17 Mayo 2006 Seguir en 

La incapacidad de engendrar afecta del 20 al 25% de las parejas actuales. Y se estima que en un 30% de los casos se debe a problemas de la mujer; un 30% a trastornos en el hombre, otro 30 % se deben a causas compartidas, y queda un 10% en los que se desconoce la causa.
Los embarazos se buscan hoy a edades más avanzadas, y las mujeres se topan con una barrera biológica, que es la disminución de su fertilidad a partir de los 35 años. Sin embargo, la infertilidad no es un problema estrictamente femenino, y los factores del varón juegan un rol importante.
En el hombre, la causa más común de infertilidad es el varicocele, una dilatación de las venas del testículo, que incide en la cantidad y movilidad de los espermatozoides. "Muy raras veces provoca dolor o molestias, y los hombres se enteran que lo tienen cuando aparecen dificultades en la concepción", señala el andrólogo Santiago Brugo Olmedo, especialista en medicina reproductiva y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Andrología.
Esta afección es tratable mediante una laparoscopia. El procedimiento consiste en una incisión de un centímetro a la altura del ombligo, con un posoperatorio de no más de 24 horas. Otra causa habitual es la falta de descenso testicular durante la niñez. El problema se denomina criptorquidia (testículo escondido) y es preciso resolverlo antes de la adolescencia, ya sea mediante un tratamiento hormonal o quirúrgicamente.
Hábitos como el consumo de cigarrillo, alcohol en altas dosis o marihuana aumentan la cantidad de radicales libres (responsables de los procesos de destrucción celular), y afectan a los espermatozoides. También las infecciones testiculares y el haber tenido paperas luego de la adolescencia.
Hay fallas genéticas que generan "azoospermia", que es la ausencia de espermatozoides en el semen, y entonces el hombre no es fértil. "Para hacer un diagnóstico preciso se requiere un estudio de semen llamado espermograma", destaca Brugo Olmedo.
Aunque no están relacionadas clínicamente, la infertilidad y las disfunciones sexuales muchas veces van emparentadas. "El no poder procrear a veces provoca una baja de la autoestima del varón, y esto le trae disfunciones sexuales fruto de la ansiedad", señala el doctor Ramiro Quintana, especialista en medicina reproductiva y director de investigaciones del Instituto de Fertilidad (Ifer).
En menor medida, las disfunciones sexuales pueden llevar a la infertilidad, por incapacidad de mantener relaciones sexuales. Por esto siempre se recomienda contar con un equipo interdisciplinario que incluya el apoyo psicológico, además del tratamiento médico. "Hoy no se habla de infertilidad del hombre o de la mujer, sino que es un problema de la pareja", dice Quintana. "En general, los factores de cada uno se conjugan. Y así, un varón con escasa movilidad en sus espermatozoides, cuya pareja es mayor de 35 años tendrá menos posibilidades de lograr el embarazo que con una mujer más joven".
De todos modos, siempre se puede recurrir a la fertilización asistida, ya sea con tratamientos de baja o de alta complejidad. Entre los de baja complejidad está la inseminación artificial, que consiste tomar una muestra de semen y colocarla dentro del útero de la mujer, cuya ovulación ha sido provocada mediante un estímulo hormonal.
"Aunque no haya espermatozoides en el semen, se pueden buscar dentro del testículo", explica Quintana. "Si no tienen buena movilidad o no hay cantidad suficiente, se recurre a técnicas de mayor complejidad, como la fertilización in Vitro (que consiste en dejar a los espermatozoides cerca del óvulo y que se unan solos), o el ICSI (inseminación intracitoplasmática), en la que directamente se inyecta un espermatozoide dentro del óvulo.
La tasa de éxito de estos procedimientos varía según la calidad de los gametos y la edad de la pareja. "Hasta hace un tiempo se definía a una pareja como estéril cuando después de un año de mantener relaciones sin cuidarse no pueden concebir", dice Quintana. Si bien esa definición sigue siendo correcta, en los casos en que la pareja, y sobre todo la mujer, es mayor de 35 años, no conviene esperar un año sino consultar antes.
Los embarazos se buscan hoy a edades más avanzadas, y las mujeres se topan con una barrera biológica, que es la disminución de su fertilidad a partir de los 35 años. Sin embargo, la infertilidad no es un problema estrictamente femenino, y los factores del varón juegan un rol importante.
En el hombre, la causa más común de infertilidad es el varicocele, una dilatación de las venas del testículo, que incide en la cantidad y movilidad de los espermatozoides. "Muy raras veces provoca dolor o molestias, y los hombres se enteran que lo tienen cuando aparecen dificultades en la concepción", señala el andrólogo Santiago Brugo Olmedo, especialista en medicina reproductiva y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Andrología.
Esta afección es tratable mediante una laparoscopia. El procedimiento consiste en una incisión de un centímetro a la altura del ombligo, con un posoperatorio de no más de 24 horas. Otra causa habitual es la falta de descenso testicular durante la niñez. El problema se denomina criptorquidia (testículo escondido) y es preciso resolverlo antes de la adolescencia, ya sea mediante un tratamiento hormonal o quirúrgicamente.
Hábitos como el consumo de cigarrillo, alcohol en altas dosis o marihuana aumentan la cantidad de radicales libres (responsables de los procesos de destrucción celular), y afectan a los espermatozoides. También las infecciones testiculares y el haber tenido paperas luego de la adolescencia.
Hay fallas genéticas que generan "azoospermia", que es la ausencia de espermatozoides en el semen, y entonces el hombre no es fértil. "Para hacer un diagnóstico preciso se requiere un estudio de semen llamado espermograma", destaca Brugo Olmedo.
Aunque no están relacionadas clínicamente, la infertilidad y las disfunciones sexuales muchas veces van emparentadas. "El no poder procrear a veces provoca una baja de la autoestima del varón, y esto le trae disfunciones sexuales fruto de la ansiedad", señala el doctor Ramiro Quintana, especialista en medicina reproductiva y director de investigaciones del Instituto de Fertilidad (Ifer).
En menor medida, las disfunciones sexuales pueden llevar a la infertilidad, por incapacidad de mantener relaciones sexuales. Por esto siempre se recomienda contar con un equipo interdisciplinario que incluya el apoyo psicológico, además del tratamiento médico. "Hoy no se habla de infertilidad del hombre o de la mujer, sino que es un problema de la pareja", dice Quintana. "En general, los factores de cada uno se conjugan. Y así, un varón con escasa movilidad en sus espermatozoides, cuya pareja es mayor de 35 años tendrá menos posibilidades de lograr el embarazo que con una mujer más joven".
De todos modos, siempre se puede recurrir a la fertilización asistida, ya sea con tratamientos de baja o de alta complejidad. Entre los de baja complejidad está la inseminación artificial, que consiste tomar una muestra de semen y colocarla dentro del útero de la mujer, cuya ovulación ha sido provocada mediante un estímulo hormonal.
"Aunque no haya espermatozoides en el semen, se pueden buscar dentro del testículo", explica Quintana. "Si no tienen buena movilidad o no hay cantidad suficiente, se recurre a técnicas de mayor complejidad, como la fertilización in Vitro (que consiste en dejar a los espermatozoides cerca del óvulo y que se unan solos), o el ICSI (inseminación intracitoplasmática), en la que directamente se inyecta un espermatozoide dentro del óvulo.
La tasa de éxito de estos procedimientos varía según la calidad de los gametos y la edad de la pareja. "Hasta hace un tiempo se definía a una pareja como estéril cuando después de un año de mantener relaciones sin cuidarse no pueden concebir", dice Quintana. Si bien esa definición sigue siendo correcta, en los casos en que la pareja, y sobre todo la mujer, es mayor de 35 años, no conviene esperar un año sino consultar antes.







