
Como casi toda la producción de José Pablo Feinmann, El cine por asalto es una obra de difícil clasificación genérica. Al igual que el caso de sus Escritos imprudentes I y II (2002 y 2005; una selección de las crónicas periodísticas que quincenalmente aparecían en la contratapa de Página 12 sobre actualidad social y acontecimientos políticos), el origen de estos ensayos son las notas del autor sobre cine norteamericano publicadas desde el año 2000 en adelante en el suplemento Radar de Página 12. Un volumen titulado Pasiones de celuloide (Norma) reúne las que el mismo autor escribió antes de esa fecha.
La primera parte de este libro repite el funcionamiento de Pasiones...; es decir, se elige un tema (la guerra, las "Pelis de piratas", las "Grandes putas del cine", el terror, por dar algunos ejemplos), se selecciona un corpus de películas -da la sensación que el autor las elige a todas- y se despliega la mirada en torno de ese centro. Aquí la expresión "en torno" no es retórica: significa que el tema seleccionado opera como un refractor que le permite a Feinmann reflexionar filosóficamente, desenmascarar políticas y éticas norteamericanas en diferentes momentos del siglo XX, hacer un estudio de las representaciones culturales de la industria cinematográfica, repasar ciertos hechos de la historia, evocar la tradición literaria, etc. Así, estos verdaderos ensayos discurren entre asuntos como la construcción-Hollywood de la irracionalidad latinoamericana en la figura del latin lover, un caso cuya proyección alcanza a la seducción que ejercía la barbarie sobre Sarmiento. Otro ejemplo de expansión proliferante es el concepto del Mal encarnado en la figura del Diablo hollywoodense. Un capitulo titulado "El diablo está en todas partes, pero en el cine: como en ninguna" deviene un tratado de teología agustiniana contrapuesta a la filosofía romántica (en la figura de Hegel). Al inicio de ese capítulo se menciona la teoría de los dos demonios durante los años de la dictadura en Argentina; en él se considera, además, la configuración de este antiguo personaje en la obra literaria de Goethe y su proyección en la de Dostoievsky. Los ensayos "bifurcan" temas proyectándolos hacia espacios sorprendentes. Feinmann es, así como las películas de género que analiza, desbordante.
La segunda parte del libro, "Variaciones", está compuesta por una lectura profunda, emotiva, apasionada y a la vez crítica de directores (Ford, Soderbergh, Altman, Brian de Palma, Scorsese, Kubrick, etc.); por homenajes a estrellas ("Siempre te amaré, Virginia Mayo") y a actores; por estudios sobre el comportamiento de los villanos en Disney y, entre otros, por un agudo análisis que muestra cómo "Hollywood politiza, sin pudor, la historia".
El nombre del libro se inspira en una frase de Marx sobre los comuneros parisinos de 1871: "dispuestos a tomar el cielo por asalto". Así, la condensación semántica del título "El cine por asalto" nos sitúa en otro ámbito que el de la industria de los sueños; nos instala en el plano de la utopía política, al tiempo que anuncia la heterogeneidad genérica y anticipa el lugar de la mirada.
Los relatos de las películas se parecen al relato de los sueños: para despertar el interés hay que saber contarlas. Y para Feinmann parece que todo filme es narrable. Ello se plasma en una suerte de tercera parte, compuesta por un único y corto capítulo que le da el nombre al libro. Es una copia literal del final de Pasiones... Es un texto íntimo. Feinmann reitera allí su amor al cine y pone en evidencia su condición de escritor en virtud del registro (una lista o un "pantallazo", se diría) de escenas, frases e imágenes inolvidables de un cine seductor que en clave poética el autor nos regala -destrivializado- para seguir soñando. (c) LA GACETA







