18 Junio 2006 Seguir en 

La novela presenta una narración con altibajos acerca de la percepción del otro y su incidencia en la autoconstrucción de la personalidad. En este caso, ese "otro" es una hermana, próxima y distante. El texto devela, en bien proporcionadas dosis, el papel que las apariencias juegan en el entramado de un complejo vínculo fraterno, desde la infancia hasta la edad adulta.
La protagonista, que relata la mayor parte de la historia, es una estudiante de fotografía afanada en buscar, sin demasiado éxito, una narrativa que surja de los objetos inconexos que su cámara captura. El otro personaje protagónico es su hermana mayor, una actriz de cine que obtiene tempranamente la fama. En un sentido tanto literal como metafórico, mientras una está en las candilejas, la otra queda entre bambalinas o en el cuarto oscuro. La historia avanza en breves episodios que llevan como título alternadamente los nombres de las jóvenes. Ellas, opuestos de un binomio, van a intercambiar sitiales, de luz y de sombra, como ocurre con los negativos y sus copias, a partir del momento en que la mayor sufre un desprendimiento de retina que la deja en tinieblas.
La voz y la perspectiva, en buena parte de la novela, pertenecen a una fotógrafa, que apela, entre líneas, a la confianza del lector en sus propias dotes perceptivas. El reconocimiento es tardío, pero llega. Sin embargo, en el tejido narrativo no hay una exploración de las imágenes del mundo de la artista. La trama se desarrolla en base a diálogos no demasiado sustanciales; al relato de acontecimientos y a ideas verbalizadas, mayormente, de una de las hermanas en relación con la otra.
Cammie McGovern, la autora del texto, vive en Amherst, Massachusetts. En el año 2000 publicó esta, su primera novela, cuyo título original en inglés es "El arte de mirar". La traducción estuvo a cargo de Nora Watson. (c) LA GACETA
La protagonista, que relata la mayor parte de la historia, es una estudiante de fotografía afanada en buscar, sin demasiado éxito, una narrativa que surja de los objetos inconexos que su cámara captura. El otro personaje protagónico es su hermana mayor, una actriz de cine que obtiene tempranamente la fama. En un sentido tanto literal como metafórico, mientras una está en las candilejas, la otra queda entre bambalinas o en el cuarto oscuro. La historia avanza en breves episodios que llevan como título alternadamente los nombres de las jóvenes. Ellas, opuestos de un binomio, van a intercambiar sitiales, de luz y de sombra, como ocurre con los negativos y sus copias, a partir del momento en que la mayor sufre un desprendimiento de retina que la deja en tinieblas.
La voz y la perspectiva, en buena parte de la novela, pertenecen a una fotógrafa, que apela, entre líneas, a la confianza del lector en sus propias dotes perceptivas. El reconocimiento es tardío, pero llega. Sin embargo, en el tejido narrativo no hay una exploración de las imágenes del mundo de la artista. La trama se desarrolla en base a diálogos no demasiado sustanciales; al relato de acontecimientos y a ideas verbalizadas, mayormente, de una de las hermanas en relación con la otra.
Cammie McGovern, la autora del texto, vive en Amherst, Massachusetts. En el año 2000 publicó esta, su primera novela, cuyo título original en inglés es "El arte de mirar". La traducción estuvo a cargo de Nora Watson. (c) LA GACETA
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