06 Agosto 2006 Seguir en 

Es casi imposible leer esta novela y no imaginarse a Marlon Brando en la piel del protagonista, el capitán Anatole "Annie" Doultry. Entre otras cosas, porque los autores lo concibieron -a sabiendas o no- como un personaje hecho a medida para el excepcional actor. La circunstancia de que Brando firme el libro junto a Donald Cammell le agrega a la novela elementos atractivos para el lector interesado en la actividad extracinematográfica del inolvidable protagonista de "El padrino".
El texto desarrolla una entretenida narración de las aventuras del capitán Doultry, primero preso en Hong Kong, y después, embarcado en una arriesgada operación concebida y ejecutada por Lai Choi San, una despiadada y sagaz mujer-pirata. Doultry, nacido en Escocia, criado en EE.UU. y dueño de una respetable fama entre los comerciantes, bandidos y marineros que surcaban el Mar de la China en las primeras décadas del siglo XX, salva la vida de un compañero de prisión, quien, de alguna manera, lo relaciona con la enigmática Madame Lai. El capitán occidental, irresistiblemente atraído por la mujer asiática (algo que en la vida real le ocurrió a Brando), acepta involucrarse en el asalto pirata a un navío que le reportará fabulosas ganancias.
El relato tiene elementos atractivos y capítulos en los que alcanza una considerable intensidad dramática, como el que describe el tifón que amenaza a la nave en la que viajan los aventureros. Hay una sólida base de documentación histórica y sobre las técnicas de navegación que le dan sustento a buena parte de la narración. La intriga se mantiene hasta el final, con un atrayente juego de tensión y suspenso entre Doultry y la mujer pirata, en claro paralelo con los elementos del juego de azar de origen oriental que le da el título a la novela.
La dinámica y atrayente narración de las aventuras en el Mar de la China ocupa unas 250 páginas del libro. Pero hay dos apéndices que pueden resultar más jugosos que la propia novela para quienes quieran conocer algo más acerca de los autores. Uno es una suerte de breve prefacio a cargo de China Kong -esposa de Cammell y amiga desde niña de Brando-, en el que cuenta detalles de la concepción de la novela; en 1982, los autores y Kong pasaron varios meses en Tetiaroa, la isla que Brando tenía en Tahiti y que constituía su paraíso personal. Allí, los dos hombres imaginaron diálogos, representaron escenas y grabaron ideas para lo que en principio iba a ser el guión de una producción cinematográfica independiente.
El otro apéndice, a manera de epílogo, fue escrito por David Thomson, a quien China Kong le entregó el material para que lo editara como una novela después de la muerte de Brando en 2004. En estas últimas páginas, Thomson intenta desentrañar la forma en que dos personalidades complejas y carismáticas, como las de Brando y Cammell, lograron combinar su potencia creativa para completar el texto; allí se relatan también las dramáticas circunstancias del suicidio de Cammell, quien se pegó un tiro en la cabeza en 1996, agobiado por problemas personales. (c) LA GACETA
El texto desarrolla una entretenida narración de las aventuras del capitán Doultry, primero preso en Hong Kong, y después, embarcado en una arriesgada operación concebida y ejecutada por Lai Choi San, una despiadada y sagaz mujer-pirata. Doultry, nacido en Escocia, criado en EE.UU. y dueño de una respetable fama entre los comerciantes, bandidos y marineros que surcaban el Mar de la China en las primeras décadas del siglo XX, salva la vida de un compañero de prisión, quien, de alguna manera, lo relaciona con la enigmática Madame Lai. El capitán occidental, irresistiblemente atraído por la mujer asiática (algo que en la vida real le ocurrió a Brando), acepta involucrarse en el asalto pirata a un navío que le reportará fabulosas ganancias.
El relato tiene elementos atractivos y capítulos en los que alcanza una considerable intensidad dramática, como el que describe el tifón que amenaza a la nave en la que viajan los aventureros. Hay una sólida base de documentación histórica y sobre las técnicas de navegación que le dan sustento a buena parte de la narración. La intriga se mantiene hasta el final, con un atrayente juego de tensión y suspenso entre Doultry y la mujer pirata, en claro paralelo con los elementos del juego de azar de origen oriental que le da el título a la novela.
La dinámica y atrayente narración de las aventuras en el Mar de la China ocupa unas 250 páginas del libro. Pero hay dos apéndices que pueden resultar más jugosos que la propia novela para quienes quieran conocer algo más acerca de los autores. Uno es una suerte de breve prefacio a cargo de China Kong -esposa de Cammell y amiga desde niña de Brando-, en el que cuenta detalles de la concepción de la novela; en 1982, los autores y Kong pasaron varios meses en Tetiaroa, la isla que Brando tenía en Tahiti y que constituía su paraíso personal. Allí, los dos hombres imaginaron diálogos, representaron escenas y grabaron ideas para lo que en principio iba a ser el guión de una producción cinematográfica independiente.
El otro apéndice, a manera de epílogo, fue escrito por David Thomson, a quien China Kong le entregó el material para que lo editara como una novela después de la muerte de Brando en 2004. En estas últimas páginas, Thomson intenta desentrañar la forma en que dos personalidades complejas y carismáticas, como las de Brando y Cammell, lograron combinar su potencia creativa para completar el texto; allí se relatan también las dramáticas circunstancias del suicidio de Cammell, quien se pegó un tiro en la cabeza en 1996, agobiado por problemas personales. (c) LA GACETA







