30 Julio 2006 Seguir en 

Emprender un trabajo de largo aliento como lo es escribir una historia de la literatura, no resulta algo frecuente, más bien es un hecho inusual, y su aparición es un buen motivo de celebración. Hay que tener en cuenta que no son tantas las historias de la literaturas argentina publicadas: la de Ricardo Rojas, editada entre 1917 y 1922, las dos versiones de Capítulo, la de David Viñas, Literatura argentina y política, o la que dirige Noé Jitrik en varios tomos, entre otras. Lo cierto es que todas podrían anclarse en la que escribió Ricardo Rojas.
La editorial Taurus acaba de publicar Breve historia de la literatura argentina escrita por Martín Prieto. Como lo indica el adjetivo, no guarda la pretensión de ser una historia completa destinada a los investigadores; más bien intenta, y a mi juicio lo cumple, ser una historia amena escrita con humor.
Este joven prolífico rosarino llamado Martín Prieto, nacido en 1961, es profesor de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Rosario, y escritor. Como poeta publicó: Verde y blanco (1988), La música antes (1995) y La fragancia de una planta de maíz (1998), y Baja presión en 2004; como novelista, la Calle de las Escuelas Número Trece; y como ensayista, es autor de numerosos estudios críticos sobre la obra de Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñón, Juan L. Ortiz, Joaquín Gianuzzi y Juan José Saer.
Si se pretende hacer de este libro un manual de consulta obligada para los investigadores, sin apelación y de manera justa, lloverán las críticas. Si se lo tomara como lo que es, sin otra pretensión, un libro crítico, polémico y generador de debates, puede constituirse como una referencia interesante para los lectores de la literatura nacional. Naturalmente que pondrá más que furiosos a los defensores a ultranza de escritores como Ernesto Sábato y Eduardo Mallea, aquellos que Prieto cataloga en un renglón menor de la historia literaria. Con justicia, Prieto tampoco olvida que el escritor de las tres novelas, aquel que fue partícipe fundamental del Nunca más, unos años antes almorzaba, libre de vergüenza, con el entonces presidente de facto general Videla.
El autor empieza inscribiendo a la literatura gauchesca en el comienzo de la historia. Ese audaz inicio, en detrimento de los autores coloniales, y su particular modo de no hacer coincidir los ciclos de la evolución literaria con los períodos históricos, y hasta sus dudas de hasta qué punto el idioma y la cuna de los escritores definen la "argentinidad" de sus obras, son ideas que Prieto destaca de la herencia de Rojas. Un ejemplo de ello es la obra de Copi, extrañamente poco mencionada en su historia. Un escritor argentino que llegó a escribir en francés obras de tono arrabalero y también gauchesco. No padece el mismo problema con Juan Rodolfo Wilcock, quien tiene una obra prácticamente entera en italiano; sin embargo, incluye El ingeniero, una obra profundamente nacional escrita en italiano.
Prieto tiene en cuenta los escritos de los viajeros ingleses en el 1800. Los gauchos y la Pampa no aparecen por primera vez desde la mirada de Sarmiento o de Echeverría, viajeros como Hudson o Cunninghame Graham llegan a hacer un relato extraordinario de los menesteres del hombre de campo; como así también los viajeros del siglo XIX, hombres que llegan a observar la corrupción del país; tanto, que sus crónicas parecen sacadas de los diarios de ayer.
Escribir una historia y no aburrir es algo notorio, pero también puede acarrear la soberbia mezclada con el fraude, sobre todo cuando el autor hace una valoración de algunos escritores en detrimento de otros sin tener en cuenta las distintas épocas que les tocaron vivir. O cuando emite sentencias inapelables como: "Eduardo Mallea es hoy más un fenómeno que un escritor" o "Roberto Arlt escribió la máxima novela argentina del siglo XX".Para este autor, además, las revistas literarias ocupan un lugar destacado. Martín Fierro, Contorno y Sur, por nombrar tres fundamentales, se convierten en instrumentos apasionados de debate y de tendencias.
En cuanto a los géneros que aborda, Prieto hace mayor hincapié en la poesía y en la narrativa. No hay demasiado rigor sobre la dramaturgia argentina; quedan en el olvido obras valiosas y fundamentales como El reñidero de Sergio De Ceco o El campo de Griselda Gambaro, y muchísima literatura dramática más.Los poetas del interior, en cambio, tienen un espacio privilegiado y sin duda merecido. Su valor, según Prieto, no radicaría en una cuestión regional, sino en lo que han aportado de esencial a la historia literaria del país. Destaca así a poetas como Juan L. Ortiz, Oliverio Girondo, Francisco Madariaga, Joaquín Gianuzzi y Aldo Oliva, entre otros nombres. Quizás la revitalización y revalorización de este género sea uno de los aspectos más positivos y destacables de esta historia. (c) LA GACETA
La editorial Taurus acaba de publicar Breve historia de la literatura argentina escrita por Martín Prieto. Como lo indica el adjetivo, no guarda la pretensión de ser una historia completa destinada a los investigadores; más bien intenta, y a mi juicio lo cumple, ser una historia amena escrita con humor.
Este joven prolífico rosarino llamado Martín Prieto, nacido en 1961, es profesor de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Rosario, y escritor. Como poeta publicó: Verde y blanco (1988), La música antes (1995) y La fragancia de una planta de maíz (1998), y Baja presión en 2004; como novelista, la Calle de las Escuelas Número Trece; y como ensayista, es autor de numerosos estudios críticos sobre la obra de Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñón, Juan L. Ortiz, Joaquín Gianuzzi y Juan José Saer.
Si se pretende hacer de este libro un manual de consulta obligada para los investigadores, sin apelación y de manera justa, lloverán las críticas. Si se lo tomara como lo que es, sin otra pretensión, un libro crítico, polémico y generador de debates, puede constituirse como una referencia interesante para los lectores de la literatura nacional. Naturalmente que pondrá más que furiosos a los defensores a ultranza de escritores como Ernesto Sábato y Eduardo Mallea, aquellos que Prieto cataloga en un renglón menor de la historia literaria. Con justicia, Prieto tampoco olvida que el escritor de las tres novelas, aquel que fue partícipe fundamental del Nunca más, unos años antes almorzaba, libre de vergüenza, con el entonces presidente de facto general Videla.
El autor empieza inscribiendo a la literatura gauchesca en el comienzo de la historia. Ese audaz inicio, en detrimento de los autores coloniales, y su particular modo de no hacer coincidir los ciclos de la evolución literaria con los períodos históricos, y hasta sus dudas de hasta qué punto el idioma y la cuna de los escritores definen la "argentinidad" de sus obras, son ideas que Prieto destaca de la herencia de Rojas. Un ejemplo de ello es la obra de Copi, extrañamente poco mencionada en su historia. Un escritor argentino que llegó a escribir en francés obras de tono arrabalero y también gauchesco. No padece el mismo problema con Juan Rodolfo Wilcock, quien tiene una obra prácticamente entera en italiano; sin embargo, incluye El ingeniero, una obra profundamente nacional escrita en italiano.
Prieto tiene en cuenta los escritos de los viajeros ingleses en el 1800. Los gauchos y la Pampa no aparecen por primera vez desde la mirada de Sarmiento o de Echeverría, viajeros como Hudson o Cunninghame Graham llegan a hacer un relato extraordinario de los menesteres del hombre de campo; como así también los viajeros del siglo XIX, hombres que llegan a observar la corrupción del país; tanto, que sus crónicas parecen sacadas de los diarios de ayer.
Escribir una historia y no aburrir es algo notorio, pero también puede acarrear la soberbia mezclada con el fraude, sobre todo cuando el autor hace una valoración de algunos escritores en detrimento de otros sin tener en cuenta las distintas épocas que les tocaron vivir. O cuando emite sentencias inapelables como: "Eduardo Mallea es hoy más un fenómeno que un escritor" o "Roberto Arlt escribió la máxima novela argentina del siglo XX".Para este autor, además, las revistas literarias ocupan un lugar destacado. Martín Fierro, Contorno y Sur, por nombrar tres fundamentales, se convierten en instrumentos apasionados de debate y de tendencias.
En cuanto a los géneros que aborda, Prieto hace mayor hincapié en la poesía y en la narrativa. No hay demasiado rigor sobre la dramaturgia argentina; quedan en el olvido obras valiosas y fundamentales como El reñidero de Sergio De Ceco o El campo de Griselda Gambaro, y muchísima literatura dramática más.Los poetas del interior, en cambio, tienen un espacio privilegiado y sin duda merecido. Su valor, según Prieto, no radicaría en una cuestión regional, sino en lo que han aportado de esencial a la historia literaria del país. Destaca así a poetas como Juan L. Ortiz, Oliverio Girondo, Francisco Madariaga, Joaquín Gianuzzi y Aldo Oliva, entre otros nombres. Quizás la revitalización y revalorización de este género sea uno de los aspectos más positivos y destacables de esta historia. (c) LA GACETA







