Toda una vida en una noche larga, muy larga

Por Cristina Bulacio. Un maravilloso cruce entre la literatura y el pensamiento reflexivo.

04 Junio 2006

De escritura diáfana, de temas profundos, de apariencia simple. Así es esta novela. Una noche larga, muy larga, en la que un hombre escribe. Una vida en una noche poblada de recuerdos, de voces, de cuerpos de hace 20 años. Rodeado de papeles, viaja a su pasado en búsqueda de sí mismo en el intento de saber por qué se fue, por qué volvió. Se fue de este país tomado por los militares para respirar. Un solo pensamiento lo guiaba: libertad. Cuando llega a Europa se siente libre, infinitamente libre en las distintas ciudades en las que vive, conoce gente, ama a mujeres que, como él, se buscan a sí mismas. En ese andar por la vida y por tierra extranjera, encuentra ocasionalmente un gitano que le cuenta una sola historia, todos los días, la historia de cómo su pueblo huye de una isla que se hunde y al hacerlo pierde su patria y su lengua; por eso los gitanos deambulan por el mundo, por eso nadie los quiere. Se quedaron sin patria. A partir de allí cobra cuerpo en el personaje un asunto que no había registrado antes, un único pensamiento que lo incomoda, una pregunta que no había formulado con anterioridad. ¿Qué es la patria? ¿Patria y libertad tienen algo que ver? ¿Se puede ser libre en cualquier lugar del mundo? Descubre así que patria y libertad tienen entre sí profundos lazos que las unen, que son casi sinónimos.Dice comentando la narración del gitano: "lo que había impresionado... era lo trágico de llegar, involuntariamente, un día cualquiera, solo y sin patria, a las patrias de los otros. Y creo que me había impresionado mucho, además, la falta de una lengua común para comunicar esa tragedia. Eso era la pérdida definitiva de la libertad". (pág. 88).
Esta es la vital cuestión que se formula a lo largo del libro. La relación entre patria, libertad y lengua, aparentemente asuntos tan distantes unos de otros. Pensó que para los romanos la patria era su libertad y por eso sólo los patricios la tenían, los demás no tenían patria, eran apenas extranjeros, hablaban otras lenguas. En este punto encuentra el nudo del asunto que persigue, sin saberlo quizás y que justifica el título del libro: patria, así, a secas. Comienza a sentir que la Patria es libertad: porque sólo se puede ser libre cuando se comparte con otros, con muchos otros, un saber común, un saber incomunicable, definitivo, individual y colectivo al mismo tiempo, un saber de acá, enfatiza el autor, de acá, un saber dado por esa lengua nuestra que se habla con naturalidad y pertenencia. Con esto nos está diciendo que esa mezcla de geografía y sentimientos, de sabiduría y raíces es la patria y sólo en la propia patria se puede ser libre. Por eso patria y libertad son una misma cosa. Esa es la razón por la cual los extranjeros que hablaban otra lengua eran esclavos de los patricios romanos. Si no tienes tu patria para vivirla, experimentarla, saborearla, a pesar de los dolores que ella te produce, nos sugiere Jeanmaire, entonces sólo tendrás la patria de los otros y allí, en lo extranjero y extraño, nunca podrás ser libre.
"La libertad y la patria. Perder una es perder la otra".
Y entonces el personaje, que nos habla en primera persona, casi como una autobiografía, descubre que toda historia narrada habla de sí mismo, que eso es inevitable y en ese momento de tensión y belleza, el libro toma un giro impensado y habla de literatura y de escritura. Con una inteligente narración entrelaza idioma y libertad. Siente que no se puede ser escritor en una tierra extraña, lejos de los que hablan su lengua, lejos de sus sabores, de sus colores, de aquellas cosas que tienen para decir y decirnos nuestros seres queridos; descubre que la patria, mi patria, sólo incluye a los que son de acá, porque sólo se puede pensar a fondo en la lengua materna. Y no es casual que se llame así a la lengua en la que se nace y se crece, a la lengua en la que se reza y se ama. Hacia el final sostiene "la patria era yo, soy yo y esas pocas cosas que llevo conmigo a todas partes". (Pág. 175). La última frase del texto dice: "cosa difícil la libertad. Casi imposible de escribir". Y creo que tiene razón.
De nuevo ese maravilloso cruce entre literatura y pensamiento reflexivo que revela lo inadecuado del empeño en separar los géneros literarios. Finalmente, sólo se puede narrar sobre eso que somos, sobre la vida misma. Jeanmaire ha logrado en este libro, sin poner una gota de teoría, construir una espléndida teoría sobre la identidad, sobre el idioma y sobre la condición humana. (c) LA GACETA

Tamaño texto
Comentarios