"Yo no nací pa?lucirme"

Por Roberto Espinosa, para LA GACETA - TUCUMAN. La guitarra es una vida. Primero fue un entretenimiento, después un destino. Más tarde, empezó eso que se llama la nombradía. La música mejora al ser humano. Eleva su sensibilidad. Si tiene ordinariez, lo va puliendo espiritualmente, como persona.

ATAHUALPA YUPANQUI. El 23 de mayo se cumplieron 14 años de su muerte. ATAHUALPA YUPANQUI. El 23 de mayo se cumplieron 14 años de su muerte.
28 Mayo 2006
Un acorde canta un sentimiento en Re menor. La bordona arrastra una pena y desensilla el alma de un paisano. La melancolía se deshilacha en la tarde, mientras en sus dedos el Triste Nº 5, de Julián Aguirre, camina el horizonte rastreando una vidala. Arisco. Explosivo y mordaz como un cibilisco cuando algo no le gustaba. Tímido. Amable. Austero. Conversador. Tierno cuando los changuitos quebradeños que van a la escuela con la sonrisa escarchada se dibujaban en su mirada. Pensativo. Sabio. Profundo. Atahualpa Yupanqui había venido a Tucumán a dar un concierto, invitado por Josefina Racedo y su Cerpacu. Había conocido personalmente a comienzos de los 80 a este juglar que cuando niño me estremecía. Le bastaban su guitarra, su canto, su poesía sencilla y honda para construir una geografía habitada de silencios, de misterios precolombinos. Con pocas palabras y sin estridencia, desnudaba el corazón de la tierra y el sentir del campesino.
Don Ata luce su tucumaneidad en el ojal aquel 10 de julio de 1990 en el hotel Carlos V, cuando iniciamos esta charla hasta ahora inédita. Aún están lejos de su espíritu la soledad y la muerte que le pondrán la zancadilla eterna el 23 de mayo de 1992, en Nîmes, Francia.

- Usted, que ha dado más de 80 pasos en la vida, ¿sigue sintiéndose un paisano?
- Para hablar del paisano es necesario imaginarse o entender que se está ocupando el tiempo en una vida, en una imagen sumamente importante para el país y para la sociedad que habite ese país. En el caso argentino, el paisano es un representante de la Nación por diversas razones. Una de ellas es porque vive en el paisaje, por eso es paisano. Mi padre tenía una costumbre que no la decía porque era pintoresca. A lo mejor la aprendió de mi abuelo Bernardino o de mi bisabuelo, al que llamábamos el tata mayor. Era un hombre humilde, pobre, peón de ferrocarril pero muy inteligente; le brillaba la cabecita. El dijo: "paisano no es el que nació en la esquina de casa. Yo le llamaría paisano al que tiene el país adentro, al que lleva país adentro". ¡Una cosa muy linda! Yo tenía 6 o 7 años cuando escuchaba que él se lo conversaba a sus amigos. Después, con el tiempo, empecé a valorizar esas cosas y se hizo casi sagrada esa definición: "paisano es el que lleva país adentro". Hay muchos que viven en nuestro territorio y el país parece que les resbalara. No integran el país total, el país heroico, de la prudencia, de la palabra de honor.

- Borges solía decir que el argentino no tiene conciencia ética. Si uno le dice a otro: "¡Ladrón!", el otro responde: "Sí, pero aquel roba más que yo?"
- Siempre se busca el camino del yo soy inocente, pero puede ser? Yo he conocido mucho a Borges, no profundamente, por supuesto. He charlado desde hace 30 años aquí, en Europa, en México; en España hemos estado juntos. Recuerdo que cuando él tenía vista, cuando veía, hemos fundado alguna vez una sociedad por la buena urbanidad de Buenos Aires, por la buena crianza. Al principio éramos 60. Estaban el "Mono" Villegas, algunos periodistas como el "Negro" Luna, José Ramón Luna, tucumano que murió hace poco. Y así... Cosa de avisar cuando una señora anciana sube al autobús y anda incómoda con su bolsita y está parada. Nosotros, en nombre de nuestra sociedad, vemos un joven sentado, y le decimos: "perdone, ¿por qué no cede el asiento a la señora? Puede ser mi tía o la suya". Y alguna vez nos han dicho: "¡Qué me importa!" Y nosotros: "perdone, usted. No nos sentimos ofendidos, no lo estamos retando". Esa era la condición. Una vez nos dijo un hombre: "vea, yo soy albañil. Vivo en Lanús. Tomo un ómnibus hasta Constitución, otro hasta Palermo. Así que tomo dos ómnibus a las cinco o cinco y media de la mañana. Llego a las siete y a las siete treinta, entro a trabajar, a tirar ladrillos cocidos. Trabajo en una construcción todo el día. ¿Sabe cómo llego? A las seis de la tarde, estoy cansado, de buen o mal humor, pero me gusta trabajar. Pero es lejos. A Lanús otra vez; a Constitución, esperando el ómnibus, traspirao, sudao. Y esta vieja viene de la casa tal (viendo la etiqueta), ha comprao alguna bombachita, medias... ¿Y yo tengo que pararme después de haber trabajao 12 o 13 horas?" Entonces Borges dice: "tengo la impresión de que va a durar poco nuestra querida sociedad". Se deshizo porque sí; no nos animamos a seguir peleando en los autobuses, los tranvías... Nos parecía que era meternos un poco en la vida de los demás. El creía idealmente que la gente iba a recuperar su ética, pero eso no se recupera.

- La guitarra es un pozo que tiene viento en lugar de agua. Hay que apretarla contra el corazón para que exprese las cosas del hombre y del paisaje?
- Y bueno, es todo. La guitarra es una vida. Primero fue un entretenimiento, después un destino. Primero yo la llevaba a la guitarra, después con los años empezó eso que se llama la nombradía... Felizmente fui operado de vanidad temprano. Conozco mucha gente que vive como deseando que le apantallen la vanidad, gente joven y a veces no tan joven. La vida es así, cada cual se tapa hasta donde le alcanza la cobija. Creo en la otra cosa.

- ¿Y usted para quién toca la guitarra?
- Oh, yo ya ni toco.

- Siempre la ha hecho hablar, conversar...
- He tocado bastante bien la guitarra dentro de lo mío. Después, con los años y con el trabajo, como he sido muy desparejo, no he tenido conducta de guitarrista, sino de hombre. He andao 22, 24 años montando a caballo en Salta, Jujuy, Ayohuma, en Antofagasta, en la pampa. Siempre he andao con dedo lastimado, roto, hinchado. Entonces mi técnica era una cosa ajena. A veces estaba bien, otras veces no. Pero no me afligía... Como yo no nací pa?lucirme... Felizmente, he tenido muy buenos padres y un abuelo sobre todo, que me ponía los pies y la conciencia en la tierra. Y me decía: "cuando usted cante alguna cosa así banal, descriptiva como tantas milongas, canciones o tonadas, llénela de guitarra. ¿Sabe para qué? Para que la gente se distraiga con ese trabajo de elaboración musical y no se dé cuenta de que lo que está diciendo es una pavada, que no tiene importancia para no formar una experiencia, un conocimiento en la gente. Ahora, cuando cante alguna cosa que cree que tiene importancia, otra densidad, entonces con la bordona: ¡pum y listo! No va a perder porque lo importante es lo que dijo, no lo que está tocando. La guitarra misma lo va a ayudar. La guitarra no es un palito con seis cuerdas para que venga la gente a mover muchos dedos".

- ¿La música mejora al ser humano?
- Pero sí, lo mejora. Eleva el sentido de su sensibilidad. Si tiene ordinariez lo va puliendo espiritualmente, como persona. Va orientando su sentido del gusto. Una persona que escuche música se va alejando del ruido, del sonido áspero, que no será ingrato ni grosero, pero que no es la música. El discurso musical no es para aplaudirlo, es para aprenderlo y respetarlo. Es la diferencia entre la milonga de la ciudad y la vidala del campo. La vidala tiene mucho de mágico...

- Como la sarabanda...
- Como la sarabanda, es una meditación, como el preludio, como el anticipo. Es manera muy simple, muy hermosa de rezar, la vidala. No así la baguala, que es ligeramente épica, es otra presencia, enfática, agradable o no, pero tiene valor como documento musical. Pero es mucho más importante. La vidala tiene eternidad. Tanto es así que se hace errante; se hace desolada. Es solitaria y no muere nunca. Vale decir que alcanza, en cierto modo, la inmortalidad? siempre que no sean muy amorosas, porque lo que echa a perder a la vidala, generalmente, es la letra. La gente usa la vidala: "te fuiste, viniste, cuándo te veré". Para eso que le escriba una carta, no veo cuál es la diferencia. La vidala tiene otro sentido. Yo escuché hace 50 años una vidala maravillosa para mí, para otros no sé. Se la escuché aquí en Tucumán a una mujer que era cantante, contralto, cantaba en la Scala de Milano. Tucumana era. Se había casado con un español, ya mayor, que murió en la Guerra Civil. Esa señora cantó una vidala. Después la oí en su casa. Su padre tenía una escuela de varones para enseñar a leer y a escribir. Se llamaba Tomás Juárez y ella, "Nena" Juárez. Tenía una bellísima voz. Cuando ella cantó la vidala, dejó la academia lejos, salió una criolla de adentro con una voz seria: "En la alta noche y andando, dónde iré. Por esta calle a lo largo, dónde iré... Camino sin dejar rastros". Cuando decía "dónde iré" era angustioso, como diciendo no tengo dónde ir, sé que me puedo perder. Había una especie de renunciamiento. Yo le pregunté a ella quién era el poeta y no sabía. Se llamaba la Vidala de Oliva.

-¿Qué es el hombre?
- Es un enigma que tiene dos o tres caminos. Uno está en el conocimiento, en tener conciencia de que debe adquirir un conocimiento para conocerse a sí mismo, conocimiento literario, o de vida o de gentes, para decir, para ubicarse. Yo he leído o he conversado con dos mil personas, vale decir he leído dos mil libros, hay una multitud que me puede aconsejar. Yo tomo este camino, puede equivocarse o no, pero si es consciente no se va a equivocar si es que eligió buenos compañeros. Y si no, se va a envanecer. La vanidad es lo peor, es un cáncer que tiene mucha gente. El creerse, el sentirse superior, es fácil para emitir un concepto para otra gente...

- Usted que parece estar en la cima de la vida, ¿se siente aún joven?
- El que está en la cima no ve mucho. Tiene otra visión. No se encarga de mirar cómo anda el grupo de los jóvenes. La vida no le permite. Pasa y observa. Yo soy un viejo estudiante de algo que... ni bachiller... Soy un estudiante de vida. La juventud tiene aciertos hermosos, sobre todo tiene un arma poderosa que es justamente eso, su juventud; tiene tiempo. Lástima que lo desaprovecha. Yo también lo he desaprovechao; me dediqué mucho al deporte. Andaba a caballo, me gustaba domar; me he caído 200 veces del caballo, me ha tirao porque era atrevido. Travesuras de muchacho? La juventud tiene todo, ahora depende del camino. De cómo se puede organizar el camino. En eso ya intervienen otros valores y otra gente. Por ejemplo, el Consejo de Educación, las escuelas, los maestros, la primaria, los consejeros? ya no son maestros que enseñan a leer y a escribir, tienen la obligación de aconsejar, pero si a ellos no los aconsejó nunca nadie, entonces no se es maestro... Son como esa gente que entra en la universidad, pero la universidad no entra en ellos. Mucha gente que va a la universidad no entró en la conciencia del saber elegir. Así como el hombre elige su destino, debe elegir lo que quiere ser, el libro que va a leer. Hay niños que están en la puerta de su casa esperando el ómnibus para ir al colegio, chicos encantadores, y usted les pregunta cómo se llama el árbol que está al lado del zaguán de su casa y no saben. ¿No tuvo papá, mamá, un hermano mayor o un tío o alguien que le dijera? De niño tiene que conocer su paisaje. El hombre puede dominar y transformar el paisaje en la medida que lo conozca bien, porque si no es un aventurero que hace mil macanas. Ahí viene entonces la imperfección en la apreciación de valores, la vanidad... Cuando llega el momento del balance se da cuenta o se dan cuenta los demás de que esa persona no vale lo que parece que vale. La gente más impensada nos puede señalar aquel viejo proverbio: "cuando habla procura que tus palabras sean mejores que tus silencios?" La pucha, si lo aprendió va pa?bien la cosa; ahora si lo aprendió para envanecerse es para peor. Es el silencioso que, a su vez, es ignorante. (c) LA GACETA

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