Cuentos que llevan la nítida marca de Hawthorne

Por Eugenia Flores de Molinillo. Salvo uno de ellos, ilustran, en escenarios y situaciones distintas, el tema del héroe fáustico, que es uno de los favoritos del autor.

09 Julio 2006

El nombre de la editorial, Longseller, define su política de publicaciones, un best seller, aparte de la connotación peyorativa que ha adquirido en español tras tantos éxitos efímeros, es el libro -muchas veces excelente, y que lo digan Madame Bovary o Cien años de soledad-, que se vende mejor que otros apenas aparece, mientras que el longseller es el que se constituye en un éxito tal vez menos espectacular, pero de larga duración. Naturalmente, el best seller de buena factura puede llegar a longseller, como ha sucedido a veces con los clásicos.
Y Nathaniel Hawthorne (1804-1864) es un clásico. Su obra explora el alma humana en busca de los vericuetos donde habitan la culpa, la ambición por dominar los secretos de la naturaleza y de las pasiones ajenas, la venganza, todo ello atravesado por las obsesiones puritánicas que rigieron la vida de aquellos antepasados suyos en la vieja Salem de Nueva Inglaterra. Precisamente, él se empeñó en develar esa conducta como una forma de purgar el pecado que cometieron: haber enviado a la horca a diecinueve personas, supuestamente culpables de haber tenido trato con el demonio, en los días de la colonia, a fines del siglo XVII -y no XVIII, como dice el prologuista-.
Y aquí tendré que enmendarle la plana al prologuista -por otra parte muy solvente en la mayor parte de sus apreciaciones- en tres aspectos fundamentales: a) En la gran novela de Hawthorne, La letra escarlata (1850), no "se abordan abiertamente" aquellos juicios de brujería. Hay apenas una breve nota al pie sobre la hermana del gobernador, informando que años después sería acusada de brujería... me temo que el Prof. Mayer, autor del prólogo, se limitó a ver la película con Demi Moore y Gary Oldman, que mató a la novela con una sobredosis de sensacionalismo. b) Un tema importante en Hawthorne no es el "pecado innombrable" (p. 10), sino el del "pecado imperdonable", que queda definido justamente en esa bella novela: "violar la santidad del corazón humano", apropiándose de su intimidad mediante la violencia o el engaño. c) En cuanto a la crítica negativa que habría hecho Edgar Allan Poe respecto de lo alegórico de los cuentos de Hawthorne, convengamos que en su reseña a Historias dos veces contadas (1847) los alaba sin retaceos. Tal vez en otro texto... en cuyo caso adelanto mis disculpas. No es atribuible al prologuista un cuarto error, el de hacer que Hawthorne vaya a vivir a Brook Farm en 1941 (p. 22), cien años después de la fecha correcta.
Los cuentos que integran el cuidado volumen, eficazmente traducidos por Eduardo Stilman, tienen la marca de Hawthorne del principio al fin, y, salvo uno de ellos, ilustran, en escenarios y situaciones diferentes, uno de los temas favoritos de Hawthorne: el del héroe fáustico, es decir, el del protagonista que, como el Doctor Fausto, pierde su felicidad por querer saber más de lo que le es dado conocer en forma ordinaria, sin importarle a quién pueda herir en el proceso. Así, el doctor Heidegger induce a sus ancianos amigos a beber el elixir de la eterna juventud, con desastrosos resultados; Ethan Brand recorre el mundo en busca del Pecado Imperdonable y, para su perdición, lo encuentra; en su jardín, versión bella pero demonizada del Edén, Rappacini experimenta con flores venenosas que serán la desgracia de quien más ama; Walter Ludlow quiere su inmortalidad y la de su esposa a través de la magia de un pintor, con terribles consecuencias, y Wakefield, en el relato estrella de la colección, pionero de la metaficción, quiere saber qué hace su esposa en su ausencia... que se prolonga por veinte años. "El velo del ministro" se vincula más con el tema de la culpa, si bien lo ostentoso de tal sentimiento en el protagonista la coloca en un pedestal de soberbia que lo asemeja a los héroes de los restantes relatos. Si el lector quedara pidiendo más, lo invito a conseguir mis favoritos: "El joven Goodman Brown" y "La marca de nacimiento".
Como crítico de ciertos aspectos de la naturaleza humana vinculados con el uso del libre albedrío en lo moral y lo social, como detractor de la hipocresía y del destructivo sentimiento de culpa proveniente de la noción calvinista del hombre como criatura caída, como prosista cuidadoso y rico dentro de un tono que Poe calificó de "reposado", pero sobre todo como narrador impecable, capaz de reservar sus juicios para estimular a su lector. Hawthorne merece ser un longseller. (c) LA GACETA

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