Nutrida antología

Por Alba Omil. Seleccionada por la propia autora.

04 Junio 2006

Estamos ante una nutrida antología, cuyos textos (34 cuentos de seis libros) fueron seleccionados por la propia autora, hecho que supone dos aspectos a considerar: gusto personal y rigor (Noemí Ulla es una reconocida investigadora y, a la vez, crítica).
Son cuentos -en su mayoría- breves, interiores, donde casi no hay historia y donde todo discurre en una profundidad compleja y múltiple: la psique humana. No hay desperdicio de palabras; todo es exacto y calculado para que cada término, y la frase donde se inscribe, tenga peso, el mayor posible.
Casi todos los relatos están dedicados, y qué apertura -y qué extrañas asociaciones de la mente hacia el mundo de la autora- pueden producir, a veces, estas dedicatorias: uno de sus cuentos más logrados, "Agatas", está dedicado a Rosa Cedrón.
Rosa Cedrón, una voz maravillosa, fue la cantante (en la época en que se escribió este cuento aún lo era), del grupo gallego "Luar na lubre", que hace música celta. Y aquí nuestra inquietud, a lo mejor, caprichosa: ¿qué relación podrá tener Noemí Ulla con la música celta? Y, curiosamente, ¿por qué nuestro empeño en descubrir ciertos destellos celtas en sus cuentos, dentro de ese mundo porteño tan característico, tan él, tan Buenos Aires?
No precisamente por aquella desbordante fantasía de los celtas (que en los cuentos de Ulla no se advierte) sino por su manera de contemplar el mundo por su actitud devota y silenciosamente enamorada frente a la naturaleza.
Hay una serenidad y una mansedumbre contagiosa en estos relatos. Más que manejo del lenguaje (aunque este sea un instrumento insoslayable y pulcro) es una manera de ver y de sentir el mundo, como a la sombra de algún árbol centenario y lleno de energía, o a la orilla solitaria de un río que canta entre las piedras, al pie de una montaña.
Quizás así sea Noemí Ulla en carne y hueso, y sus relatos, como un espejo, no hagan sino reflejarla. (c) LA GACETA

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