La autoridad vista en su realidad y no por preferencias ideológicas

Por Jorge Estrella. FILOSOFIA.

23 Julio 2006
Kòjeve es un filósofo ruso nacido en 1902 pero trasladado tempranamente a Berlín, en 1919. Su seminario sobre la Fenomenología del Espíritu atrajo alumnos tan diversos como Jacques Lacan, Raymond Aron, Georges Bataille, Maurice Merleau-Ponty. Una presentación de François Terré (erudita, cursi, aburrida) ubica la escritura de este libro en 1942.
Aunque hegeliano, Kòjeve es autor legible. Pero claro, fiel a su inspiración, sostendrá que su análisis fenomenológico es â??completoâ?; que su estudio metafísico â??vincula el fenómeno de la autoridad con la estructura fundamental del Mundo objetivamente realâ?; que la teoría tiene una â??justificación últimaâ? en el análisis ontológico que â??estudia la estructura del Ser en cuanto talâ? (p. 33).
Por desalentador que sea tener que leer estos desatinos iniciales, sin embargo, puesto a trabajar en el tema de la autoridad Kòjeve muestra talento filosófico para adentrarse en su laberinto.
A su juicio, hay (aunque entremezcladas en los hechos) cuatro formas puras de autoridad ejercidas por: el amo, el jefe, el juez, el padre. Cada una de ellas ha tenido su teoría que la defiende y que encontró apoyo en asuntos muy diferentes. Así, la autoridad del amo (ejemplos: del noble sobre el villano; del militar sobre el civil; del hombre sobre la mujer) nace de la lucha a muerte por el reconocimiento de su dignidad: â??el futuro Amo enfrenta la prueba de la Lucha y el Riesgo, mientras que el futuro Esclavo no llega a dominar su temor animal de la muerteâ? (p. 44). La teoría propuesta por Hegel es válida en este reducido núcleo de la autoridad del amo sobre el esclavo. La autoridad del jefe, por ejemplo, puede ser ejercida ante hombres socialmente iguales. Y es, por ello, distinta de la autoridad del amo. La autoridad del jefe no se funda en el riesgo (como la del amo) sino en el conocimiento. Es la autoridad del civilizado sobre el bárbaro, de quien sabe sobre quienes no saben. Según Kòjeve, es aquí Aristóteles quien apadrina la teoría de la autoridad fundada en el conocimiento y que se expresa -a su juicio- en la autoridad del jefe sobre la banda: â??da cuenta del dux, del Duce, del Führer, del líder, etc.â?. Es difícil seguir al autor en este segundo grupo de formas puras de autoridad. ¿Acaso el técnico actual, el que sabe sobre un asunto específico, puede asimilarse al estilo de autoridad del Jefe sobre su banda? Normalmente el técnico no ocupa el lugar de los jefes. Y suele recurrirse a él incluso como un subalterno.
Un tercer grupo de individuos con autoridad es el de árbitros o jueces. Ni el riesgo ni el conocimiento están en la base de su autoridad, sino su imparcialidad. Platón dirá que toda autoridad debe fundarse en la justicia. Y nuevamente (como las teorías de Hegel y de Aristóteles) tenemos -según el autor- una teoría limitada que refiere un tipo puro pero limitado de autoridad.
Finalmente, la autoridad del padre conformaría un cuarto grupo. La teoría teológica escolástica, por ej., da cuenta de ella mejor que las tres anteriores mencionadas. No son aquí el riesgo, la previsión o la equidad un apoyo para la autoridad del padre, sino su condición de causa.
Limitaciones de espacio hacen que me detenga aquí. Se trata de un libro que prestigia la filosofía por su voluntad de examinar la noción de autoridad atendiendo a su realidad más que a las preferencias ideológicas del autor. Aquí va una muestra, su definición de autoridad: â??la autoridad es la posibilidad que tiene un agente de actuar sobre los demás sin que esos otros reaccionen contra él, siendo totalmente capaces de hacerloâ? (p. 36). (c) LA GACETA

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