El jardín del Mundial de Borges

Por Donato Alberto Calliera, para LA GACETA - Yerba Buena (Tucumán)

13 Agosto 2006
Los intelectuales fanáticos de Jorge Luis Borges y del fútbol eran pocos pero influyentes. Se propusieron organizar el Mundial de Borges inspirándose en uno de sus cuentos más famosos, "El jardín de senderos que se bifurcan", donde plantea una trama infinita de tiempos "que abarca todas las posibilidades".
Después de nueve años de extenuantes esfuerzos comenzó la original competencia. El estadio con capacidad para 85 mil espectadores resultó pequeño. Era asombroso ver, por ejemplo, a la Selección argentina ganar la copa, perderla, ser eliminada en la primera ronda, en la última o ni siquiera clasificarse. Igual que el resto de los seleccionados, ya fuera Brasil, Alemania, Costa Rica o Túnez. Ninguna podía dejar de atravesar todas las posibilidades.
La euforia inicial se agotó rápidamente y llegó el aburrimiento. Qué alegría, entusiasmo o tristeza podía ser plena y auténtica si no era definitiva. Borges anhelaba un juego donde nadie perdiera, que se jugara sólo por el placer de hacerlo. Su deseo se había concretado pero fue un fracaso.
La gente dejó de frecuentar el lugar. El estadio fue demolido. Tiempo después hicieron un cementerio que resultó bastante curioso porque las almas experimentaban infinitamente todos los desenlaces: cielo, infierno, purgatorio, nirvana, reencarnación, la nada.
Muy breve fue la "vida" del cementerio. Finalizó cubierto de malezas y alimañas.
Hoy nadie se atreve ni siquiera a pasar cerca de "El jardín del Mundial de Borges".

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