Cultura, "relatos controvertidos"

Por Cristina Bulacio. ENSAYO.

06 Agosto 2006
Preceden a este libro dos informaciones interesantes sobre su autora: se doctoró en filosofía en la Universidad de Princeton y, actualmente, es profesora en Harvard. A estos prestigiosos datos de orden intelectual, debe agregarse otro, sin duda determinante en su cosmovisión, su origen turco. Nacida en Estambul, refleja en la problemática de este libro una mirada alerta, sesgada, sobre las grandes civilizaciones actuales, mirada que, sintetizada en pocas palabras dice de la constante conflictividad entre la cultura dominante de los países en los que se vive y trabaja y las culturas menores que luchan por su sobrevivencia. De algún modo es el juego entre lo general y lo particular, entre leyes válidas para todos y las normas y tradiciones de pequeñas comunidades de inmigrantes, cada vez más móviles en el mundo.
Sostiene Benhabib que la cultura se presenta a sí misma a través de "relatos controvertidos" que irremediablemente se enfrentan. Un primer relato que versa sobre las acciones significativas de los sujetos sociales y forman entre sí una red de relatos, y un segundo relato sobre el carácter valorativo de esas acciones. Lo que llamamos cultura, en sentido más ajustado, "es el horizonte formado por estas posturas valorativas". Así, en los estudios sobre las culturas aparece como un elemento esencial "el otro", que es el testigo de un "sí mismo" y, al mismo tiempo, de los límites de nuestra propia cultura.
Las culturas son prácticas humanas de representación y de simbolización, por lo cual, la permanente migración de individuos de una a otra modifica lo que antes se podía llamar cultura propia. El principal problema: la identidad, ¿se apoya en el género, en la raza, en el lenguaje? Todas estas cuestiones son abordadas aquí en pos de lo que se puede designar la "identidad cultural".
Busca la autora encontrar una salida a las democracias liberales, a las que ella pertenece ahora, para encarar esa "extraña multiplicidad" que son las sociedades actuales en las cuales, a veces, la extrema normatividad solidifica diferencias entre los grupos. No está de acuerdo, según declara, con los movimientos por el reconocimiento de la identidad / diferencia, porque las culturas son un cruzamiento de prácticas complejas en las cuales los inmigrantes, que sin duda terminan por influir en las costumbres de su nueva patria, podrían ser incorporados a la cultura mayoritaria a través de un borramiento de fronteras.
El tema de la inmigración, presente en el texto es, sin duda, una vivencia personal que sirvió como disparador de estos interesantes planteos. Cuando reflexiona así sobre la inconveniencia de marcar claros límites entre una cultura que recibe y otra que se instala en su seno, nos advierte que ninguna cultura es algo ya consumado, terminado y para siempre; por el contrario, es móvil, frágil, cambiante, debe alimentarse del diálogo con los otros.
La autora se inspira en los ejemplos de Canadá, Países Bajos, España y Turquía para mostrar los diversos resultados y valoraciones de los mismos gestos políticos y culturales en distintos países. Destaca las situaciones conflictivas con musulmanes viviendo en el seno de las democracias liberales e intentando aprender a vivir democráticamente. Una tesis central del libro es que gran parte del debate actual de la filosofía política y jurídica está dominado por esta falsa epistemología, basada en una concepción reduccionista de la cultura como entidades fuertes, definitivas, abroqueladas en sí mismas.En su afán de demostrar este error analiza la "desterritorialización de la política" (Held) y revela que ha cobrado fuerza en los Estados-nación contemporáneos debido a que existen grandes regiones del globo con países que "expulsan" a sus ciudadanos en busca de trabajo y de mejores condiciones de vida, lo que se acentúa con la globalización. Por tanto, la territorialización se ha convertido en una función anacrónica de identidades. La ciudadanía se constituye en base a tres factores: identidad colectiva, pertenencia política y atribución de derechos sociales. Sin embargo, en el mundo actual se está produciendo un "efecto de desagregación" de la ciudadanía que consiste en la pérdida de alguno de estos tres elementos. Ello produce ,y producirá, aun más notoriamente, un cambio en la concepción del Estado-nación; según lo cree la autora, es posible que comience a regir para el siglo XXI una "nacionalidad flexible", como ya sucede cuando se les permite a los ciudadanos ejercer el derecho al voto viviendo fuera de su tierra natal. Una salida a los conflictos generados por estos nuevos cruces culturales producidos por la emigración, desde países pobres o con dificultades políticas, hacia países ricos y fuertes, podría darse apoyando democracias deliberativas en las cuales serían escuchados tanto los propios como los ajenos.
Un libro interesante, académico, prolijo, que exhibe algunos temas de gran actualidad y propone modos de integración a través del diálogo entre identidades diferentes en las sociedades actuales, globalizadas, multiculturales y notablemente conflictivas. (c) LA GACETA

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