EL BESO DE JUDAS. Miniatura de un “Libro de horas” que conserva la Biblioteca Ambrosiana de Milán.(ARCHIVO LA GACETA)

la figura de Judas es muy distinta en el códice Tchacos.
Allí aparece como el discípulo preferido de Jesús, quien lo conoce y confía en él.
Judas se da cuenta inmediatamente del carácter divino de su Maestro, y se lo dice.
Puede pensarse que sin delación no habría muerte y crucifixión, ni tampoco resurrección ni redención.
Por estar formada en el catolicismo tradicional, el personaje de Judas siempre me desconcertó. Me preguntaba por qué una religión que predicaba el amor y el perdón nos incitaba a odiar a un hombre, al discípulo que traicionó. Además, en los Evangelios sinópticos había algunos pasajes bastante desconcertantes con respecto a esta traición. Por ejemplo, aquel en que Jesús dice a Judas: haz lo que tienes que hacer y hazlo pronto. O, cuando en la última cena, Jesús dice que uno de sus discípulos lo traicionará y señala a Judas sin nombrarlo. En el primer caso, parecería que ya existía un acuerdo previo y necesario entre Jesús y Judas. En el segundo, resulta muy extraña la falta de reacción de los otros discípulos.
También puede parecer desconcertante el que los soldados romanos necesitaran que alguien señalara a Jesús para que ellos pudieran aprisionarlo, puesto que Jesús no se ocultaba. Esa misma pregunta se hace Borges en "Tres versiones de Judas" (1) cuando dice que "para identificar a un maestro que diariamente predicaba en la sinagoga y que obraba milagros ante concursos de miles de hombres, no se requiere la traición de un apóstol. Ello, sin embargo, ocurrió. Suponer un error en la Escritura es intolerable; no menos intolerable es admitir un hecho casual en el más precioso acontecimiento en la historia del mundo. Ergo, la traición de Judas no fue casual. Fue un hecho prefijado que tiene su lugar misterioso en la economía de la redención". En la narración de Borges, Judas ama a Cristo, reconoce que este es el Salvador del género humano y lo ayuda en su empresa, aun a sabiendas de que su propio acto es al mismo tiempo su condena.
En el relato de Borges se supone que esta es la tesis sostenida por Nils Runesberg, el imaginario autor de un libro titulado Cristo y Judas, publicado a comienzos del siglo XX y refutado por numerosos teólogos. Pero Runesberg sigue pensando en un Dios hecho hombre y que sufre en un tiempo determinado, y compara este destino con una condena por toda la eternidad. En un nuevo libro, afirma que "Dios totalmente se hizo hombre pero hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia, pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesús, eligió un ínfimo destino: fue Judas". Este libro no tuvo ningún éxito: tanto los teólogos como los eruditos y los incrédulos lo ignoraron, las librerías no lo exhibieron. Esta indiferencia general, el silencio total que rodeó al libro, lo llevó a creer que había cometido un pecado imperdonable: revelar un secreto de Dios.
En los últimos tiempos, se han hecho importantes descubrimientos arqueológicos que ayudan a comprender los orígenes del cristianismo. Están los manuscritos del Mar Muerto, hallados en 1947, que si bien no son cristianos, aportan datos sobre la historia del judaísmo en el momento en que va a aparecer la figura de Jesús. Dos años antes, se habían descubierto en Egipto los códices de Nag Hammadi, que contienen importantes referencias sobre el cristianismo primitivo. Y, por fin, en la década del 70 del siglo pasado, el encuentro, en las arenas del desierto, del códice Tchacos que contiene un documento de capital importancia: el Evangelio de Judas, que recién acaba de publicarse.
La edición castellana de este texto (2) publicada con el título El Evangelio de Judas, contiene además una serie de estudios que lo complementan y ayudan la comprensión del lector. Comienza con una excelente Introducción de Marvin Meyer (profesor de Estudios bíblicos y cristianismo de la Universidad Chapman de California, EE.UU.) y luego del texto principal vienen los comentarios de los eruditos que lograron reconstruir el códice, traducirlo y editarlo. Rodolphe Kasser (profesor emérito de la Universidad de Ginebra, especialista en copto) cuenta que en 2001 recibió "ese objeto tan precioso como maltratado": el códice Tchacos, llamado así por el nombre de la primera compradora, que logró adquirirlo con la ayuda de la Sociedad Mecenas de Basilea. Pero antes de llegar a sus manos, había pasado una larga historia, que comenzó en las arenas del desierto egipcio, donde lo había encontrado un campesino analfabeto que lo vendió a un comerciante de antigüedades; fue robado, encontrado de nuevo, pasó por tres continentes, soportó distintos climas, inclusive estuvo guardado en una heladera que afectó las hojas de papiro. Lo que recibió Kasser fue una caja de cartón que encerraba una gran cantidad de pequeños fragmentos. Contenía cuatro libros, tres de los cuales eran una reproducción de los hallados en Nag Hammadi; pero el tercero era un gran descubrimiento: El Evangelio de Judas.
Se sabía de la existencia de este libro debido a una cita de San Ireneo en su libro Desenmascaramiento y refutación del falso conocimiento, más conocido por Contra las herejías, escrito en el año 180. La copia descubierta, según las pruebas de carbono 14, podría ser de finales del siglo tercero o principios del cuarto. Está escrita en un dialecto del copto, lengua de los cristianos egipcios. Teniendo en cuenta la mención de Ireneo de Lyon, se trataría de la copia de un original griego del siglo II.
En los evangelios canónicos y en toda la tradición cristiana, Judas aparece como un traidor, el hombre que comete el peor de los pecados al denunciar a su Maestro por unas monedas de plata que luego arroja y se suicida. Objeto de oprobio, odio y desprecio durante siglos. Pero en este Evangelio la figura de Judas es muy distinta: Jesús lo conoce y confía en él, en su discípulo preferido. El que se da cuenta inmediatamente del carácter divino de Cristo y se lo dice: "Yo sé quién eres y de dónde vienes", "pero no soy digno de pronunciar el nombre de Aquel que te ha enviado".
A su vez Jesús, en un largo diálogo entre Maestro y discípulo, que por momentos parece una conversación entre amigos, le dice a Judas: "Tú los superarás a todos, porque tú sacrificarás el cuerpo en que vivo". De alguna manera puede pensarse que sin delación no habría muerte ni crucifixión, ni tampoco resurrección ni redención. Jesús ya había predicado su doctrina y quería abandonar su cuerpo mortal. Por eso pide a su amigo que lo delate, pero también le hace conocer las consecuencias terribles que deberá afrontar. Judas acepta su papel en la economía de la salvación, y las profecías se cumplen. El Evangelio termina cuando Judas realiza su acto, pero Jesús ya le había hecho sus revelaciones secretas sobre la salvación y se espera un nuevo encuentro en el Reino celestial.
Al texto principal siguen los comentarios. Rodolphe Kasser cuenta la historia del códice. Bart D. Ehrman (director del departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Carolina del Norte Chapel Hill, EE.UU.) titula al suyo: "La cristiandad alerta: La visión alternativa del Evangelio de Judas". Se refiere a las diversas interpretaciones de la doctrina de Jesús en los primeros años del cristianismo, y considera al Evangelio de Judas como un texto gnóstico. Gnosticismo viene de la palabra griega gnosis, que quiere decir conocimiento. Según Ferrater Mora (3), "el gnosticismo es la doctrina según la cual es posible conocer alguna realidad en sí misma, última o absoluta".Gregor Wurst (especialista en copto antiguo y profesor de Historia Eclesiástica de la Universidad de Augsburg, Alemania), en "Ireneo de Lyon y el Evangelio de Judas", expone sus dudas de que San Ireneo haya tenido un conocimiento directo del Evangelio de Judas: más bien supone que lo conoció por referencias. Nos dice, por ejemplo, que el de Judas era un evangelio cainita, cuando en él no aparece nunca una referencia a Caín. Por su parte Marvin Meyer, en su artículo "Judas y la conexión gnóstica", dice que se trata de un evangelio sético, término derivado de Set, el nombre del tercer hijo de Adán y Eva, de quien no se conoce ninguna falta, por lo cual llegó a decirse que era el comienzo de una nueva humanidad.
En el Evangelio de Judas hay una exposición de una cosmología gnóstica bastante compleja, pero mucho menos importante que los pasajes referentes a la amistad entre Judas y Jesús. Los autores que figuran en este libro son todos eruditos muy importantes que, además, tienen la capacidad y la claridad necesaria para escribir de manera tal que pueden ser entendidos por todos sus lectores. Además, debemos agradecerles habernos mostrado esta historia maravillosa, donde la amistad asume el sacrificio para la redención de todos nosotros. (c) LA GACETA
El estudio del Evangelio de Judas fue realizado por eruditos muy calificados, que tienen, además, la capacidad y la claridad necesaria para escribir de manera que todos puedan entenderlos.
NOTAS:
1) Jorge Luis Borges: "Tres versiones de Judas" en Obras completas. Emecé, Buenos Aires, 1974.
2) El Evangelio de Judas. Editado por Rodolphe Kasser, Marvin Meyer y Gregor Wurst. National Geographic Society. Buenos Aires, 2006.
3) José Ferrater Mora: Diccionario de Filosofía, Tomo II, Madrid 1984.







