
La primera edición de Dulce compañía data de 1995. La novela ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz en Guadalajara y el Premio France Culture. Fue llevada con éxito al teatro. El título del libro de Laura Restrepo evoca la antigua oración: "Angel de mi guarda, dulce compañía / no me desampares ni de noche ni de día".
Desde las primeras páginas la escritora colombiana nos advierte: "La verdad escueta es que esta historia de ecos sobrenaturales que de tan curiosa manera habrá de trastornar mi vida, empezó a desenvolverse a las ocho de la mañana de un lunes muy terrenal y corriente". Un ser ambiguo e inquietante, un hombre ángel, aparece en uno de los barrios bajos de Bogotá casualmente llamado Galilea. Un mundo violento de un imaginario donde la historia parece decirse en un delirio. La pobreza y la muerte coexisten con la maravilla: "Colombia es el país donde más milagros se dan por metro cuadrado", consigna la protagonista.
Mona, la escéptica periodista, enviada por el director de la sensacionalista revista Somos, debe encontrar al ángel. Sorprendida, se halla con un muchacho hermosísimo e ingenuo (como no podía ser de otra manera) encerrado en una cueva bajo la custodia de su madre. Se ha convertido en objeto de veneración de los vecinos. "Había salido de no sé dónde y se acercaba hasta nosotros un muchacho. Muy alto. Estaba casi desnudo, y era moreno. Y aterradoramente bello. Eso era todo. Y era demasiado".
Uno de los mayores aciertos del texto está en los cambios sufridos por la cronista. El misterio, como en los mejores folletines, la precipita en el amor desaforado. El melodrama excesivo impregna la historia. En una ceremonia grotesca y exagerada, se consuma la pasión amorosa en una oscura gruta. El fuego de Manuel el ángel anida en el vientre de Mona.
La trama se sostiene en la oscilación entre el discurso realista y el discurso maravilloso. En esa coexistencia de registro residen el acierto y la debilidad de la novela. No instaura la paradoja ya que se vincula con el mito y evita el efecto de irrealidad que convertiría a la historia en un referente imposible. La mitología, en relación con la actualidad, actúa como explicación de los acontecimientos. El efecto de encantamiento rescata la función de las creencias religiosas, las tradiciones populares y la magia como sede de verdades ocultas por la represión de lo racional. Lo maravilloso deviene exotismo y ornamento.
Si bien la novela aparece en el horizonte de la narrativa de la violencia colombiana, el enfrentamiento entre racionalidades hilvana lugares comunes. Códigos culturales del imaginario caribeño propios del discurso de Gabriel García Márquez se actualizan de modo edulcorado. La escritura de Restrepo mantiene un cierto encanto aunque no siempre convence. Se trata de uno de los tantos libros escritos por "mujeres latinoamericanas" en estos últimos años. (c) LA GACETA







