23 Octubre 2002 Seguir en 
La exposición al ruido excesivo de la música en los boliches tiene directa incidencia en la alarmante pérdida de audición de muchos jóvenes. Tal es, sintéticamente, la conclusión de un importante estudio efectuado por investigadores de la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Córdoba. La investigación se financió con un sustancial aporte del gobierno de Alemania, que permitió adquirir equipos de última generación para las verificaciones.
Durante cuatro años, los expertos desarrollaron tareas de estudio y seguimiento sobre 177 adolescentes de la escuela secundaria, quienes entre sus actividades habituales incluían la concurrencia a locales bailables. Aparte de sofisticados estudios acústicos, físicos y psicosociales a los integrantes de ese conjunto, se efectuaron mediciones del nivel de ruido en los locales a los que asistían. Comprobaron así que aquel equivalía a cuatro horas continuas de exposición al sonido de un martillo neumático y, en algunos casos, al de la turbina de un avión.
Pero lo significativo es que verificaron elevados porcentajes de "corrimiento" del umbral auditivo a consecuencia de aquellos ruidos, en jóvenes que al iniciarse el estudio tenían audición absolutamente normal.
Llegaron, así, a verse afectados de lo que se definiría como "sordera leve", y que tiene importancia si pensamos que se está hablando de gente de 17 años.
Como consecuencia de la divulgación de aquellos resultados, se presentó de inmediato en el Concejo Deliberante de Córdoba un proyecto de limitar a 90 decibeles el límite sonoro de los boliches bailables. Cabe apuntar que, hasta el momento (y como ocurre en la mayoría de las jurisdicciones) solamente se legislaba en esa ciudad sobre el nivel de ruido hacia el exterior, para proteger la tranquilidad de los vecinos. Por cierto que el proyecto ha tropezado con la oposición de la cámara que agrupa a los bolicheros, quienes arguyen la imposibilidad de adquirir los equipos "moderadores de sonido", cuyo costo oscila entre los 2.000 y los 2.500 dólares. Así están las cosas en este momento, en un problema que ha ocupado la primera plana de los diarios.
Nos parece que las conclusiones del estudio de la Tecnológica son obviamente válidas no solamente para Córdoba sino para cualquier lugar del país, incluyendo por cierto a Tucumán. Por lo cual estamos ante una cuestión que merece la preocupación de las autoridades municipales.
Una comunidad consciente no puede admitir que en los lugares a los cuales concurre su juventud exista un nivel de ruido que les irá arrebatando paulatinamente sus posibilidades auditivas. Por el contrario, creemos que en este asunto debiera aplicarse una tesitura similar a la que se adopta para otros temas, como el del cigarrillo, por ejemplo. Si rige en tantas partes la prohibición de fumar por el negativo reflejo de esa actividad en la salud, no vemos por qué ha de permitirse un desborde sonoro capaz de afectar el oído de los jóvenes.
En consecuencia, sería deseable que, a la brevedad, las autoridades municipales se pusieran en contacto con la institución universitaria que efectuó el estudio, a los fines de gestionar una copia de los resultados como marco para examinar la situación existente entre nosotros. Desde ya que parece imprescindiblemente necesaria una ordenanza que, como decimos arriba, enfoque el problema "interno" de la música bailable.
Porque queda malograda cualquier campaña contra el ruido molesto, como estamos viendo, si se limita a disminuir su irradiación hacia el exterior.
No es necesario ponderar la fundamental importancia que el oído tiene entre los sentidos del cuerpo humano. Sería irresponsable permitir que la música le suscite daños irreversibles.
Durante cuatro años, los expertos desarrollaron tareas de estudio y seguimiento sobre 177 adolescentes de la escuela secundaria, quienes entre sus actividades habituales incluían la concurrencia a locales bailables. Aparte de sofisticados estudios acústicos, físicos y psicosociales a los integrantes de ese conjunto, se efectuaron mediciones del nivel de ruido en los locales a los que asistían. Comprobaron así que aquel equivalía a cuatro horas continuas de exposición al sonido de un martillo neumático y, en algunos casos, al de la turbina de un avión.
Pero lo significativo es que verificaron elevados porcentajes de "corrimiento" del umbral auditivo a consecuencia de aquellos ruidos, en jóvenes que al iniciarse el estudio tenían audición absolutamente normal.
Llegaron, así, a verse afectados de lo que se definiría como "sordera leve", y que tiene importancia si pensamos que se está hablando de gente de 17 años.
Como consecuencia de la divulgación de aquellos resultados, se presentó de inmediato en el Concejo Deliberante de Córdoba un proyecto de limitar a 90 decibeles el límite sonoro de los boliches bailables. Cabe apuntar que, hasta el momento (y como ocurre en la mayoría de las jurisdicciones) solamente se legislaba en esa ciudad sobre el nivel de ruido hacia el exterior, para proteger la tranquilidad de los vecinos. Por cierto que el proyecto ha tropezado con la oposición de la cámara que agrupa a los bolicheros, quienes arguyen la imposibilidad de adquirir los equipos "moderadores de sonido", cuyo costo oscila entre los 2.000 y los 2.500 dólares. Así están las cosas en este momento, en un problema que ha ocupado la primera plana de los diarios.
Nos parece que las conclusiones del estudio de la Tecnológica son obviamente válidas no solamente para Córdoba sino para cualquier lugar del país, incluyendo por cierto a Tucumán. Por lo cual estamos ante una cuestión que merece la preocupación de las autoridades municipales.
Una comunidad consciente no puede admitir que en los lugares a los cuales concurre su juventud exista un nivel de ruido que les irá arrebatando paulatinamente sus posibilidades auditivas. Por el contrario, creemos que en este asunto debiera aplicarse una tesitura similar a la que se adopta para otros temas, como el del cigarrillo, por ejemplo. Si rige en tantas partes la prohibición de fumar por el negativo reflejo de esa actividad en la salud, no vemos por qué ha de permitirse un desborde sonoro capaz de afectar el oído de los jóvenes.
En consecuencia, sería deseable que, a la brevedad, las autoridades municipales se pusieran en contacto con la institución universitaria que efectuó el estudio, a los fines de gestionar una copia de los resultados como marco para examinar la situación existente entre nosotros. Desde ya que parece imprescindiblemente necesaria una ordenanza que, como decimos arriba, enfoque el problema "interno" de la música bailable.
Porque queda malograda cualquier campaña contra el ruido molesto, como estamos viendo, si se limita a disminuir su irradiación hacia el exterior.
No es necesario ponderar la fundamental importancia que el oído tiene entre los sentidos del cuerpo humano. Sería irresponsable permitir que la música le suscite daños irreversibles.





