06 Agosto 2006 Seguir en 

No es tarea fácil redactar la historia de la filosofía en un solo volumen. Sir Anthony John Patrick Kenny, a sus setenta y cinco años, uno de los pensadores británicos más respetados y autor de varios libros, sale airoso de la empresa.
Inicialmente sacerdote jesuita, retornó al estado laical a los treinta y dos años y su interés, antes centrado en la especulación medieval, fue girando hacia la Filosofía Analítica. Ejerció la docencia en el Balliol College, de Oxford, y fue presidente de la Academia Británica.
No pocos intelectuales atribuyen falta de sensibilidad metafísica a quienes cultivan la Filosofía Analítica (quizás porque la confunden con el Positivismo Lógico). Este libro es la prueba de que no es tan así.
Arranca con los presocráticos, el primer filósofo mencionado es Pitágoras, y sigue con la trilogía inmortal de Sócrates, Platón y Aristóteles.
El desarrollo transita ciertas vías clásicas: el helenismo, la filosofía cristiana primitiva, San Agustín, San Anselmo, Abelardo, Averroes, Maimónides, Santo Tomás de Aquino y Ockham.Vienen luego el Renacimiento, Descartes, Hobbes y Locke, más la filosofía continental durante Luis XIV, esto es, Pascal, Malebranche, Spinoza y Leibniz. Para un británico, como se sabe, "el continente" es el resto de Europa. En el siglo XVIII retornan los ingleses: Hume, Berkeley y Reid. En la Ilustración destaca a Rousseau, para desembocar en Kant.
Bajo el título "Idealismo y Materialismo alemán" aparecen Fichte, Hegel y Marx. Al utilitarismo de Bentham y Stuar Mill, le siguen exposiciones de Kierkegaard, Schopenhauer y Nietzsche. En "Tres maestros modernos" estudia al cardenal John Henry Newman y a dos autores no filósofos incluidos por la influencia que tienen, uno sobre la ciencia y el otro sobre la vida cotidiana: Darwin y Freud.¿Y el siglo XX? Sir Anthony no incursiona en la filosofía continental. Entrega, en cambio, concisos capítulos sobre Frege y Russell y cierra el volumen con la filosofía de Wittgenstein, el Tractatus y las Investigaciones.
La mejor manera de aprender filosofía es entrar en los grandes filósofos. Kenny no sólo los presenta, sino que los examina críticamente. Tomarse en serio a un pensador, escribe, es dialogar con él y aprender de sus puntos magistrales y de sus puntos débiles.
Su modelo es la Historia de la Filosofía de Russell, pero modificando no pocos de los supuestos que tuvo su autor.
Para ello se centra en metafísica, ética y filosofía de la mente. Y referencias a la lógica cuando un filósofo se destaca en ella, como los casos ejemplares de Aristóteles y Frege.Me detengo en algunos tramos de este valioso texto.
En los diálogos platónicos ve nuestro autor un muy buen modelo para un lector sin formación en filosofía. Trata, pues, Eutifrón, Critón y Fedón al presentar a Sócrates; y más extensamente La República, en el capítulo sobre Platón.
Para mostrar el estilo de Kenny, véase cómo expone la Teoría de las Ideas o Formas. 1) Cuando varias cosas son F, ello se debe a que imitan o participan de la Idea única F. 2) Ninguna Idea es imitación ni participación de sí misma. 3) La Idea de F es F y solamente F. 4) Sólo la Idea de F es verdadera, completa y real. 5) Las Ideas no están en el espacio ni en el tiempo, no tienen parte, no cambian ni se perciben por los sentidos.
Pero el amor por el razonamiento es compatible con el amor por la poesía y, así, al abordar a Aristóteles cita Kenny a William Yeats: "Platón piensa la naturaleza como una espuma que juega / sobre el fantasmal paradigma de las cosas. / El más sólido Aristóteles juega con sus piezas / sobre el asiento de un rey de reyes". El rey de reyes es el primer motor inmóvil. A veces, dice Kenny, se sostiene que en Aristóteles el Ser en cuanto Ser es misterioso, pero ello proviene de no haber prestado suficiente atención al estudio de su Lógica.
Al ocuparse de Santo Tomás de Aquino cita la objeción de Russell de que el Aquinate antes de empezar a razonar ya sabía cuál era la verdad. Extraña afirmación, dice Kenny, en la pluma de quien dedicó centenares de páginas a probar que uno más uno son dos. Tomás, agrega, es exigente en la valoración de los argumentos de los otros, nunca hizo suya una conclusión por el mero hecho de que esta iba en la dirección que él profesaba y "hoy los filósofos están redescubriendo sus extraordinarias dotes". Kenny milita en la corriente llamada Tomismo Analítico.
El capítulo sobre Kant es un modelo de precisión conceptual y obligará al lector a rumiar muy bien cada parágrafo.
Hegel y Nietzsche, en cambio, padecen una exposición de menor vuelo. No es ningún acierto darle a Hegel menos páginas que a Freud y que Nietzsche aparezca en sus ideas más elementales.La parte final, el siglo XX, es coherente. Por un lado, era menester evitar esa mirada panorámica que enumera mucho y ahonda poco; y por otro lado, es el sello esencial de la tradición en que Kenny se ha formado.
Hay una bibliografía, obviamente en inglés. Ante un libro no redactado en español, se debe reproducir la bibliografía original y señalar entre corchetes las traducciones confiables. De incluir algún texto en español, señalar explícitamente que se lo agrega. Es de lamentar que la editorial Paidós no haya aplicado bien estas básicas premisas. Tradujo Miguel Candel. (c) LA GACETA
Inicialmente sacerdote jesuita, retornó al estado laical a los treinta y dos años y su interés, antes centrado en la especulación medieval, fue girando hacia la Filosofía Analítica. Ejerció la docencia en el Balliol College, de Oxford, y fue presidente de la Academia Británica.
No pocos intelectuales atribuyen falta de sensibilidad metafísica a quienes cultivan la Filosofía Analítica (quizás porque la confunden con el Positivismo Lógico). Este libro es la prueba de que no es tan así.
Arranca con los presocráticos, el primer filósofo mencionado es Pitágoras, y sigue con la trilogía inmortal de Sócrates, Platón y Aristóteles.
El desarrollo transita ciertas vías clásicas: el helenismo, la filosofía cristiana primitiva, San Agustín, San Anselmo, Abelardo, Averroes, Maimónides, Santo Tomás de Aquino y Ockham.Vienen luego el Renacimiento, Descartes, Hobbes y Locke, más la filosofía continental durante Luis XIV, esto es, Pascal, Malebranche, Spinoza y Leibniz. Para un británico, como se sabe, "el continente" es el resto de Europa. En el siglo XVIII retornan los ingleses: Hume, Berkeley y Reid. En la Ilustración destaca a Rousseau, para desembocar en Kant.
Bajo el título "Idealismo y Materialismo alemán" aparecen Fichte, Hegel y Marx. Al utilitarismo de Bentham y Stuar Mill, le siguen exposiciones de Kierkegaard, Schopenhauer y Nietzsche. En "Tres maestros modernos" estudia al cardenal John Henry Newman y a dos autores no filósofos incluidos por la influencia que tienen, uno sobre la ciencia y el otro sobre la vida cotidiana: Darwin y Freud.¿Y el siglo XX? Sir Anthony no incursiona en la filosofía continental. Entrega, en cambio, concisos capítulos sobre Frege y Russell y cierra el volumen con la filosofía de Wittgenstein, el Tractatus y las Investigaciones.
La mejor manera de aprender filosofía es entrar en los grandes filósofos. Kenny no sólo los presenta, sino que los examina críticamente. Tomarse en serio a un pensador, escribe, es dialogar con él y aprender de sus puntos magistrales y de sus puntos débiles.
Su modelo es la Historia de la Filosofía de Russell, pero modificando no pocos de los supuestos que tuvo su autor.
Para ello se centra en metafísica, ética y filosofía de la mente. Y referencias a la lógica cuando un filósofo se destaca en ella, como los casos ejemplares de Aristóteles y Frege.Me detengo en algunos tramos de este valioso texto.
En los diálogos platónicos ve nuestro autor un muy buen modelo para un lector sin formación en filosofía. Trata, pues, Eutifrón, Critón y Fedón al presentar a Sócrates; y más extensamente La República, en el capítulo sobre Platón.
Para mostrar el estilo de Kenny, véase cómo expone la Teoría de las Ideas o Formas. 1) Cuando varias cosas son F, ello se debe a que imitan o participan de la Idea única F. 2) Ninguna Idea es imitación ni participación de sí misma. 3) La Idea de F es F y solamente F. 4) Sólo la Idea de F es verdadera, completa y real. 5) Las Ideas no están en el espacio ni en el tiempo, no tienen parte, no cambian ni se perciben por los sentidos.
Pero el amor por el razonamiento es compatible con el amor por la poesía y, así, al abordar a Aristóteles cita Kenny a William Yeats: "Platón piensa la naturaleza como una espuma que juega / sobre el fantasmal paradigma de las cosas. / El más sólido Aristóteles juega con sus piezas / sobre el asiento de un rey de reyes". El rey de reyes es el primer motor inmóvil. A veces, dice Kenny, se sostiene que en Aristóteles el Ser en cuanto Ser es misterioso, pero ello proviene de no haber prestado suficiente atención al estudio de su Lógica.
Al ocuparse de Santo Tomás de Aquino cita la objeción de Russell de que el Aquinate antes de empezar a razonar ya sabía cuál era la verdad. Extraña afirmación, dice Kenny, en la pluma de quien dedicó centenares de páginas a probar que uno más uno son dos. Tomás, agrega, es exigente en la valoración de los argumentos de los otros, nunca hizo suya una conclusión por el mero hecho de que esta iba en la dirección que él profesaba y "hoy los filósofos están redescubriendo sus extraordinarias dotes". Kenny milita en la corriente llamada Tomismo Analítico.
El capítulo sobre Kant es un modelo de precisión conceptual y obligará al lector a rumiar muy bien cada parágrafo.
Hegel y Nietzsche, en cambio, padecen una exposición de menor vuelo. No es ningún acierto darle a Hegel menos páginas que a Freud y que Nietzsche aparezca en sus ideas más elementales.La parte final, el siglo XX, es coherente. Por un lado, era menester evitar esa mirada panorámica que enumera mucho y ahonda poco; y por otro lado, es el sello esencial de la tradición en que Kenny se ha formado.
Hay una bibliografía, obviamente en inglés. Ante un libro no redactado en español, se debe reproducir la bibliografía original y señalar entre corchetes las traducciones confiables. De incluir algún texto en español, señalar explícitamente que se lo agrega. Es de lamentar que la editorial Paidós no haya aplicado bien estas básicas premisas. Tradujo Miguel Candel. (c) LA GACETA







