
Oriundo de Jackson, Mississippi, nació en 1944. Nieto de irlandeses por el lado paterno, "protestantes feroces", como los define el autor, y de una madre descendiente de indígenas nativos de Norteamérica, comenzó a escribir a los veinticuatro años. Casi cuarenta años más tarde, luego de haber estudiado derecho durante un año y de dejarlo para obtener una maestría en artes, Ford cuenta con nueve libros publicados entre novelas y colecciones de cuentos. Es el único autor norteamericano que recibió los premios Pulitzer y PEN/Faulkner por la misma novela, El día de la Independencia. Además, recibió el Premio Rea, que se otorga anualmente a un autor que hace una contribución al género cuento como forma artística. No es del tipo de autor que publica una novela por año y, en realidad, cabe preguntarse para qué hacerlo.
Actualmente, Ford reside cerca de Portland, una bella y pequeña ciudad sobre el Atlántico, en el Estado de Maine. En la costa Este de Estados Unidos, a pocos kilómetros de Canadá, donde el invierno azota con viento y nieve, el novelista eligió asentarse hace unos ocho años.
Puntual a la cita, Ford esperaba en la estación de trenes. De más de un metro noventa de estatura, rasgos angulosos, ojos celestes y pelo gris algo largo, resultó sencillo reconocerlo entre el gentío. En la casa de Ford, con grandes ventanales frente al océano desde donde se veía caer la nieve, tuvo lugar esta entrevista. Las fotos de sus escritores amigos, Raymond Carver y Eudora Welty, entre otros, asomaban en las paredes y en los estantes de las bibliotecas.
-¿En qué está trabajando ahora?
-Acabo de terminar una nueva novela. Se titula The Lay of the Land. Estuve corrigiéndola con mi mujer. La leí entera en voz alta mientras marcábamos lo que está bien y lo que no. Tiene más de seiscientas páginas. Completa una trilogía con El periodista deportivo y El día de la Independencia.
-¿Aparecen los mismos personajes?
-Sí, Frank Bascombe, los hijos... Cuando empecé me pregunté por qué estaba haciendo esto. En realidad, no quería narrar una historia con los mismos personajes, pero fue lo que sucedió. Está situada en 2000. Frank Bascombe, con 55 años, se ha vuelto a casar con la mujer con quien salía. Los hijos tienen alrededor de veinte años. Se mudó a la costa, dentro del Estado de Nueva Jersey.
Está enfermo de cáncer de próstata. La acción sucede durante los días de Acción de gracias. Sally, su mujer, lo acaba de dejar por el ex marido que había desaparecido hacía décadas y, de pronto, reaparece.
Estos libros están situados en períodos de tres días. Es una novela política, aquel fin de semana largo de 2000, en Estados Unidos, las elecciones no se podían resolver a causa del fraude en el recuento de votos en el Estado de Florida. Es una época muy cargada en este país. Digamos que el relato es la concepción de un artista acerca de lo que sucedía entonces. Quedan explícitas ciertas tendencias que se instalaron en aquel momento en el gobierno, como la de no sentirse responsable de las consecuencias de sus acciones.
-Usted es el primer novelista norteamericano que ha recibido el Premio Pulitzer y el PEN/Faulkner por la misma novela. ¿Cómo fue el momento en que le otorgaron el Pulitzer?
- Estaba en Francia, cenando con unos amigos. No sabía que ese día otorgaban el Pulitzer ni estaba al tanto de mi nominación. Me parecía que había vida en mi novela El día de la Independencia, eso era todo. La persona sentada a mi lado recibió un llamado a su teléfono celular. Era para mí. Oí la voz de mi editor de París. Me preguntó si estaba sentado y me dijo que me habían otorgado el Premio Pulitzer. Pensé ¿¿Qué?? No me impactó. Me había ido de la mesa para atender el llamado y, cuando volví, ni siquiera lo mencioné. Estábamos pasándola muy bien, ¿cuál hubiera sido el motivo para irrumpir con esta noticia en una cena feliz?Si no me lo hubieran dado a mí, lo hubiera recibido otro escritor. Siempre pienso que si gano un premio es, por ejemplo, porque Philip Roth no publicó un buen libro ese año. Soy bastante filosófico acerca de estos temas. Resultó muy agradable, pero no me cambió la vida.
-¿Le parece que el hecho de que usted no tiene hijos implica alguna dificultad en la composición del personaje que es padre?
-Como dijo Graham Greene, el trabajo de un escritor es entrar en la piel de alguien que no es. A pesar de que no tengo hijos compuse el personaje de Frank Bascombe, que los tiene. Fui hijo y la mayoría de mis amigos son padres. En cierta manera, es lo que hace un actor. No es tan difícil. No estoy creando un ser humano real, ni un padre verdadero. Se trata de palabras en una página, que representan algo. Diría que esa información y esa sensibilidad nos pertenecen a todos. Quizá, para ser escritor, uno tenga que estar más disponible para recibirla. Soy bastante intuitivo.
-Respecto de la situación política actual de Estados Unidos, hay una pregunta que no termina de responderse. ¿Le parece que si Clinton hubiera estado en la presidencia hubiese existido el 11 de septiembre?
-No lo sé. Lo que podría aventurarme a decir es que creo que si Clinton fuera presidente no estaríamos en guerra contra Irak. Dos mil seiscientos soldados americanos no habrían muerto. La economía de Estados Unidos no se encontraría erosionada por tratar de seguir metiéndose en cuanta disputa existe en Medio Oriente. Tendríamos una mejor relación con Europa y la desmoralización de los americanos respecto de la gestión de gobierno no hubiera ocurrido. Creo que Clinton era un buen presidente y una persona defectuosa; Bush es un presidente espantoso y una persona defectuosa.
-¿Cómo ve la escena política de aquí en adelante?
-Hillary, al menos como lo veo ahora, y presto mucha atención a estas cuestiones, no creo que tenga grandes posibilidades de llegar a la presidencia. Me parece que hay demasiado en contra. Los demócratas van a pensar que si la nominan, los republicanos se la comerán cruda. No es tan política, está más bien orientada hacia el derecho y es inteligentísima. Tiene un buen bagaje de experiencia y un pasado verdadero. En definitiva, me parece que sería difícil. Todavía hay demasiados sentimientos encontrados, tanto por parte de hombres como de mujeres en este país respecto de que las posibilidades reales de que una mujer gobierne. Actualmente no hay candidatos obvios en el partido demócrata.
-Usted era íntimo amigo de Raymond Carver. ¿Cómo se conocieron?
-Conocí a Raymond Carver en 1977 en Dallas. Teníamos un amigo en común: Michael Ryan, un excelente poeta. El nos invitó a una conferencia. Allí nos conocimos Tess Gallagher, Raymond Carver y yo. Raymond Carver había publicado ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?; yo había publicado Un trozo de mi corazón.
Raymond había dejado de beber un año antes, lo preocupaba recaer en el alcoholismo. Tenía una mala reputación, la de alguien irresponsable que se emborrachaba y no cumplía con sus obligaciones. Obviamente, los dos vimos en el otro algo que nos agradó. Sus padres, como los míos, eran de Arkansas. Nos hicimos muy amigos. En aquel momento, él se estaba forjando un rumbo más claro; también comenzaba su relación con Tess (su segunda mujer). Era muy inteligente. A mediados de los ochenta había logrado una fama considerable en el mundo. A mí no me iba particularmente bien; él me alentó en mi trabajo, fue una gran ayuda. Creo que no estaría donde estoy si no hubiera sido por su apoyo.
-Mientras la fría tarde de Maine da lugar a la noche, dos perros y un gato dan vueltas por el living y un blues, la música favorita de Ford, suena en su estéreo. (c) LA GACETA







