El tabaco altera la relación del organismo con la insulina

Un estudio demostró otro de los riesgos de fumar: podría generar la diabetes tipo II. El riesgo abarcaría a los fumadores pasivos.

17 Mayo 2006
El mecanismo no se ha llegado a saber en profundidad, admiten, pero algo parece cierto: los que se han propuesto dejar de fumar, o simplemente los que se sienten molestos por el humo del cigarrillo, ahora cuentan con un argumento más: científicos estadounidenses demostraron que fumar, de manera tanto activa como pasiva, produciría alteraciones en la relación del organismo con la insulina y con ello, además de todo lo que ya es sabido, una cierta facilidad para caer en un estado que los médicos conocen como "pre-diabético".
No conformes con haber demostrado fehacientemente que el cigarrillo causa diversas formas de cáncer y de enfermedades cardiovasculares, ahora los científicos han hallado pruebas convincentes que sugieren que el humo del tabaco también podría aumentar las probabilidades de que quienes lo consumen desarrollen diabetes tipo II. Es más: los resultados de un reciente estudio norteamericano muestran que el riesgo alcanza incluso a los no fumadores que aspiran pasivamente el humo que fuman otras personas.
En un artículo publicado en la revista médica inglesa British Medical Journal, el investigador norteamericano Thomas Houston III, del Centro de Asuntos Médicos de los Veteranos de Birmingham, halló que tanto los fumadores como quienes inhalan el humo de tabaco en forma pasiva tienen un mayor riesgo de desarrollar intolerancia a la glucosa, una condición apodada "prediabetes", ya que de no ser revertida conduce a esa enfermedad.
"Fumar ha sido asociado con una deficiente respuesta a los tests de intolerancia a la glucosa y a la resistencia a la insulina, así como también se asocia a una perniciosa distribución del peso y una mayor relación cintura-cadera -respondió a través del correo electrónico el doctor Houston-. Fumar también ha sido asociado con un riesgo mayor de pancreatitis y de cáncer de páncreas, lo que sugiere que el tabaco quizás tenga un efecto tóxico directo sobre el páncreas."
El páncreas es la fábrica de insulina del organismo. En su interior se encuentran los llamados islotes de Langerhans, que son los que albergan las células beta, las células productoras de insulina.
En la diabetes tipo II, la producción de insulina de estas células no alcanza a satisfacer las demandas del organismo, que necesita esa hormona para poder transformar los azúcares en energía. Un paso previo a la enfermedad es la llamada intolerancia a la glucosa, que se declara cuando la persona en ayunas tiene elevados niveles de glucosa después de haber ingerido líquidos azucarados; esto delata que las células beta no están trabajando cómo deberían.
En su estudio, Houston halló que el 21,8% de los fumadores evaluados desarrollaron prediabetes (intolerancia a la glucosa) durante el curso del estudio, contra el 11,5% de los no fumadores, que no estaban expuestos cotidianamente al tabaquismo pasivo. En cuanto a los no fumadores que sí respiraban habitualmente el humo del cigarrillo en sus lugares de trabajo o en su hogar, el 17,2% ingresó en el estadio previo a la diabetes tipo II, también conocida como no insulinodependiente.
Estiman que en el país, alrededor del 7% de la población padece diabetes. Al mismo tiempo, estadísticas del Ministerio de Salud y Medio Ambiente de la Nación estima que cada año mueren 400.000 argentinos víctimas de enfermedades, como el cáncer, que se relacionan directamente con el consumo de tabaco.

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