
Antonin Artaud, escritor, poeta, actor y director de teatro francés (1896-1948) trascendió las fronteras de su país y es reconocido entre los estudiosos y creadores teatrales por sus escritos teóricos, verdadero manifiesto sobre una renovación de la estética escénica, reunidos bajo el nombre de El teatro y su doble (1938). Allí combate el teatro dominante en su época, narrativo y psicológico, y propugna la vuelta a un teatro de violencia mítica y belleza mágica, que exponga los conflictos más profundos del ser humano, no sólo con la palabra, sino con el lenguaje inexplorado de los gestos y los movimientos. Artaud busca un teatro de atmósfera y sugestión, que se dirija más a los sentidos que a la razón. Nacido en Marsella, se instaló en París en 1920, donde trabajó como actor bajo la dirección de Charles Dullin, entre otros, y participó en algunas películas importantes. En 1924 se unió al surrealismo, con el que rompió en 1927, movimiento que influyó en sus planteos teóricos y en su dramaturgia. Algunas de sus piezas corresponden a otro movimiento, el dadá, encabezado por el poeta rumano Tristán Tzara. Su postulado más conocido es el del Teatro de la Crueldad, interpretada esta no como cosa de sadismo o de sangre -al menos no de forma exclusiva-, sino como la unión indisoluble del bien y del mal, la simultaneidad inmediata de su presencia, el hecho de que no se pueda descubrir entre ambos anterioridad alguna, y de que el uno no pueda manifestarse sin el otro.
Esta edición bilingüe de Los Cenci -versión original completa en francés y en español- contiene un prólogo firmado por María Esther Vázquez, en el que rescata opiniones sobre Artaud de la escritora Victoria Ocampo -la Fundación Editorial lleva su nombre- y donde se abunda en otros detalles de la vida y la obra del dramaturgo. Incluye notas de Artaud sobre su pieza y dos cartas, una dirigida a André Gide y otra a Jean-Louis Barrault, quien dirigió Los Cenci (1935) en el Théâtre de la Cruauté, espectáculo en el que Artaud, fundador de esa sala teatral, desempeñaba el papel de Cenci, que no tuvo éxito. Al fracaso, que fue también económico y provocó la ruina del autor, siguieron graves depresiones y, finalmente, su internación en un sanatorio psiquiátrico (1937 a 1946).
Los Cenci, texto dramático de Artaud basado en una narración de Stendhal y una tragedia de Percy Bysshe Shelley, poeta romántico inglés, se corresponde con sus postulados sobre la crueldad. Se desarrolla en un ambiente de anarquía moral absoluta. Cenci padre lleva adelante un macabro plan impelido a concretar el mal por predestinación y por principio, multiplicado ese placer al obligar a sus cortesanos a oír el relato de sus actos indignos. Se regodea con la muerte de sus hijos y la violación incestuosa de su hija Beatriz, cumpliendo así con su designio de destruir la familia y atentar contra la existencia de la cultura y del grupo social. Beatriz trama el asesinato de su padre para aniquilar el mal que la sobrepasa. Condenada por esto "acepta el crimen... pero niega la culpabilidad". Y reflexiona: "Todo muere porque el mundo arde, incierto, entre el bien y el mal".
La crueldad planteada por Artaud en sus escritos teóricos cobra cuerpo en las situaciones dramáticas, en los diálogos corrosivos, en los sonidos de campanadas agoreras, en los recovecos y laberintos en que se desarrolla la acción, en las tinieblas y los vapores que plantea como climas y entornos, componiendo un friso cruel, pero también angustiante, denso y desesperanzado. (c) LA GACETA







