El teatro en Tucumán, en un serio trabajo

Por Roberto Espinosa. Investigación que parte desde los orígenes.

09 Julio 2006

No se puede saber hacia dónde se va si no se conoce el propio pasado. En el arte, como en la vida del ser humano, no existe la generación espontánea. Todos tenemos un origen y el que no lo conoce va detrás de este en una búsqueda constante. Somos la consecuencia de procesos históricos, económicos, sociales, que son los que pautan nuestra cotidianeidad y el futuro. Sin memoria, sin historia, no puede haber identidad. Por esa razón, siempre es saludable cuando en una comunidad hay quienes se preocupan por reconstruir la memoria, por preservar la historia, como sucede con "Tucumán es teatro", un libro cuya investigación y publicación ha sido impulsada por la Fundación Grupo Cultural Wayra Killa y el Instituto Nacional del Teatro. "El teatro es la memoria de quien asistió a una ceremonia teatral en cualquiera de sus versiones? Para quien la vive es una obviedad decir que la tradición teatral en Tucumán tiene una rica historia y profundas raíces. Conocer los pormenores y el devenir de esa historia es sentar las bases de una identidad teatral que hace del teatro tucumano un complejo sistema de representación de su identidad cultural? Será imposible abarcar toda la riqueza de esa historia y muy difícil de traducirla para el público. Pero valen todos los intentos?", señala el actor y director teatral Oscar Németh, integrante de la fundación.
La obra se inicia con una investigación realizada por el director y actor Juan Antonio Tríbulo, que se remonta a 1838, cuando se construyó el primer teatro de Tucumán durante la gobernación de Alejandro Heredia. En un notable trabajo, que se divide en tres partes, el autor va reconstruyendo la historia teatral y menciona las primeras puestas, los autores y grupos locales. Así relata que Alejandro Warnes fue el primer autor residente en Tucumán que estrenó dos piezas en 1890 en el teatro Belgrano (actualmente la Casa de la Cultura, San Martín 251). Menciona las compañías profesionales que pasaron por los teatros Alberdi y San Martín, inaugurados en 1912, y el influjo que tuvieron en los intelectuales y artistas locales. Nada queda librado al azar: la actividad en los colegios secundarios, en el interior de la provincia, el circo criollo, el radioteatro, los elencos aficionados y filodramáticos, las estudiantinas, el teatro profesional, el cine, los grupos independientes y el universitario, los cursos y seminarios, las instituciones, los organismos oficiales... Tríbulo incluye una cronología bastante completa de puestas estrenadas entre 1859 y 2004.
"Tratar de escribir la historia del teatro de una provincia argentina, en este caso la de Tucumán, se torna difícil, pues hay muy poco escrito anteriormente y en forma incompleta. Tampoco contamos con los textos dramáticos, sólo con muy pocos que han sido editados o libretos originales conservados? las antiguas bibliotecas han sido devastadas, las colecciones privadas destruidas o incompletas y la memoria de los protagonistas que hemos tenido la suerte de entrevistar, a veces frágil", escribe Tríbulo, quien aclara que en este excelente trabajo no se han incluido las cronologías de estrenos de las obras para niños porque es "un área específica que requiere un estudio particular, como el iniciado por María Eugenia Virla, en colaboración con Honoria Zelaya de Nader".
Mauricio Tossi toma el período 1958-1976, al que define "En busca de una territorialidad". Parte de la creación del Consejo Provincial de Difusión Cultural, creado por Julio Ardiles Gray, que durante 19 años -hasta que Bussi lo cerró- dio un impulso innovador en materia de política cultural. "Cuando una institución cultural está sometida a la verticalidad del Ejecutivo, a sus contadores y demás, el presupuesto nunca alcanza. Y el problema principal es que no se puede hacer educación y cultura sin fondos", afirma Ardiles Gray en una entrevista realizada por Tossi. El investigador analiza las distintas poéticas teatrales que se desarrollaron en ese período, especialmente el afianzamiento del teatro llamado "tucumano", que intenta reflejar en las tablas nuestra idiosincrasia inmersa en los avatares sociales y económicos.
Gladys Mottes reflexiona sobre la ciudad teatral en los noventa. Evoca las distintas salas donde se desarrolló la actividad y muestra cómo el teatro fue conquistando otros ámbitos, tales como los bares, los museos y los patios de los shoppings. La última parte del libro está dedicada a los pujantes grupos independientes que florecieron en los últimos años, con sus diferentes estéticas."Tucumán es teatro", que se distribuye en forma gratuita, es un incalculable aporte, no sólo a este quehacer artístico, sino también a la cultura provincial. (c) LA GACETA

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