Testimonialidad más enfoque filosófico

Relatos escogidos. Jorge Estrella. (Extensión a la Comunidad, UNT-Tucumán). Crítica de Horacio Semeraro.

18 Junio 2006
Los treinta y cuatro relatos que integran el libro -muchos de los cuales configuran perfectos cuentos- tienen como elementos sustanciales comunes la testimonialidad y el enfoque filosófico, propios del conocimiento y del talento del autor. Ellos están presentes explicita o implícitamente en todo el libro. En forma directa, valorizando, por ejemplo, el simple diálogo de un café entre amigos ("Amores inconclusos", pág. 25), el homenaje a Atahualpa Yupanqui (pág. 163) y a W. Abalos ("Contra la nostalgia", pág. 65); la relación entre música y metafísica (pág. 167), o los errores recordados desde el humor en "Bestiario universitario" (pág. 187), por sólo citar algunos casos. Implícitamente o combinando ambas expresiones, discurre lúcida y perspicazmente entre sus diálogos o descripciones y se percibe en relatos tales como "El sueño de Job" (pág. 165), "La flor de los ciegos" (pág. 93), "Desiderio" (pág. 159) y el citado "Música, metafísica". En otras narraciones, el simbolismo obra de soporte para historiar y reflexionar sobre los gobiernos y las ideologías ("Ay, país", pág. 157) o "Alaridos y lágrimas" (pág. 217).
El relato testimonial plasma al libro de imágenes y personajes -especialmente tucumanos- que le otorgan una frescura especial, referida desde el humor y/o la ironía. Las palabras intencionadas, los dichos populares, los apodos jocosos se hallan plasmados en sus páginas. Otro tanto ocurre cuando la memoria del autor rescata hechos ocurridos en Chile, la Puna de Atacama, Bolivia o Perú. Algunos de los relatos (tales como "Ñorco", "Vinará" o "Espejismos") son dignos de la mejor antología cuentística del norte argentino; están agrupados en la segunda de las cuatro partes que componen la obra y ponen de manifiesto el oficio del escritor. Esa tendencia, aunque más atenuada, se advierte en la tercera parte del libro.
Con precisas palabras de presentación a cargo de Samuel Schkolnik, el libro, cuya publicación dirigió Alba Omil, se presenta como un colorido mosaico costumbrista, con el agregado de la visión filosófica y profunda del autor, en algunos relatos socarrona, en otros vislumbrados desde la nostalgia, pero en casi todos los casos tamizados por la óptica de Estrella, que los rescata y perpetúa. (c) LA GACETA



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