
Pier Paolo Pasolini escribió esta novela al mismo tiempo que se desarrollaba el rodaje de su película con el mismo título. El filme, con las interpretaciones de Terence Stamp, Silvana Mangano, Massimo Girotti y Laura Betti, desató una recordada polémica por sus inusuales características. Lo mismo puede aplicarse al libro, aunque la perspectiva que le dan los casi 40 años transcurridos (la novela y el filme son de 1968) atenúan una buena parte del carácter revulsivo que se le atribuyó a la hora de su aparición.
La novela muestra elementos singulares, desde la presentación de los personajes hasta la estructura deliberadamente despojada de artificios literarios. En perfecto orden, Pasolini narra sin apasionamiento la relación de cada uno de los miembros de una familia de la burguesía acomodada de Milán con un misterioso visitante que se instala por un corto período en la casa. El padre, la madre, el hijo, la hija y la criada trabarán una relación íntima con este joven (que quienes hayan visto la película no podrán imaginar con otra fisonomía que la de Terence Stamp) y sentirán que sus vidas cobran un nuevo sentido a partir de ese momento.
La sorpresiva partida del joven -tan inexplicada como la llegada- abre la segunda parte de la novela. Pasolini la ordena tan prolijamente como a la primera mitad, y describe de manera descarnada cómo cada uno de los miembros de la familia es incapaz de retomar su existencia habitual. A través de hechos de características sobrenaturales relata la redención de la criada y en sendos "corolarios" resume las cuatro historias familiares, que le sirven para apoyar su tesis de que los burgueses están definitivamente imposibilitados de provocar cambios revolucionarios. Como cierre de la novela, y antes de dejar como textos finales una cita de Rimbaud y un par de pasajes bíblicos, el autor pone en boca de un periodista las preguntas-reflexiones que le permiten dejar en claro su posición acerca de la acción revolucionaria y lanzar crudamente ideas como esta: "un burgués se equivoca siempre, cualesquiera sean sus actos".
Tan desconcertante como la película desde el punto de vista conceptual, la novela está construida linealmente, con un lenguaje descarnado y directo; el autor intercala varios poemas y no vacila en recurrir a ciertos símbolos para transmitir sus ideas; también se permite algunos momentos que remiten directamente a su oficio de cineasta, sin que esto le reste méritos literarios a la obra.
El lector a quien le suene demasiado contundente la manera en la que Pasolini pone al desnudo los mecanismos hipócritas que rigen la vida de una típica familia burguesa, debe tener en cuenta el contenido general de la obra del autor y el estilo desembozadamente politizado tan en boga cuatro décadas atrás, tanto en la literatura como en el cine. (c) LA GACETA







