06 Agosto 2006 Seguir en 

Alfredo Abarca, el autor de esta novela y de varias otras, es abogado y profesor de Derecho.El relato de Duelo nacional -de corte policial y de suspenso- entreteje sobre el cañamazo de una crisis argentina, una de tantas en las que perdimos nuestros ahorros, nuestra confianza en las instituciones y el último requecho que nos quedaba de respeto por políticos y gobernantes.No se le pida literatura a este trabajo. Más bien un documental, un testimonio que corre velozmente, sin detenerse.
En efecto, no encontraremos en este libro valores específicamente literarios. Tal vez pueda haber cierta importancia histórico-cultural: espejo de este tiempo donde la justicia no tiene los ojos vendados, ni su balanza está bien nivelada.Una sentencia de Amado Alonso, que no ha perdido valor, señalaba: en toda creación literaria valiosa, lo único esencial es su almendra poética (léase literaria). ¿Qué es esto? Veamos:En el Quijote encontramos una pintura crítica de la realidad del Siglo de Oro (vida y costumbres, para decirlo sintéticamente), pero Cervantes no ha pasado por este motivo al círculo de las glorias literarias sino por su modo de combinar los múltiples elementos que componen su novela -situaciones, personajes, reflexiones et al- después que los hizo pasar por el doble filtro de su mente y su corazón, para convertirlos en una construcción estética, para deleite estético de quien lo lea.
Alfredo Abarca ha escrito una novela de suspenso, bien llevada, aunque con situaciones muchas veces previsibles que no alcanzan a convencer (al menos a quien escribe estas líneas) y, en consecuencia, no entretiene sino de a ratos.
Lectura para matar el tiempo. O para mirarse en el desolado espejo de la realidad nacional, tantas veces repetida, tantas veces remendada, tantas veces idéntica a sí misma, aunque sin grabarse en la frágil memoria de los argentinos. (c) LA GACETA
En efecto, no encontraremos en este libro valores específicamente literarios. Tal vez pueda haber cierta importancia histórico-cultural: espejo de este tiempo donde la justicia no tiene los ojos vendados, ni su balanza está bien nivelada.Una sentencia de Amado Alonso, que no ha perdido valor, señalaba: en toda creación literaria valiosa, lo único esencial es su almendra poética (léase literaria). ¿Qué es esto? Veamos:En el Quijote encontramos una pintura crítica de la realidad del Siglo de Oro (vida y costumbres, para decirlo sintéticamente), pero Cervantes no ha pasado por este motivo al círculo de las glorias literarias sino por su modo de combinar los múltiples elementos que componen su novela -situaciones, personajes, reflexiones et al- después que los hizo pasar por el doble filtro de su mente y su corazón, para convertirlos en una construcción estética, para deleite estético de quien lo lea.
Alfredo Abarca ha escrito una novela de suspenso, bien llevada, aunque con situaciones muchas veces previsibles que no alcanzan a convencer (al menos a quien escribe estas líneas) y, en consecuencia, no entretiene sino de a ratos.
Lectura para matar el tiempo. O para mirarse en el desolado espejo de la realidad nacional, tantas veces repetida, tantas veces remendada, tantas veces idéntica a sí misma, aunque sin grabarse en la frágil memoria de los argentinos. (c) LA GACETA







