Valiosa compilación de la vida cultural tucumana

Por Eugenia Flores de Molinillo. La agradable sensación de que nuestra provincia tiene aspectos positivos que los embates de la historia no han conseguido anular.

25 Junio 2006

Las puntadas que hilvanan los parches de nuestra historia no han podido hacer de la cultura -en su sentido clásico, no antropológico- un bien de consumo masivo ni una pasión de multitudes.
Celebramos por ello que las autoridades universitarias salientes hayan auspiciado la publicación de este libro de Roberto Espinosa sobre hombres y mujeres que, en el siglo XX, aportaron a la cultura de la provincia desde un escritorio, un atril o un podio, expresándose en el rasguido de la guitarra, el martilleo del buril, el tecleo de la vieja Remington, los guiños de una moderna PC o, en fin, los medios con que el arte llega a ser tal. Porque, para bien o para mal, este Diccionario focaliza la creación artística más que las ciencias duras o el abordaje teórico a las humanidades... que, por cierto, son también cultura.
La cultura en el Tucumán del siglo XX es un diccionario "monográfico" que cuenta con interesantes "adicionales": 1) en el listado alfabético incluye personalidades que, sin ser tucumanas ni residentes en la provincia, dejaron la vibración de su arte como parámetro de excelencia, como Enrico Caruso o Duke Ellington; 2) gran parte de los datos de estos "hacedores" proviene del rico archivo de LA GACETA, pero hay presentaciones preparadas por los propios biografiados, lo que propone la doble imagen de los hechos objetivos frente a la selección misma de esos hechos plasmados como paradigmáticos; 3) algunas "biografías" son las entrevistas realizadas por Espinosa para LA GACETA, y estos textos frescos, ricos en toques poéticos, sobre figuras de la música, el teatro, la literatura, tanto locales como visitantes, llegan al formato "libro" salvándose, merecidamente, de la fugacidad de la crónica periodística; 4) señalamos además la inclusión de artículos a cargo de conocedores de varias áreas de la cultura tucumana -poesía, tango, teatro, artes plásticas y jazz-, que enriquecen el volumen, como lo enriquecen los aportes de figuras de las letras, las artes y el espectáculo sobre algún aspecto clave de su campo de trabajo: Rosa Avila y su imagen de la Entre Ríos al 100, cuna de "Nuestro teatro"; los recuerdos de estudiante de Víctor Massuh; la historia del primer relato que el niño Tomás Eloy Martínez escribió durante una "penitencia"... en fin, momentos caros a personas que podemos llamar "tucumanas" con orgullo. Y está el CDRom que acompaña al libro como excelente "yapa", ofreciendo una breve experiencia cibernética al enfrentarnos con la figura animada y las voces de algunos "personajes" de este libro.
Roberto Espinosa es periodista. Como tal, sensible a todo bulto que se menea en el entramado humano de la provincia. Hace años que viene enfocando los vaivenes de la creación artística en nuestro medio, e imprime en sus artículos el sesgo tan particular de sus apreciaciones, dejando que su veta poética se imbrique con su propósito de valorizar a los creadores que apoyan su arte en el venero de lo popular. Si bien Espinosa no se oculta totalmente ante sus entrevistados, les otorga el espacio adecuado para que brillen con luz propia. Se sabe telescopio, no estrella; comunicador, no noticia; medio, no meta.
Hay ausencias, producto de la urgencia en la elaboración del trabajo, y Espinosa es el primero en reconocerlas. Espera, y esperamos, que futuras versiones incluyan algunas figuras insoslayables, omitidas sin intención desvalorizadora, y cuyos nombres, sin duda, irán llegando a la mesa de trabajo del autor.
¿Qué reflexión cabe ante esta compilación, este índice de la actividad cultural de Tucumán en el siglo XX? En primer lugar, se valora la agradable sensación de que este Tucumán nuestro tiene aspectos positivos que los embates de la historia no consiguen anular. ¿Nos quedaremos en la autocomplacencia? Pues no. Nos acerquemos a uno de los grandes retratados en el libro, un visitante tan ilustre como perceptivo: don José Ortega y Gasset. Fue él quien detectó en nosotros una cierta vacilación en el rumbo a tomar y nos endilgó, a modo de seria advertencia: "argentinos, a las cosas". Podría haber reiterado tal mandato aquí y ahora: "tucumanos, a las cosas". "Cultura" y "cultivo" son casi sinónimos, y en este "Jardín" hay tierra que arar, raíces que regar, mucho fruto que cuidar de las plagas y del impiadoso clima. Hay también cizaña que arrancar. Nos debemos una cultura del trabajo, de la seriedad en los proyectos, de una comprensión por el otro que no pase por la dádiva, sino por la creación de condiciones que la hagan innecesaria. Como individuos y como comunidad, nos debemos no sólo la inspiración que impulsó a muchos de los retratados en estas páginas, sino su voluntad de trabajo para alcanzar el momento mágico en que los sueños individuales devienen orgullo colectivo. Este libro, con esa impecable cubierta ilustrada por Donato Grima con una ironía entre crítica y tierna, nos recuerda tal compromiso. (c) LA GACETA

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