al lector a un mundo alucinante en el que se revelan las sustanciosas ganancias que genera, para unos pocos, el manipuleo de los inmigrantes ilegales estafados por intermediarios desaprensivos. Una nueva forma de esclavitud -versión moderna del comercio y venta de esclavos- se presenta como contrapartida a un problema jurídico y legalmente entendible para los países que exigen legalidad y autorización en los trámites de emigración. Pero que es usado inescrupulosamente -y hasta políticamente- en tiempos de transición histórica.
El ensayo comienza con el viaje de la autora a Lampedusa, pequeña isla relativamente cercana a Túnez y Sicilia, quizás porque el personaje (cuya traducción de nombre da título al libro), llegó hasta allí en febrero de 2002, habiendo partido de Sierra Leona en 1994. Ebar Yacubu, cuyo nombre completo es Ebar Soraya Iti Dogon, que significa en su idioma justamente "Cuando has nacido no hay dónde esconderse", huyó de su aldea siendo un adolescente, después de ver cómo masacraban a machetazos a su madre y hermanos. Una secuela sangrienta de la guerra civil desatada en 1991 y alentada por la vecina Liberia, en la que participaron luego civiles y militares. Ebar llegó a Costa de Marfil y se dirigió a la Sede de la ONU, quien lo ubicó en un campo de refugiados de Nigeria. Dos años después, atravesó el Sahara escondido en un camión y llegó a Argel. Luego de pasar por Estambul, junto a otros africanos arrendó un bote a motor, intentando llegar a Italia. Por rotura del motor quedaron varados en el mar, de donde los auxiliaron marineros de Lampedusa. De allí pasó a Agrigento, donde le comentan que en Palermo existía una residencia para inmigrantes dirigida por un fraile llamado Biaggio que recibía a todos sin condiciones. Hasta allí viaja la autora. Lo que conoce le da pie para proseguir su libro y adentrarse en el ensayo -amplio, pormenorizado- tratando temas que van desde lo antropológico y social a lo metafísico, con citas de filósofos y pensadores. En el intento, aborda historias de vida de marginales, inmigrantes indocumentados, prostitutas que quieren dejar el oficio, ex convictos o personas que delinquen ex profeso para ir a la cárcel y tener comida, de marinos italianos de línea dura, "carabinieri", etcétera. Pero también de quienes dedican sus esfuerzos a ayudarlos: religiosos o laicos que, con altruismo, les brindan albergue, comida y trabajo mientras tramitan la residencia.Encarado así, el libro plantea la legitimidad natural del derecho de migración, emprendido no sólo en búsqueda de fuentes de trabajo y sustento o por razones políticas, sino también como expresión del deseo de libertad o cambio, que subyace en el inconsciente colectivo. Por razones de seguridad, en la actualidad los Estados y parte de los habitantes de España, Francia e Italia, -por citar el caso de Europa- desarrollaron una sensibilidad acentuada en contra de la inmigración. Pero, como sugiere el sociólogo francés Yann Moulier Boutang (pág. 48 y 49) la relación entre criminalidad y inmigración debe ser revertida, porque "no es el fenómeno de inmigración quien utiliza a la mafia sino todo lo contrario".
El libro -cuya versión libre fue lleva al cine con igual título por el destacado Marco Tullio Gionlana y presentada en el Festival de Cannes con excelente crítica- alcanza ribetes dramáticos y en algunos tramos, poéticos en capítulos (además del mencionado en el título) tales como "El sueño obstinado" (pág. 83), "La isla" (pág. 109) y "Un Dios onomatopéyico" (pág. 125). Así, la autora encara sin maniqueísmo un tema complejo que plantea la legitimidad del deseo de emigrar, denuncia abusos y convida al lector con historias impactantes de rigurosa actualidad. (c) LA GACETA







