30 Julio 2006 Seguir en 

La voluntad, afirman sus autores y compiladores, es "una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina"; pero más que de historia, se trata de una memoria colectiva de protagonistas en esa militancia, que apeló a la guerrilla a partir de 1966, hasta 1978. Anguita y Caparrós fueron parte del ERP y de Montoneros por aquel tiempo, respectivamente, y esa circunstancia provoca en los eventuales lectores solidaridades o rechazos previos. Especialmente ahora, cuando el poder político trata de justificarse en el pasado con una visión unilateral fuertemente polémica. Los autores afirman que se trata de años de trabajo, en los que tuvieron veinticinco entrevistas de muchas horas cada una, así como realizaron una extensa revisión de archivos. Todo ello se concreta en un casuístico resumen, junto a un prolijo índice nominal que es muy poco frecuente en la bibliografía histórica argentina. Para sorpresa del lector, las guías de sus capítulos remiten a relatos cuya singularidad esencial es eludir la visión desde el presente, a pesar de que los diálogos reconstruidos por la memoria puedan cuestionar la calidad de aquellos, más literaria que histórica. La condición exigida por Anguita y Caparrós a quienes relatan sus experiencias exigió que no incluyeran en la memoria sus opiniones actuales; es decir, sin otra perspectiva que la del pasado personal de cada uno, para contribuir así al aporte histórico. No todos lo aceptaron, pero quienes se comprometieron con esa regla, pudieron reflexionar ulteriormente en un acápite sobre el pasado vivido, desde el balcón del presente.
El resultado de tan singular emprendimiento es sorprendente, en la medida que arroja luz adecuada sobre la historia de la violencia en el país contemporáneo, con la franqueza propia de los años jóvenes. En numerosas ocasiones, los relatos abordan la muerte del adversario como parte de una estrategia necesaria hacia la sociedad-paraíso; se lamenta por haber constituido un error, como en el caso de Arturo Mor Roig, "que no hacía falta, pues estaba muerto políticamente", o se advierte una gran desorganización que impide el análisis de situaciones con imprescindible objetividad. Así se llega al escenario dramático del 1º de mayo de 1974, cuando Juan Domingo Perón expulsa enérgicamente a los Montoneros, el "brazo armado del peronismo", de la plaza histórica. Los relatos asumen para esa circunstancia un carácter de excepción, pues recogen las descalificaciones que la organización guerrillera expresó en aquellas horas del "viejo traidor". Son los duros años 70, que la gestión pública actual trata de eludir para dibujar otra historia a la medida de su propuesta política.
En el segundo volumen, el editor consigna con acierto que La voluntad es "una postal de las expresiones concluyentes de una época mítica, controvertida y virulenta, y una profunda indagación sobre la existencia cotidiana de esos jóvenes revolucionarios". Pero ese resumen, más literario que realista, contiene una visión objetiva múltiple que debería ser atendida por quienes hoy tratan de apelar a la visión unilateral del pasado para fundar una política a tres décadas de aquel tiempo.
Lógicamente, la tarea de Anguita y Caparrós no es una memoria de observadores suizos sobre la crisis argentina, pues no siempre el armado de tan inmenso esfuerzo compilador de experiencias puede escapar a la propia ideología. Sin embargo, es bastante más considerable el aporte a la gran obra histórica que todavía está faltando. Quizá la presentación editorial no sea la mejor adecuada para atraer a lectores más preocupados por objetividad y, mucho menos, a quienes siguen enredados en la compleja teoría de los dos demonios, que no fueron tales, sino apenas los protagonistas de la guerra sucia. (c) LA GACETA
El resultado de tan singular emprendimiento es sorprendente, en la medida que arroja luz adecuada sobre la historia de la violencia en el país contemporáneo, con la franqueza propia de los años jóvenes. En numerosas ocasiones, los relatos abordan la muerte del adversario como parte de una estrategia necesaria hacia la sociedad-paraíso; se lamenta por haber constituido un error, como en el caso de Arturo Mor Roig, "que no hacía falta, pues estaba muerto políticamente", o se advierte una gran desorganización que impide el análisis de situaciones con imprescindible objetividad. Así se llega al escenario dramático del 1º de mayo de 1974, cuando Juan Domingo Perón expulsa enérgicamente a los Montoneros, el "brazo armado del peronismo", de la plaza histórica. Los relatos asumen para esa circunstancia un carácter de excepción, pues recogen las descalificaciones que la organización guerrillera expresó en aquellas horas del "viejo traidor". Son los duros años 70, que la gestión pública actual trata de eludir para dibujar otra historia a la medida de su propuesta política.
En el segundo volumen, el editor consigna con acierto que La voluntad es "una postal de las expresiones concluyentes de una época mítica, controvertida y virulenta, y una profunda indagación sobre la existencia cotidiana de esos jóvenes revolucionarios". Pero ese resumen, más literario que realista, contiene una visión objetiva múltiple que debería ser atendida por quienes hoy tratan de apelar a la visión unilateral del pasado para fundar una política a tres décadas de aquel tiempo.
Lógicamente, la tarea de Anguita y Caparrós no es una memoria de observadores suizos sobre la crisis argentina, pues no siempre el armado de tan inmenso esfuerzo compilador de experiencias puede escapar a la propia ideología. Sin embargo, es bastante más considerable el aporte a la gran obra histórica que todavía está faltando. Quizá la presentación editorial no sea la mejor adecuada para atraer a lectores más preocupados por objetividad y, mucho menos, a quienes siguen enredados en la compleja teoría de los dos demonios, que no fueron tales, sino apenas los protagonistas de la guerra sucia. (c) LA GACETA







