A propósito de "¿Hacia un nuevo Medioevo?

POLEMICA. Por Carlos Duguech, (Tucumán).

21 Mayo 2006

Cada vez que tengo la oportunidad de leer un texto del prolífico Carlos Escudé referido a temas de su especialidad, lindantes con una compleja y delicada situación internacional, descubro aristas que me mueven a reflexionar sobre sus conclusiones. En el caso de la nota "¿Hacia un nuevo Medioevo?" publicada en LA GACETA Literaria del domingo 7 de mayo último, hallo que después de una meticulosa descripción de situaciones hechas con sentido didáctico y valoración de hechos y posiciones ideológico-religiosas de dos "universalismos", no se tiene en cuenta al "resto del mundo". Explicamos: el resto del mundo -dejando de lado la particularización del autor, que circunscribe toda la cosmovisión al "Occidente liberal y secular" y el "extremismo islámico"- está constituido, entre otros, por los países de un continente asiático que suman por lo menos 3000 millones de habitantes ni occidentales ni islámicos.
Bien describe el analista Escudé la situación, ahondando en definiciones y catalogaciones propias de un iniciado en la materia, nada fácil, de la situación internacional y de la relación de fuerzas (de todo tipo) entre los distintos países o grupos de estos. Englobados todos ellos en la abarcante definición de "civilizaciones", recurriendo elípticamente al "choque" de ellas preconizado en origen por Huntington. Una clasificación metódica ("A", "B" y "C") lleva al analista a un análisis cercano al de la lógica matemática, exponiendo sus valoraciones como certezas, casi una crónica de lo que vendrá.
Ya en el final de tan denso análisis da cuenta de una apreciación cuasi apocalíptica que no podemos dejar pasar y transcribimos: "Ciertamente, si hemos de abstenernos de usar la violencia masiva que está a nuestro alcance y que nuestro adversario no trepidaría en aplicar contra nosotros, la Europa de nuestros nietos será musulmana, Israel morirá y las restantes regiones del mundo vivirán una creciente disminución de sus libertades, siempre retrocediendo ante el vasallaje impuesto por quienes creen ser los heraldos de la verdad divina". Aquí hay una clara valoración negativa respecto de "abstenernos de usar la violencia masiva". Del ataque nuclear, como el que propició el presidente francés Chirac hace unos meses y ahora el "presidente de la guerra" (Bush dixit). Verdaderamente tranquiliza pensar que el analista Escudé -de no pocos méritos intelectuales- no forma parte (que sepamos) del grupo de asesores de los mandatarios de Occidente que vienen impulsando la perversa doctrina de la guerra preventiva. Escudé debería meditar sobre la claudicación a la que se dirigiría Occidente si sólo confiase en su potencialidad de "usar la violencia masiva" para resolver la sobrevivencia de la civilización que le es propia, omnipresente.

Tamaño texto
Comentarios