
Bernardo Navarro fue un niño bien sediento de aventuras, mas no necesariamente sediento de aventuras amorosas susceptibles de ser narradas en las sobremesas de cenas bien regadas. Bernardo Navarro fue, digámoslo, un mozo de acción y un hombre cabal, alguien bien capaz de esgrimir sus razones con más énfasis que cálculo y, si cuadraba, de defenderlas con su propio cuerpo.
Navarro, sanjuanino de nacimiento y trotamundos por elección, fue soldado de esta y aquella causa (de hecho, devino en el mayor Navarro), indio entre los indios, seductor en las tertulias, implacable en refriegas y batallas y, pavada de distinción, personaje destacado en el mismísimo "Facundo". Hay que ver la admiración con que Sarmiento se refiere al "malogrado joven" que propicia cuatro sustanciosas páginas a las que califica de "digresión en favor de su memoria" (la del mayor Navarro).
Pues bien, Leonardo Javier Valle asume el desafío de multiplicar los signos vistos y entrevistos en la prosa de Sarmiento, rastrea los pasos de Navarro, los reconstruye, perfila sus trazos gruesos, delinea las referencias laterales, honra sus diferentes intensidades y, al cabo termina por gestar el texto que obtuvo por unanimidad el Primer Premio en el Concurso Novela Joven de la Fundación Aerolíneas Argentinas.
De prosa bien cuidada y bien llevada, el joven Valle se interna airosamente en las siempre riesgosas geografías de la novela histórica y, de tal suerte, su Navarro histórico y su Navarro novelado se vinculan sin apremios, se consienten, se reclaman, armonizan y, al cabo, invitan a una lectura minuciosa y, acaso, gozosa. (c) LA GACETA







