20 Agosto 2006 Seguir en 

Los libros escritos por ex funcionarios siempre plantean un abordaje doble. Dado el autor, y lo que su pasado político implica, debe separarse claramente la obra del autor. Es así como, por ejemplo, "Sin excusas", de Carlos "Chacho" Alvarez (y Joaquín Morales Solá) cuenta con agudos análisis políticos referidos a la extinta Alianza, a pesar de la controvertida figura del ex vicepresidente.
En "La marroquinería política", del ex secretario de Cultura menemista Jorge Asís, la distinción no arroja el mismo resultado. Parece un trabajo hecho por Asís para él. Para leerse. Para saludarse. Y para elogiarse a sí mismo, a cómo escribe, a las sobremesas que anima, a sus apariciones en los medios, a su manera de pensar y a su web site, en donde aparecieron los 62 escritos que son compilados por editorial Planeta. Todo esto, en las primeras tres páginas.
Son 400 páginas de prosa farragosa y, por momentos, indescifrable. Sobre todo en las referencias hiperbólicas a algunos personajes que no son mencionados por su nombre. Casi un elogio al barroquismo.
Debajo de los tropos, hay una sucesión de improperios en pretendido tono simpático. La sociedad es la "gilada", el presidente es "Vulgarcito" y los que lo siguen, por supuesto, son los vulgares. Asís lo intenta, pero es más fuerte que él: su desprecio por "lo popular" se ve en el uso peyorativo que da, justamente, al término "popular". ¿Qué dirá él, entonces, de su libro, ahora que se ha tornado "popular" y va por su segunda edición? ¿Y de su website, tan visitada que es más "popular" que algunos diarios, según él dice? El etnocentrismo, aun en sus formas más sublimizadas y estilizadas, siempre hace la misma trampa.
Claro que el ex embajador en Portugal cuestiona hechos en sus páginas. Como un francotirador (se define como peronista sin jefe ni partido) dispara a discreción, y sin piedad, contra toda clase de blancos: los fondos de Santa Cruz que Néstor Kirchner mandó al exterior cuando era gobernador, la intervención del PJ, el pago anticipado al FMI, la ausencia del presidente en los funerales de Juan Pablo II y otros desplantes protocolares. Pero no agrega nada, salvo algunos chismes patagónicos escritos prácticamente en calidad de tales.
En definitiva, "La marroquinería política" es, en buena medida, una serie de ingeniosos exabruptos.Esto lleva a la segunda parte del análisis del libro en cuestión: la referida al autor. Asís mantiene su verborragia atropelladora, esa que lo hizo famoso (mas no célebre) durante el menemismo.En aquella época, se desempeñaba como una suerte de José Luis Manzano de modales aburguesados, que no debía recurrir a la guarangada para contestar a la oposición. Ni para descalificarla. Por ejemplo, fue memorable su anuncio de la "condena" que su jefe, Carlos Menem, había impuesto a Eduardo Duhalde: en una entrevista con la revista que dirigía Jorge Lanata (por entonces, XXI) Asís dijo que el ex gobernador bonaerense era como Benjamín Otárola (el personaje del cuento "El Muerto", de Jorge Luis Borges), porque quería para sí todo cuanto era de su jefe. Y le dejaron usar algunas de esas posesiones, sin haber advertido que desde el principio estaba decidida su muerte. Ahora bien, lo que importaba entonces para el periodismo no era Asís, sino su función: vocero no oficial pero sí oficioso de Menem. Lo que él decía importaba no porque él lo dijera, sino por quién lo mandaba a decir. Para peor (y aunque parezca lo contrario), aparentemente su álbum de figuritas es limitado: en este libro repite ese mismo libreto, aunque inacabadamente, y dice que ahora es Kirchner quien encarna una especie de Otárola.Luego, leer que Asís denuncia la impunidad del actual gobierno (o de cualquiera que sucediera al menemismo) suena a demasiado relajo. Que, como agravante, no es gratuito: hay que pagar por el libro para que, en el primer artículo, Asís empalague al lector diciendo: "la impunidad, en la Argentina, jamás fue un redituable negocio estratégico". No. Gracias. (c) LA GACETA
En "La marroquinería política", del ex secretario de Cultura menemista Jorge Asís, la distinción no arroja el mismo resultado. Parece un trabajo hecho por Asís para él. Para leerse. Para saludarse. Y para elogiarse a sí mismo, a cómo escribe, a las sobremesas que anima, a sus apariciones en los medios, a su manera de pensar y a su web site, en donde aparecieron los 62 escritos que son compilados por editorial Planeta. Todo esto, en las primeras tres páginas.
Son 400 páginas de prosa farragosa y, por momentos, indescifrable. Sobre todo en las referencias hiperbólicas a algunos personajes que no son mencionados por su nombre. Casi un elogio al barroquismo.
Debajo de los tropos, hay una sucesión de improperios en pretendido tono simpático. La sociedad es la "gilada", el presidente es "Vulgarcito" y los que lo siguen, por supuesto, son los vulgares. Asís lo intenta, pero es más fuerte que él: su desprecio por "lo popular" se ve en el uso peyorativo que da, justamente, al término "popular". ¿Qué dirá él, entonces, de su libro, ahora que se ha tornado "popular" y va por su segunda edición? ¿Y de su website, tan visitada que es más "popular" que algunos diarios, según él dice? El etnocentrismo, aun en sus formas más sublimizadas y estilizadas, siempre hace la misma trampa.
Claro que el ex embajador en Portugal cuestiona hechos en sus páginas. Como un francotirador (se define como peronista sin jefe ni partido) dispara a discreción, y sin piedad, contra toda clase de blancos: los fondos de Santa Cruz que Néstor Kirchner mandó al exterior cuando era gobernador, la intervención del PJ, el pago anticipado al FMI, la ausencia del presidente en los funerales de Juan Pablo II y otros desplantes protocolares. Pero no agrega nada, salvo algunos chismes patagónicos escritos prácticamente en calidad de tales.
En definitiva, "La marroquinería política" es, en buena medida, una serie de ingeniosos exabruptos.Esto lleva a la segunda parte del análisis del libro en cuestión: la referida al autor. Asís mantiene su verborragia atropelladora, esa que lo hizo famoso (mas no célebre) durante el menemismo.En aquella época, se desempeñaba como una suerte de José Luis Manzano de modales aburguesados, que no debía recurrir a la guarangada para contestar a la oposición. Ni para descalificarla. Por ejemplo, fue memorable su anuncio de la "condena" que su jefe, Carlos Menem, había impuesto a Eduardo Duhalde: en una entrevista con la revista que dirigía Jorge Lanata (por entonces, XXI) Asís dijo que el ex gobernador bonaerense era como Benjamín Otárola (el personaje del cuento "El Muerto", de Jorge Luis Borges), porque quería para sí todo cuanto era de su jefe. Y le dejaron usar algunas de esas posesiones, sin haber advertido que desde el principio estaba decidida su muerte. Ahora bien, lo que importaba entonces para el periodismo no era Asís, sino su función: vocero no oficial pero sí oficioso de Menem. Lo que él decía importaba no porque él lo dijera, sino por quién lo mandaba a decir. Para peor (y aunque parezca lo contrario), aparentemente su álbum de figuritas es limitado: en este libro repite ese mismo libreto, aunque inacabadamente, y dice que ahora es Kirchner quien encarna una especie de Otárola.Luego, leer que Asís denuncia la impunidad del actual gobierno (o de cualquiera que sucediera al menemismo) suena a demasiado relajo. Que, como agravante, no es gratuito: hay que pagar por el libro para que, en el primer artículo, Asís empalague al lector diciendo: "la impunidad, en la Argentina, jamás fue un redituable negocio estratégico". No. Gracias. (c) LA GACETA







