
Asentado en una memoria vigilante y selectiva, por cierto, este poemario de Willy Bouillon, poeta laureado y periodista de relieve también, cierra una trilogía cuyos títulos anteriores fueron "Final de universo" (1989) y "Horizonte de suceso" (1999). Los tentáculos de la inteligencia y la sensibilidad apresan aquí, en su verdadero núcleo, lo esencial e intransferible del fenómeno poético, una poesía, por lo demás, al servicio de sí misma, lo que cabe destacar.
Porque no se trata del lamento o, para ir a otro extremo, de un mensaje expreso o subliminal.
Sujeto y objeto se confunden en algo que ha tenido por fuente la experiencia que la vida ha ido decantando a través de los tiempos y los espacios elegidos por el poeta. Así desfilan por sus páginas, para hablar de nombres propios, Escipión y Blanche Dubois, Shelley y Plinio el Joven, Crusoe y Estrabón, la ínsula Barataria y Dublin, Abisinia, Hölderlin y Sacrdanelli y Guillermo Tell. Todos estos personajes, como las sensaciones y emociones que suscitan, se recogen dentro de los términos de una conciencia absoluta, título del último poema, y que transcribo: "Mira a aquel que miro con tus ojos. / Hazte a un lado y dibuja / el contorno de su rostro / en alguna pared. / Mañana ya no estará allí. / Y ninguno serás tú / quien mira la imagen / que ya no está". Lo mismo podría afirmarse del resto de los poemas, algunos de ellos cubiertos por la capa de un humor sutil, pero que perdura. Willy G. Bouillon ha escrito un gran libro, uno que va más allá de lo esperado dentro de nuestro panorama poético, y es bueno que así se sepa y se aprecie en su especial calidad. (c) LA GACETA







