Filosofía: presencia de los clásicos
Por Coriolano Fernández, para LA GACETA - BUENOS AIRES. Pero la presencia no es cosa de siempre. El vago azar o las secretas leyes ofrecen ediciones encuadernadas, sin nombre de traductor ni aparato crítico. Hay que evitarlas, porque en ellas sólo habita la ausencia de los clásicos.
PLATON Y ARISTOTELES. Un detalle de “La Escuela de Atenas”, de Rafael.
09 Julio 2006 Seguir en 

B orges menciona el vago azar o las secretas leyes que rigen el universo y el destino. ¿Vale para nuestra tarea? Sí.
El periodismo suele dejar hilos sueltos, pues nunca alcanzaremos -felizmente- a presentar el tejido completo. En materia bibliográfica los hilos sueltos son aquellos libros que, vencidos por el azar o las secretas leyes, quedaron huérfanos de comentario, pero respiran las condiciones que Harold Bloom pide para cuanto lee y enseña: esplendor estético, sabiduría y fuerza intelectual.
Se dirá que en filosofía el esplendor estético debe ir en tercer lugar. Pudiera ser, pero lo cierto es que hay en los grandes filósofos auténtica belleza, severa en Aristóteles o Spinoza, luminosa en Platón o San Agustín.
Los hilos sueltos se pueden recuperar, por ejemplo, si son griegos. Porque la filosofía fue una niña precoz, al nacer empezó a hablar en griego y ese origen es decisivo; clásicos hay en todas las épocas, incluso en la nuestra, tan vapuleada, pero los griegos son algo así como los padres de los clásicos, los "metaclásicos"... y no sólo en filosofía.
Para algunos la verdadera revolución filosófica de los griegos residiría en los problemas planteados y no en la formulación de las respuestas. Es una tesis errónea, resultado de una suerte de veneración casi religiosa de las preguntas.
Los griegos son admirables en los problemas y en las respuestas, a veces más en las respuestas, que siguen paradigmas del filosofar; y sin esas respuestas no hubiera habido historia de la filosofía.
Y pues nombramos a Aristóteles, empecemos con él. Sudamericana publicó en 2000 la segunda edición de la Metafísica, versión española de Hernán Zucchi (1917-2000), de fecunda labor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Hasta donde sé, es el único filósofo argentino que encaró esta tarea.Es decisiva en Aristóteles la noción de ousía, vocablo griego traducido por sustancia o por esencia o por entidad. Zucchi desecha las tres y mantiene la palabra sin traducir.
Como se sabe, la investigación culmina en el famoso libro XII, donde Aristóteles demuestra la existencia de Dios o Primer Motor Inmóvil como un ser viviente, eterno y supremo. Sin perjuicio de la importancia del XII, Zucchi en su Introducción se detiene en el libro VI y analiza el planteo aristotélico de una posible ousía inmóvil, sin materia, eterna y divina: si existiera ese ente, entonces la ciencia que lo estudia se valdría de esa circunstancia para comprender la estructura de todo ente, la esencia universal del "ente en cuanto ente", según la célebre expresión aristotélica.
Cada libro -en el sentido de lo que habitualmente llamamos capítulo- va precedido de un sumario redactado por Zucchi, excelente instrumento para encarar una lectura de suyo muy difícil, como se ilustra en nuestro párrafo anterior. Para esta nueva edición tanto la versión como los sumarios fueron enteramente revisados por el traductor.
Seguimos con el Estagirita. Una versión de la Poética apareció en 2004 en la editorial argentina Colihue. La traducción es de Eduardo Sinnott y suyos son también la introducción y un sólido aparato crítico de casi ¡mil notas!, las que a mi juicio debieron ser agrupadas al final, pues al pie de página dificultan la lectura.
La Poética es en rigor una filosofía del arte; poíesis significa producción, fabricación. Poética, dice Sinnott, es un adjetivo que sobreentiende un sustantivo y el sustantivo es tekhné, que significa arte, o mejor, artesanía.
Aristóteles presenta en forma sistemática la tekhné en que el saber del poeta consiste, porque la tekhné no es irreflexiva ni azarosa, sino una capacidad intelectual adquirida mediante el aprendizaje y ejercida según reglas.
Estudia la épica y sobre todo la poesía trágica: el alma de la tragedia es la trama o relato, que es la composición de las acciones. Y aparecen dos nociones básicas: mimesis y catarsis.
La mimesis no es mera imitación. El arte no reproduce pasivamente las cosas, las recrea según una nueva dimensión. El arte puede desvincularse de la realidad y presentar hechos y personajes como podrían o deberían haber sido, puede incluso presentar mentiras y falacias, pero a condición de que convierta lo imposible en verosímil. Escribe Aristóteles: "Se debe preferir las cosas imposibles verosímiles a las posibles increíbles".La catarsis es purgación, purificación. En el teatro, el espectador experimenta en sí mismo la piedad y el temor del héroe de la tragedia y queda así purificado de sus pasiones.
¿Es posible leer hoy a los griegos y "conversar" con ellos? Como toda lectura se hace desde cierto horizonte de sentido, María Isabel Santa Cruz, Graciela Marcos y Silvana Di Camillo se han propuesto examinar las estrategias de interpretación que siguen los antiguos al leer a los antiguos.
¿Qué significa esto? Abordar los análisis de Platón frente a sus antecesores y a los Sofistas, de Aristóteles frente a Platón y, por fin, de Plotino frente a Platón y Aristóteles.
María Isabel, Graciela y Silvana son profesoras e investigadoras en Filosofía Antigua, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cátedra donde brillaron en las últimas décadas Conrado Eggers Lan, Carlos Herrán y Francisco Olivieri. Excelentes herederas, ellas concretan su trabajo como compiladoras de un volumen colectivo, titulado justamente Diálogo con los griegos (Colihue, 2004).
Marcos enfoca a Platón, tenaz adversario de los sofistas y defensor de los filósofos. Analiza la definición del sofista que hace el ateniense en El Sofista: un fabricante de apariencia en el terreno de los discursos. Pero cuando Platón dibuja el perfil del filósofo, señala Marcos, se acerca peligrosamente a las filas de sus adversarios. El filósofo y el sofista están, pues, inextricablemente ligados.
¿Es Aristóteles un buen historiador de la filosofía? Di Camillo muestra que sí, a partir del silogismo dialéctico: un razonamiento que parte de premisas plausibles, pero carece de la evidencia de la deducción. La dialéctica permite desarrollar ambos lados de una aporía y reconocer la verdad y la falsedad. Así, la historiografía de Aristóteles sigue siendo un método muy valioso.
A su turno, Santa Cruz pone a Plotino, el más fiel de los platónicos, frente a Aristóteles, el gran crítico de Platón. Plotino utilizaba en su escuela el trabajo aristotélico sobre las Categorías y lo veía como un escrito de metafísica, no de lógica. Reduce las categorías a cinco (sustancia, cantidad, cualidad, relación y movimiento) que se corresponden con los cinco géneros de lo inteligible, pero no derivan de ellos. Plotino, pues, a Platón lo elogia, pero a Aristóteles lo corrige, propone argumentos antiaristotélicos a partir de principios aristotélicos. Y esto es un hito en la historia de la transformación del legado de Aristóteles.
Además de las mencionadas, hay en el libro otras agudas ponencias de estudiosos vinculados, por docencia o investigación, a la cátedra de Filosofía Antigua.
También Santa Cruz, con la colaboración de Di Camillo e Inés Crespo, hizo una traducción del escrito aristotélico Sobre las ideas, texto que existió y circuló en la antigüedad, luego se perdió, pero se ha podido reconstruir parte de su contenido. Lo editó Eudeba, en 2000, bajo el título de Las críticas de Aristóteles a Platón en el tratado "Sobre las ideas".
Presencia de los clásicos. ¿Siempre? No siempre. El vago azar o la secretas leyes ofrecen ediciones, encuadernadas, sin nombre de traductor y carentes de aparato crítico. Va de suyo el consejo de evitarlas, porque en ellas sólo habita la ausencia de los clásicos. (c) LA GACETA
El periodismo suele dejar hilos sueltos, pues nunca alcanzaremos -felizmente- a presentar el tejido completo. En materia bibliográfica los hilos sueltos son aquellos libros que, vencidos por el azar o las secretas leyes, quedaron huérfanos de comentario, pero respiran las condiciones que Harold Bloom pide para cuanto lee y enseña: esplendor estético, sabiduría y fuerza intelectual.
Se dirá que en filosofía el esplendor estético debe ir en tercer lugar. Pudiera ser, pero lo cierto es que hay en los grandes filósofos auténtica belleza, severa en Aristóteles o Spinoza, luminosa en Platón o San Agustín.
Los hilos sueltos se pueden recuperar, por ejemplo, si son griegos. Porque la filosofía fue una niña precoz, al nacer empezó a hablar en griego y ese origen es decisivo; clásicos hay en todas las épocas, incluso en la nuestra, tan vapuleada, pero los griegos son algo así como los padres de los clásicos, los "metaclásicos"... y no sólo en filosofía.
Para algunos la verdadera revolución filosófica de los griegos residiría en los problemas planteados y no en la formulación de las respuestas. Es una tesis errónea, resultado de una suerte de veneración casi religiosa de las preguntas.
Los griegos son admirables en los problemas y en las respuestas, a veces más en las respuestas, que siguen paradigmas del filosofar; y sin esas respuestas no hubiera habido historia de la filosofía.
Y pues nombramos a Aristóteles, empecemos con él. Sudamericana publicó en 2000 la segunda edición de la Metafísica, versión española de Hernán Zucchi (1917-2000), de fecunda labor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Hasta donde sé, es el único filósofo argentino que encaró esta tarea.Es decisiva en Aristóteles la noción de ousía, vocablo griego traducido por sustancia o por esencia o por entidad. Zucchi desecha las tres y mantiene la palabra sin traducir.
Como se sabe, la investigación culmina en el famoso libro XII, donde Aristóteles demuestra la existencia de Dios o Primer Motor Inmóvil como un ser viviente, eterno y supremo. Sin perjuicio de la importancia del XII, Zucchi en su Introducción se detiene en el libro VI y analiza el planteo aristotélico de una posible ousía inmóvil, sin materia, eterna y divina: si existiera ese ente, entonces la ciencia que lo estudia se valdría de esa circunstancia para comprender la estructura de todo ente, la esencia universal del "ente en cuanto ente", según la célebre expresión aristotélica.
Cada libro -en el sentido de lo que habitualmente llamamos capítulo- va precedido de un sumario redactado por Zucchi, excelente instrumento para encarar una lectura de suyo muy difícil, como se ilustra en nuestro párrafo anterior. Para esta nueva edición tanto la versión como los sumarios fueron enteramente revisados por el traductor.
Seguimos con el Estagirita. Una versión de la Poética apareció en 2004 en la editorial argentina Colihue. La traducción es de Eduardo Sinnott y suyos son también la introducción y un sólido aparato crítico de casi ¡mil notas!, las que a mi juicio debieron ser agrupadas al final, pues al pie de página dificultan la lectura.
La Poética es en rigor una filosofía del arte; poíesis significa producción, fabricación. Poética, dice Sinnott, es un adjetivo que sobreentiende un sustantivo y el sustantivo es tekhné, que significa arte, o mejor, artesanía.
Aristóteles presenta en forma sistemática la tekhné en que el saber del poeta consiste, porque la tekhné no es irreflexiva ni azarosa, sino una capacidad intelectual adquirida mediante el aprendizaje y ejercida según reglas.
Estudia la épica y sobre todo la poesía trágica: el alma de la tragedia es la trama o relato, que es la composición de las acciones. Y aparecen dos nociones básicas: mimesis y catarsis.
La mimesis no es mera imitación. El arte no reproduce pasivamente las cosas, las recrea según una nueva dimensión. El arte puede desvincularse de la realidad y presentar hechos y personajes como podrían o deberían haber sido, puede incluso presentar mentiras y falacias, pero a condición de que convierta lo imposible en verosímil. Escribe Aristóteles: "Se debe preferir las cosas imposibles verosímiles a las posibles increíbles".La catarsis es purgación, purificación. En el teatro, el espectador experimenta en sí mismo la piedad y el temor del héroe de la tragedia y queda así purificado de sus pasiones.
¿Es posible leer hoy a los griegos y "conversar" con ellos? Como toda lectura se hace desde cierto horizonte de sentido, María Isabel Santa Cruz, Graciela Marcos y Silvana Di Camillo se han propuesto examinar las estrategias de interpretación que siguen los antiguos al leer a los antiguos.
¿Qué significa esto? Abordar los análisis de Platón frente a sus antecesores y a los Sofistas, de Aristóteles frente a Platón y, por fin, de Plotino frente a Platón y Aristóteles.
María Isabel, Graciela y Silvana son profesoras e investigadoras en Filosofía Antigua, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cátedra donde brillaron en las últimas décadas Conrado Eggers Lan, Carlos Herrán y Francisco Olivieri. Excelentes herederas, ellas concretan su trabajo como compiladoras de un volumen colectivo, titulado justamente Diálogo con los griegos (Colihue, 2004).
Marcos enfoca a Platón, tenaz adversario de los sofistas y defensor de los filósofos. Analiza la definición del sofista que hace el ateniense en El Sofista: un fabricante de apariencia en el terreno de los discursos. Pero cuando Platón dibuja el perfil del filósofo, señala Marcos, se acerca peligrosamente a las filas de sus adversarios. El filósofo y el sofista están, pues, inextricablemente ligados.
¿Es Aristóteles un buen historiador de la filosofía? Di Camillo muestra que sí, a partir del silogismo dialéctico: un razonamiento que parte de premisas plausibles, pero carece de la evidencia de la deducción. La dialéctica permite desarrollar ambos lados de una aporía y reconocer la verdad y la falsedad. Así, la historiografía de Aristóteles sigue siendo un método muy valioso.
A su turno, Santa Cruz pone a Plotino, el más fiel de los platónicos, frente a Aristóteles, el gran crítico de Platón. Plotino utilizaba en su escuela el trabajo aristotélico sobre las Categorías y lo veía como un escrito de metafísica, no de lógica. Reduce las categorías a cinco (sustancia, cantidad, cualidad, relación y movimiento) que se corresponden con los cinco géneros de lo inteligible, pero no derivan de ellos. Plotino, pues, a Platón lo elogia, pero a Aristóteles lo corrige, propone argumentos antiaristotélicos a partir de principios aristotélicos. Y esto es un hito en la historia de la transformación del legado de Aristóteles.
Además de las mencionadas, hay en el libro otras agudas ponencias de estudiosos vinculados, por docencia o investigación, a la cátedra de Filosofía Antigua.
También Santa Cruz, con la colaboración de Di Camillo e Inés Crespo, hizo una traducción del escrito aristotélico Sobre las ideas, texto que existió y circuló en la antigüedad, luego se perdió, pero se ha podido reconstruir parte de su contenido. Lo editó Eudeba, en 2000, bajo el título de Las críticas de Aristóteles a Platón en el tratado "Sobre las ideas".
Presencia de los clásicos. ¿Siempre? No siempre. El vago azar o la secretas leyes ofrecen ediciones, encuadernadas, sin nombre de traductor y carentes de aparato crítico. Va de suyo el consejo de evitarlas, porque en ellas sólo habita la ausencia de los clásicos. (c) LA GACETA
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