Desde el pasado, un presente inquietante

Por Demián Orosz. La justicia poética como respuesta a la interrogación sobre la violencia que atraviesa toda la obra de Andrés Rivera.

30 Julio 2006
Hay que tomarse en serio el título de la última novela de Andrés Rivera. Punto final es, en efecto, la culminación de una saga, ejecutada mediante la supresión de un personaje clave en la narrativa del autor. Se cumple aquí finalmente la siempre postergada muerte de Arturo Reedson, alter ego literario del escritor y protagonista de libros como Tierra de exilio, Nada que perder, El verdugo en el umbral, algunos cuentos de Cría de asesinos y Esto por ahora, la novela inmediatamente anterior a esta.
El pecado de contar el final se justifica porque lo bueno está en el desarrollo. Rivera vuelve a hacer una ficción fuertemente atada a su memoria, pero en esta ocasión el imperativo de recorrer el tiempo a contrapelo adquiere el tono de lo impostergable. "Las noches son cada vez más cortas, Arturo Reedson: recordá lo que estás obligado a recordar", se dice a sí mismo el personaje. Y es casi imposible no leer esa necesidad acuciante de memoria en clave autobiográfica. Como decía Borges, incluso la fantasía puede ser una forma de confesión. Entre lo que Reedson recuerda están sus tiempos de periodista y militante del Partido Comunista, sus convicciones y sus luchas, los derrotados pero no por eso olvidados, sus mujeres y, aún más atrás, el asesinato redentor de un general cosaco verdugo de judíos.
La ficción también recupera un episodio perturbador. Un famoso Poeta (en la novela está escrito así, con mayúscula, y una serie de referencias sembradas en el texto indican que se trata de Juan Gelman) protagoniza un hecho que sin duda al narrador le resulta incómodo evocar, aunque la frase de Gustave Flaubert que encabeza el capítulo siguiente da una pista de que la hipocresía del perdón le resulta imposible. Dice Reedson, poniéndose otra vez bajo el imperativo de hacer memoria: "Recordá la mañana o el mediodía en que buscaste, en un suburbio de Buenos Aires, a Carlos, a Jorge, a Renée, abandonados por el Poeta, y expuestos al acecho de la helada furia homicida de un inminente grupo de tareas". Golpes en la puerta de un pasado que se hace presente con toda su fuerza.Al igual que las últimas obras de Rivera, Punto final también es una ficción asediada por una realidad cruda y amenazante. Aquí reaparecen Lucas y Daiana (personajes que aparecían en Esto por ahora y que están inspirados en dos jóvenes marginales que Rivera conoció en el barrio Bella Vista de la ciudad de Córdoba, donde reside desde hace muchos años), así como el inescrupuloso Cara i?guante, un pequeño señor de la vida y de la muerte, mezcla de sicario y bon vivant.
Entre lo mejor de Punto final están algunas escenas de erotismo áspero que ratifican que en la visión de Rivera las relaciones carnales son relaciones de poder y que el sexo es, casi siempre, trampa, engaño y dominación.
Seguramente, algunos lectores percibirán además el indudable deleite a la hora de narrar las muertes (la ética militante y justiciera diría la ejecución) de personajes desagradables. Hay que matar es otro título de una novela anterior de Rivera que también hay que tomarse bien en serio para comprender los latigazos de justicia poética que predominan en su ficción como respuesta a la interrogación sobre la violencia que atraviesa toda su obra. (c) LA GACETA

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