Un actor que enseña a través de sus vivencias

Por Juan Carlos Di lullo. TEATRO.

30 Julio 2006
Hay muchas voces en este interesante trabajo de Juan Antonio Tríbulo, un excelente actor, director y maestro de actores al que evidentemente no le cae nada mal el ropaje de escritor. Esas voces -de autores, maestros, críticos, dramaturgos, compañeros actores y tantos otros- se suman a la propia del autor y van conformando un invalorable aporte a uno de los asuntos que preocupan a todos los que, desde distintos roles, encaran la infinitamente creativa tarea de la representación teatral. El tema no es otro que el de la utilidad y la vigencia de la interiorización y el autoconocimiento que proponen los trabajos de Constantin Stanislavski y de Lee Strasberg para ayudar metódicamente al actor a recuperar sensaciones que le permitan construir sus personajes con mejores herramientas.
Al mismo tiempo, Tríbulo divide su texto en tres períodos que coinciden con otras tantas etapas de su vida, a las que identifica con sus nombres de "Pocho", "Juan Antonio" y "Juan". Tres etapas, tres actos, tres personas, una sola pasión. Ese recorrido temporal le permite a Tríbulo ordenar sus notas, sus experiencias y sus realizaciones, de manera que al mismo tiempo que desarrolla su avance en el conocimiento del legado de Stanislavski y su aproximación y entrenamiento en el Método de Strasberg, pinta las circunstancias que fueron moldeando al actor que finalmente -en el alcance de las páginas de este libro- culmina su tarea interpretativa en "Personalmente, Einstein", de Gabriel Emanuel y Leonardo Goloboff. Precisamente es la imagen de la composición del científico para este unipersonal la que ilustra la cubierta del volumen.
El autor relata sus comienzos como intérprete en su Entre Ríos natal, su formación -entre otros, con el recordado Oscar Fessler-, su profesionalización como actor en Buenos Aires y el desembarco en Tucumán para ponerse al frente de la Escuela de Teatro en el ámbito de la Universidad Nacional; paralelamente, desmenuza su contacto con los escritos del maestro ruso y su trabajo con el Método, hasta la inesperada oportunidad de asistir entre marzo y mayo de 1994 a un curso intensivo de 250 horas de trabajo en el Lee Strasberg Institute de Nueva York, al que accedió gracias a una beca obtenida durante la presencia de Anna, la viuda del mítico maestro de actores, en Tucumán.
Sobre el final, el autor resume su aporte; define el Método como un gran programa de entrenamiento, y contribuye a desmontar la creencia de que sólo sirve para el cine y que puede llegar a ser nocivo para el actor de teatro. Además, resalta la importancia del maestro como apoyo insustituible para quien pretenda aprenderlo exclusivamente en los libros, sin nutrirse de la práctica en el escenario y del entrenamiento orientado. Tríbulo detalla la cantidad de cursos, seminarios, charlas y talleres a los que ha asistido en su interés por completar su formación. Y con ello demuestra su permanente disposición para aprender, requisito indispensable para quien tiene la responsabilidad de enseñar.
De todo esto y de muchas cosas más habla en este libro el autor, como para desmentir la afirmación de la protagonista de una de las obras que interpretó y que transcribe en los tramos finales de su trabajo. "Jamás escribirás nada. Siempre hablás por boca de otros. No sos más que un actor" le dice Paloma a Jacinto en "Ulf", de Juan Carlos Gené. Tríbulo -actor autor- tiene mucho para decir, y lo hace de modo intenso, ameno e interesante. Mucho más, para los que comparten con el la pasión por el teatro, ya sea desde las tablas y bajo las luces de escena, o instalados en su butaca, entre las sombras de la platea. (c) LA GACETA

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