
2) La tesis fuerte de Estrella, expuesta ya por Michel Onfray en su Tratado de ateología, es la siguiente: pareciera que hay una relación históricamente comprobable entre la violencia y el dogma, claramente detectable en los textos fundamentales de las religiones monoteístas. Es el Islam, ello es casi evidente, como ya lo había notado Schopenhauer en el siglo XIX, y que llevó a este filósofo a emitir juicios de una dureza sorprendente; además, las actuales proclamas de muchos grupos islámicos acerca de la "Guerra santa", y el secular conflicto entre chiítas y sunnitas parecen dar signos de verosimilitud a la tesis de Estrella. Pero también algo parecido acontece en la religión judaica; se cita en el artículo de marras un texto del Levítico, (26-31), aunque el autor hubiera podido multiplicar no sólo versículos de este libro, sino también del Deuteronomio, de los Jueces y de la maravillosa historia de los hermanos Macabeos.
El texto del Levítico, citado por Estrella, es parcialmente correcto. En efecto, observo dos cosas. En primer lugar, las palabras severas de Javé no son una amenaza contra los cananeos, los moabitas o los amorreos, sino contra sus propios hijos israelitas en la medida que no cumplan con los preceptos divinos, ordenados a una educación higiénica, matrimonial, civil, ritual y específicamente religiosa; en consecuencia, no hay aquí una incitación a la violencia contra los otros, sino una amonestación a los propios judíos para que guarden las instrucciones divinas. En segundo lugar, en el mismo capítulo 26, versículos 44-45, Dios promete a sus hijos pecadores -y prolépticamente a todos nosotros- misericordia y perdón inclusive en el caso de las frecuentes prevaricaciones. ¡Y aquí aparece el formidable tema de que la única violencia justificada es la que se dirige contra uno mismo, cuando no se respeta el ideal que propone el Levítico: la santidad! De todos modos, el cap. 26 de este libro es hermenéuticamente difícil y es posible que haya alguna interpolación: efectivamente, lo que en un principio es una clara advertencia de Yavé a los judíos para que cumplan la Ley, de pronto, en los vv. 27-31, las amenazas se dirigen contra los idólatras.
Tampoco el texto de Lucas 10, 10-12, que esgrime Estrella, y ahora con relación al monoteísmo cristiano, me parece apropiado: en efecto, Jesús no les manda a sus discípulos que arrasen las ciudades en las que no hayan tenido éxito misional. Por el contrario, se aclara categóricamente que el juicio definitivo queda explícitamente reservado al Padre; tal juicio se pronunciará en un día que no pertenece a nuestro calendario, el de la Parusia, esto es, el "día de la eternidad de Dios", como dirá San Juan de la Cruz . Ya desde el Antiguo Testamento, Dios se ha reservado para sí la sanción última sobre el comportamiento de los hombres, lo cual implica que las condenas humanas son siempre provisionales, al menos desde el punto de vista de lo sobrenatural. No otra cosa es lo que se afirma en el Deuteronomio: "...porque el juzgar a los hombres sólo pertenece a Dios" (2, 17).
3) Pero no es menos cierto que una cosa son los textos religiosos y otra los actos humanos en la historia. Es verdad que los cristianos no siempre se han comportado como tales a lo largo de estos dos milenios. Sería inútil enunciar las equivocaciones de lo que llamo "Iglesia transeúnte", porque son de todos conocidas.
También es evidente el secular expansionismo islámico como así también la milenaria guerra, la más antigua que conocemos, entre los judíos y los primitivos habitantes de Palestina, es decir, los "politeístas". Pero una cosa es la realización histórica de un proyecto religioso, donde es indudable que las debilidades humanas juegan un papel esencial, y otra muy distinta, la revelación teologal. Las instituciones religiosas tienen los mismos defectos que las profanas, pero lo convocante, es decir, los textos, las enseñanzas y las personas alrededor de las cuales se constituye una religión monoteísta sobre la estricta índole sobrenatural y es menester juzgar las iglesias, las sinagogas y las mezquitas con este criterio.
4) He aquí algunas conclusiones que el artículo de Estrella me ha sugerido. Antes que nada, la violencia no es sólo patrimonio de los monoteísmos en su realización temporal; también es patrimonio de los politeísmos. Víctor Massuh, en su libro La libertad y la violencia, afirma en el primer párrafo: "La violencia es vieja como el mundo, es la atmósfera en que invariablemente transcurre la historia de los hombres... Pensar en la violencia es tanto como pensar en el sentido de nuestra situación histórica". Y refuerza su tesis recordando una aseveración categórica de Merleau-Ponty que se encuentra en Humanismo y terror: "La violencia es nuestro mundo puesto que estamos encarnados... es el punto de partida común a todos los regímenes. La vida, la discusión, la elección política, acontecen sobre ese fondo". Para los que se dedican a los temas del terrorismo y de la violación del endeble Derecho Internacional, la lectura reflexiva de La libertad y la violencia es casi una obligación.
Finalmente, por debajo de fenómenos tales como los mencionados por Estrella, la destrucción de la Amia y de las Torres Gemelas, hay siempre algo más que un componente político o económico; hay estructuras históricas, filosóficas e inclusive teológicas, propias de la condición humana, que al momento de emitir un juicio sobre ellos es menester tener en cuenta. Del mismo modo que en la historia del cristianismo hay herejías perennes, tales como el maniqueísmo o algunas formas del quiliasmo utópico, hay también en la historia de la filosofía del conocimiento algunas herejías que desconciertan; una de ellas es el reduccionismo. En consecuencia, explicar la violencia religiosa, que de hecho existe, por el recurso a ciertos textos del monoteísmo es un primer paso en el camino de la interpretación. El artículo de Estrella me obliga a dar un segundo paso. Con toda seguridad hay que seguir caminando a lo largo de esa "tarea infinita", que es la hermenéutica filosófico-teológica acerca de la encarnación de las grandes ideas religiosas. (c) LA GACETA.







