El "síndrome de la clase turista" tiene más causas
Viajes largos en avión. Profundizan el estudio de las trombosis que sufrieron algunos pasajeros que volaron varias horas. El avión no es la única causa. También se da en quienes mantienen una posición fija, sin actividad; en pacientes con las piernas inmovilizadas.
31 Mayo 2006 Seguir en 

Popularmente se lo conoce como el "síndrome de la clase turista", porque aparece durante un viaje largo en avión, pero se presenta también en otras circunstancias, como cuando una persona tiene que mantenerse en una posición fija o sin actividad. Es frecuente también en pacientes que deben estar internados o con las piernas inmovilizadas durante largos períodos.Sin embargo, se sabe también que no basta con la falta de movilidad en las extremidades, porque sólo lo sufren personas que además tienen una determinada condición de la sangre.
Los pasajeros que están expuestos a una reducida movilidad en las piernas durante un viaje en avión que se prolonga por varias horas, pueden formar coágulos (trombos) en las piernas. Pero la mayoría de los trombos se disuelven al mover las extremidades, caminar en los pasillos o realizar ejercicios de contracción de las pantorrillas.
La pregunta es por qué algunas personas no experimentan ningún problema, aún en el caso de viajeros frecuentes, mientras que otras sufren una trombosis venosa profunda, que a veces tiene una consecuencia fatal: el coágulo formado se desprende, viaja por la red circulatoria y al llegar al pulmón origina una embolia.
Otro dato llamativo -que hizo que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) promoviera una investigación que ya está dando sus primeros resultados- es que los casos fatales de embolias pulmonares tras un viaje prolongado, se presentan a cualquier edad y en quienes no tuvieron síntomas que advirtieran sobre el riesgo.
"Todas las personas, de cualquier edad o condición de salud, estamos permanentemente generando trombos o coágulos, y a la vez disolviéndolos", explica el hematólogo Fabián Del Duca. "En la sangre existen dos factores antagónicos que coexisten según la circunstancia. Si hay una interrupción de la circulación sanguínea en una extremidad, por ejemplo al poner una gomita apretada en un dedo, llega un momento en que comienza a ponerse azulado y se siente como ?dormido?. Por la falta de circulación se produjeron coágulos. Al soltar la gomita, desaparecen estos signos, se restablece la circulación y en poco tiempo los coágulos se disolvieron por el factor anticoagulante que está presente en condiciones normales de salud."
El problema se da cuando el factor coagulante no cuenta con un buen sistema anticoagulante que lo controle. "En este caso falta un equilibrio entre ambos factores y cuando el que falla es el sistema anticoagulante estamos frente a un trastorno llamado trombofilia".
Esta enfermedad no presenta síntomas que den una señal de alerta. No tiene ningún vínculo con los trastornos venosos, como las várices -ya que se trata de la circulación profunda-, como suele creerse, ni con trastornos cardiovasculares. "Se trata de un mal autoinmune -agrega el especialista- es decir, una serie de anticuerpos determinados que algunas personas tienen en su sangre en mayor cantidad que lo normal. Puede ser de origen hereditario o adquirido. No podemos hablar de síntomas, pero sí de trastornos vinculados. Por ejemplo, puede aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. Las mujeres que poseen esta característica particular en su sangre, tienen alto riesgo de padecer pérdida de embarazo, bajo peso fetal o preeclampsia, si no se diagnostica antes el trastorno y se realiza un tratamiento preventivo con anticoagulantes durante la gestación".
Los pasajeros que están expuestos a una reducida movilidad en las piernas durante un viaje en avión que se prolonga por varias horas, pueden formar coágulos (trombos) en las piernas. Pero la mayoría de los trombos se disuelven al mover las extremidades, caminar en los pasillos o realizar ejercicios de contracción de las pantorrillas.
La pregunta es por qué algunas personas no experimentan ningún problema, aún en el caso de viajeros frecuentes, mientras que otras sufren una trombosis venosa profunda, que a veces tiene una consecuencia fatal: el coágulo formado se desprende, viaja por la red circulatoria y al llegar al pulmón origina una embolia.
Otro dato llamativo -que hizo que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) promoviera una investigación que ya está dando sus primeros resultados- es que los casos fatales de embolias pulmonares tras un viaje prolongado, se presentan a cualquier edad y en quienes no tuvieron síntomas que advirtieran sobre el riesgo.
"Todas las personas, de cualquier edad o condición de salud, estamos permanentemente generando trombos o coágulos, y a la vez disolviéndolos", explica el hematólogo Fabián Del Duca. "En la sangre existen dos factores antagónicos que coexisten según la circunstancia. Si hay una interrupción de la circulación sanguínea en una extremidad, por ejemplo al poner una gomita apretada en un dedo, llega un momento en que comienza a ponerse azulado y se siente como ?dormido?. Por la falta de circulación se produjeron coágulos. Al soltar la gomita, desaparecen estos signos, se restablece la circulación y en poco tiempo los coágulos se disolvieron por el factor anticoagulante que está presente en condiciones normales de salud."
El problema se da cuando el factor coagulante no cuenta con un buen sistema anticoagulante que lo controle. "En este caso falta un equilibrio entre ambos factores y cuando el que falla es el sistema anticoagulante estamos frente a un trastorno llamado trombofilia".
Esta enfermedad no presenta síntomas que den una señal de alerta. No tiene ningún vínculo con los trastornos venosos, como las várices -ya que se trata de la circulación profunda-, como suele creerse, ni con trastornos cardiovasculares. "Se trata de un mal autoinmune -agrega el especialista- es decir, una serie de anticuerpos determinados que algunas personas tienen en su sangre en mayor cantidad que lo normal. Puede ser de origen hereditario o adquirido. No podemos hablar de síntomas, pero sí de trastornos vinculados. Por ejemplo, puede aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. Las mujeres que poseen esta característica particular en su sangre, tienen alto riesgo de padecer pérdida de embarazo, bajo peso fetal o preeclampsia, si no se diagnostica antes el trastorno y se realiza un tratamiento preventivo con anticoagulantes durante la gestación".







