23 Julio 2006 Seguir en 

Esta reedición de Cuando éramos felices, de Isidoro Blaisten, originalmente publicado en 1992, contiene 14 ensayos divididos en 5 secciones. Todo el volumen está atravesado por el humor que siempre caracterizó al autor de DublÃn al sur y Cerrado por melancolÃa, dos de sus libros más famosos. Acá, la apuesta ensayÃstica es claramente narrativa, y desde el principio, la voz del autor tratará de recobrar el tiempo perdido de la infancia a través de esas cosas que nunca nos explican y que de alguna forma terminarán definiendo nuestro futuro. La presencia de una gran familia con muchas hermanas (una de ellas casi famosa, que le dará su primer trabajo de escriba) hará del libro una suerte de memoire encubierta, llena del afecto que produce toda evocación cariñosa. â??Es una lástima que nadie se bañe dos veces en el mismo rÃoâ?, sostiene en un momento Blaisten, parafraseando a Heráclito.
Por otra parte, las viñetas autobiográficas, la evocación tierna y el humor sutil nunca son utilizados para hacer un culto a la personalidad del autor, a diferencia de tantos otros casos en las letras nacionales. Blaisten jamás utiliza el púlpito del texto para hacer declaraciones grandilocuentes, y sÃ, a veces, para saldar deudas como cuando en el prólogo reconoce que una de las presencias más constantes a lo largo de todo el libro es la figura de Borges.
Hacia el final del libro, aparece el recuerdo de un profesor de historia que solÃa pedirles precisión en el lenguaje y lo ejemplificaba con apotegmas espartanos. En uno de ellos quizá se resume toda la poética de Blaisten: â??El embajador que fue a pedir vÃveres a los espartanos habló tanto, alumnos, que cuando terminó, los espartanos le dijeron: â??Hemos olvidado el principio, no hemos comprendido el medio y el final no nos gustaâ??â?. (c) LA GACETA
Por otra parte, las viñetas autobiográficas, la evocación tierna y el humor sutil nunca son utilizados para hacer un culto a la personalidad del autor, a diferencia de tantos otros casos en las letras nacionales. Blaisten jamás utiliza el púlpito del texto para hacer declaraciones grandilocuentes, y sÃ, a veces, para saldar deudas como cuando en el prólogo reconoce que una de las presencias más constantes a lo largo de todo el libro es la figura de Borges.
Hacia el final del libro, aparece el recuerdo de un profesor de historia que solÃa pedirles precisión en el lenguaje y lo ejemplificaba con apotegmas espartanos. En uno de ellos quizá se resume toda la poética de Blaisten: â??El embajador que fue a pedir vÃveres a los espartanos habló tanto, alumnos, que cuando terminó, los espartanos le dijeron: â??Hemos olvidado el principio, no hemos comprendido el medio y el final no nos gustaâ??â?. (c) LA GACETA
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