
Invocando la protección de su país, el establecimiento de "su" democracia en el orbe, reafirmando el liderazgo de EE.UU. para "moldear el mundo" e indiferente a las distintas religiones y entidades culturales, el presidente Bush ratifica su política de guerra preventiva inaugurada con la criminal guerra injusta contra Irak.
Iniciada el 20 de marzo de 2003, la invasión a Irak, sobre la base de falsas aserciones, luego de tres años ha causado y provoca más de 100.000 muertos iraquíes; atropellos a la población; la destrucción material del país y de su patrimonio histórico-cultural; ha descaradamente violado derechos humanos en sus cárceles de Guantánamo, Abu Ghraib, el "cuarto negro" de Camp Nama y otras cárceles; Irak se halla al borde de la guerra civil; la región está más desestabilizada que nunca. Saddam Hussein es juzgado por un tribunal ad hoc armado por EE.UU. en lugar de hacerlo comparecer por sus crímenes ante la Corte Penal Internacional, como el caso Milosevic y otros. Y ello porque EE.UU. no reconoce a la Corte Internacional y en cambio impone inmunidad para sus soldados en el exterior. EE.UU. ha tenido miles de muertos, heridos y mutilados, como también ciudadanos de la coalición, y el costo de la guerra es de cientos de miles de millones de dólares, que EE.UU. trata de recuperar a través del negocio del monopolio de la reconstrucción y de la riqueza petrolera de Irak. Petróleo que es el objetivo de la política de Bush. La invasión y la ocupación reforzaron la noción de "choque de civilizaciones" y el terrorismo islámico.
Recordamos que en la década del 80 EE.UU. estimuló y apoyó a Irak en su guerra contra Irán. Luego de la guerra justa contra Irak de 1990-91, por su invasión a Kuwait, se aplicaron más de diez años de sanciones contra Irak que, como es el caso de todos los embargos, castigaron al pueblo del país sancionado mientras sus gobernantes, a quienes se pretende castigar, viven en jaula de oro.
Bush señala a Irán como el mayor peligro para EE.UU. Su caso está a consideración del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas pero Bush señaló: "si es necesario, bajo los principios de defensa propia de larga data, no excluimos el uso de la fuerza antes de que ocurran ataques, incluso si existen dudas sobre el tiempo y el lugar en donde ocurrirá el ataque del enemigo", aplicando ahora el principio precautorio para justificar la guerra preventiva.
EE.UU. hizo saber, en oportunidad en que se buscaba a Saddam Hussein, que estaba desarrollando armas nucleares dirigidas a perforar el suelo, el "Robust Nuclear Earth Penetrator". Ahora, en un mensaje dirigido a Irán, Washington deja traslucir que estaría construyendo la bomba más grande de la historia, conocida como "Penetrador masivo de artillería" -MOP por su sigla en inglés- que podría ser utilizada para destruir los profundos búnkeres nucleares que tendría Irán. Es de imaginar la muerte, destrucción y penosas consecuencias ambientales que podrían provocar tales armas.
Los organismos internacionales y en particular las Naciones Unidas se hallan en crisis. Han cumplido sus funciones pero han sido superados, están obsoletos. Nos queda esperar la decisión política de positivas, realistas reformas a las Naciones Unidas, el órgano cuyas funciones principales son la paz y la seguridad internacionales. El actual debate, académico, ya que las grandes potencias son renuentes a alterar el statu quo actual, por las reformas a la ONU, dirigido a un nuevo orden internacional, nos trae el recuerdo del pensamiento de nuestro preclaro tucumano, Juan Bautista Alberdi, quien en 1869, en vísperas de la guerra franco-prusiana escribió "El Crimen de la Guerra", alegato jurídico en favor de la paz y de la justicia en el mundo, en donde estructura normas de convivencia internacional.
Al "crimen de la guerra" Alberdi lo considera "realmente incomprensible y monstruoso: el derecho de la guerra, es decir, el derecho del homicidio, del robo, del incendio, de la devastación en la más grande escala posible" y que "estos actos son crímenes por las leyes de todas las naciones del mundo. La guerra los sanciona y los convierte en actos honestos y legítimos, viniendo a ser la guerra el derecho del crimen, contrasentido espantoso y sacrílego, un sarcasmo contra la civilización". Señala que ello es consecuencia del discriminatorio derecho de gentes romano, origen de nuestro derecho internacional, en donde existían dos derechos y dos justicias, una para el romano y otra para el extranjero, bárbaro y enemigo; el derecho de gentes romano era el derecho para con el extranjero, aplicado arbitrariamente por el César.
Encuadra la guerra dentro del Derecho Penal Internacional y la califica de "derecho criminal de las naciones". Que "la responsabilidad penal será al fin el único medio eficaz de prevenir el crimen de la guerra". Señala la ausencia de una autoridad universal que promulgue y sancione el derecho penal internacional, y que propicie la creación de un "Tribunal internacional", lo que es hoy la Corte Penal Internacional, rechazada por el gobierno de Bush.
Interesa la diferenciación entre guerra justa y guerra injusta. Según Alberdi, "La palabra guerra justa envuelve un contrasentido salvaje: es lo mismo que decir crimen justo, crimen santo, crimen legal". "Es la injusticia misma". Se extiende en "la iniquidad del crimen de la guerra de agresión" y que "todo Estado que invade a otro debe ser presumido criminal y tenido como tal sin ser oído por el mundo hasta que desocupe el país ajeno. Quedar en él, con cualquier pretexto, es conquistarlo". Que "la guerra debe ser considerada como un crimen por regla general". Que "la guerra no puede tener más que un fundamento legítimo y es el derecho de defender la propia existencia".
Sí admite la guerra como "un derecho por excepción rarísima". Explica que si la guerra es un derecho, su ejercicio debe corresponder como castigo penal de un crimen, como defensa de un derecho atropellado, como medio de reparación de un daño inferido y como "garantía preventiva de un daño inminente", pero establece, sin dejar lugar a dudas, que la guerra debe ser ejercida por la sociedad humana, "representada para ello por los Estados más civilizados de la tierra". De ahí la importancia que hoy tiene la reforma del Consejo de Seguridad. Rechaza la decisión unilateral por la parte interesada y dice que "sólo el mundo, en su interés general tiene el derecho de allanar la inviolabilidad del territorio de un Estado, en el caso excepcional de un crimen que la autorice a buscar su defensa o su seguridad por ese requisito extremo y calamitoso".
Avanza Alberdi en el tiempo y dice: "como la esclavitud política no es más que una variedad de la confiscación de la libertad del hombre, llegará día en que también ella sea causa de intervención, según el derecho internacional, en favor de la víctima de la tiranía de los gobiernos criminales". Explica: "la sola guerra coexistente y conciliable con la civilización es la del cuerpo social todo entero contra el culpable de infracción de sus leyes, lo que constituye un ataque y un acto de hostilidad del delincuente contra la sociedad toda, porque la sociedad vive en virtud de las leyes que protegen la justicia y el derecho de cada uno".
Con un pensamiento de gran vigencia actual, Alberdi formula un rechazo total a la intervención con consecuencias de conquista y ocupación y se opone firmemente a la acción bélica unilateral, con la que hoy se acciona y se nos amenaza, diciendo: "sacad la violencia de entre las manos de la parte interesada en usarla en su favor exclusivo y colocadla en manos de la sociedad de las naciones y la guerra asume entonces su carácter de mero derecho penal. Por mejor decir, la guerra deja de ser guerra y se convierte en la acción coercitiva de la sociedad de las naciones ejercida por los poderes delegatorios de ella para ese fin de orden universal contra el Estado que se hace culpable de la violación de ese orden".
Conforme con ese criterio y con el consenso internacional, guerra justa fue la de una fuerza multinacional contra Irak que en 1990 invadió y anexó a Kuwait; fue la reacción de la comunidad internacional ante la arbitraria agresión de Irak. Guerra injusta, crimen internacional, por carecer de justificativos y no contar con el acuerdo de la sociedad internacional es la actual invasión y ocupación de Irak.
Alberdi se anticipó a la creación de una Sociedad de Naciones, hoy las Naciones Unidas, como también a la existencia de la actual Corte Penal Internacional, neutral e imparcial, para el juicio y castigo de los crímenes internacionales, como sería el caso de conducir el juicio de Saddam Hussein. Asimismo, visualizaba lo que es hoy la Organización Mundial de Comercio, para evitar conflictos comerciales.
Sus ideas coincidieron con la puesta en marcha, décadas después, de las distintas instituciones internacionales que hoy exigen reformas y puesta al día ante su impotencia, el no cabal cumplimiento de sus funciones, las consecuencias de la globalización y la existencia de más complejos objetivos.
Asimismo es necesario enfrentar el saneamiento de las causas de las guerras actuales, en la Palestina, Medio Oriente, el terrorismo internacional, que principalmente se encuentran en los intereses y errores que dieron lugar a los tratados de paz del fin de la guerra 1914-18, que originaron la guerra de 1939-45 y posteriores crisis bélicas, tratados estudiados, entre otros, por David Fromkin en su libro "A Peace to end all Peace", toda una definición en un título.
Alberdi otorga especial importancia a la opinión pública, a la libertad de prensa, "el ferrocarril del pensamiento", a la prensa que dice es la "luz que se arrojan unas a otras las naciones, sobre todo lo que interesa a sus destinos de cada día y sin cuyo auxilio toda nación pierde su derrotero y deja de saber dónde está y a dónde va". (c) LA GACETA







