Con personajes auténticos, frutos del suelo que los nutrió

"Dormir al sol", una novela cuya primera edición data de treinta años atrás. Crítica de Alba Omil

18 Junio 2006
Esta novela que nos ocupa fue impresa por primera vez hace más de treinta años.
La historia gira en torno del tema de la metamorfosis, viejo como buen tópico, sólo que encarado desde la óptica del siglo XX, con todas las modificaciones que las aguas del tiempo suelen producir. Pero aquí hablamos, más bien, de inmersión en la animalidad.
Independientemente de la originalidad de la historia que se narra, uno de los hechos más destacables de esta novela es el sutil manejo de lenguaje, que sumerge al lector en el universo ficticio que crea el relato y que, gracias al hecho señalado, deja de parecer ficticio.
Por otra parte, al crítico, o al lector especializado, le muestra la sutileza, el detalle que pone en los personajes la palabra exacta, de acuerdo con su ubicación en la sociedad. Esto le confiere carne y hueso, hálito de vida y, en este caso, perfiles típicos de clase media baja y de costumbres de barrio porteño de "las orillas", como diría Borges.
Desde este punto de partida llegamos al formidable perfil de barrio (desprendido, como un olor, de las palabras del personaje; suelo que sostiene y alimenta la historia narrada), y a la interioridad del personaje, que nos hace pensar que cada uno es, íntimamente, como habla.
De esta manera, y en perfecta simbiosis, los personajes resultan rigurosamente auténticos, frutos del suelo que los nutrió.
Ahora bien, ese ambiente en aparienciatan íntimamente vivido, sentido, aspirado, no fue nunca el de Bioy Casares, hombre refinado, medido, de un trato exquisito, que se nutre de por lo menos cinco generaciones iguales a él, que le precedieron. Y es este hecho la prueba más acabada de sabiduría y meticulosidad en el manejo de la palabra, de su buen oído y su excelente observación.
La empatía con ese mundo ajeno es sólida y formidable. Y en el proceso que deriva en relato se combinan dos cosas: la empatía primero; la fiel, exacta, verosímil representación en palabras, después.
Por momentos -y esto sólo para el lector común que lee apurado- la narración se vuelve pesada, pero esto se debe a que la historia se queda en la superficie mientras la médula del relato se sumerge en las profundidades de la psique para goce del lector competente.
La lectura demorada de esta novela puede ser un buen ejemplo, sobre todo para los escritores (o para aquellos que aspiran a serlo) sobre el compromiso y, especialmente, la preparación que exige el difícil oficio de escribir cuando se lo ejerce con responsabilidad. (c) LA GACETA



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