Tocantes metáforas sobre el destino del hombre

Por ALBA OMIL. José Saramago: ideas, obsesiones, desesperanzas, fantasías, desengaños.

13 Agosto 2006
Seis cuentos integran este libro, aunque no tenemos la certeza de que el primero -"Silla"- encaje en el género, ya que el cuento es narrativa -contar algo- y el citado es reflexión en torno de un objeto, la silla: capricho del estilo; juego léxico, acumulación cuasi libre de ideas adventicias, como en un monólogo interior desaforado, hongos que van creciendo, multiplicándose y superponiéndose en un tronco cuyo interior encierra la médula metafísica: reflexiones hondas sobre problemas tales como la forma en que nos roe la vida a lo largo del tiempo, o sobre nuestra perpetua inestabilidad en el universo. Nada halagüeño, por cierto, pero ocurrente, original y bien escrito.
Humanización del objeto, deshumanización del hombre, cosificación. ¡Peligro!
En el segundo relato -"Embargo"-, el tema de la cosificación se agudiza. Vamos hacia la inversión de entidades: el hombre cosa; el objeto humanizado y autónomo. ¡Más peligro!
Cuántas ideas, obsesiones, desesperanzas, fantasías y desengaños, -no sólo del autor, también de buena parte de la humanidad pensante- han florecido en este libro, en forma de estremecedoras metáforas sobre el destino del hombre, sobre su desamparo en el mundo que lo contiene.
Una imaginación delirante crece como pólipo en el relato "Cosas" (cosas que desaparecen de solo estar). La primera sensación es de risa; la segunda, de sonrisa; la siguiente, de estupefacción; luego, de pavor y a ponerse a cubierto, no sea que uno también desaparezca, sin motivo ni explicación, del espacio que ocupa sobre la Tierra.
Qué diferente del resto es el último relato del libro, "Desquite": puro lirismo (con contrastes de realismo violento, como manchones oscuros); puro deleite del decir armonioso, que recuerda, y no poco, el estilo de Gabriel Miró.
Deliberadamente dejamos para el final "Centauro", a nuestro juicio, el mejor de todos: milenios de historia, de fantasía, de mitos, concurren ante el llamado de una voz que cuenta, de una mente que crea, y se convierten, así, en fantasía narrativa, en un milagro poético.
Se percibe el placer estético de leer este cuento formidable, no para ser comentado, sólo para disfrutarlo una y otra vez. (c) LA GACETA

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