El dilema, democracia o populismo

Por Marcelo Gioffré, para LA GACETA - BUENOS AIRES. La democracia requiere paciencia, pero es a todas luces más eficiente que el intempestivo populismo que suele interpelarla.

LA MULTITUDINARIA REUNION DE BLUMBERG. El Gobierno le dio espacio para modificar leyes. A riesgo del desquicio parlamentario.(LA GACETA) LA MULTITUDINARIA REUNION DE BLUMBERG. El Gobierno le dio espacio para modificar leyes. A riesgo del desquicio parlamentario.(LA GACETA)
14 Mayo 2006
El populismo fermenta como una articulación de demandas que se inscriben sobre una superficie social incapaz de absorberlas. Esa superficie puede ser una dictadura, pero también una democracia, pues aun esta, cuando no puede conciliar extremos, elige. Por ejemplo, entre las presiones salariales y la necesidad de evitar la inflación de costos, una democracia racional puede tender a postergar los reclamos sindicales. Pero, una vez que las demandas sedimentan y se hilvanan en una masa crítica, constituyen un desafío a los canales institucionales, pues frente a la desestimación no se quedan de brazos cruzados hasta los siguientes comicios, sino que inician un camino contencioso, haciendo circular su protesta por vías heterodoxas (cortando puentes, haciendo piquetes o tomando las armas). Pero en este punto no hay todavía populismo propiamente dicho. Este aflora, como señala Laclau, recién cuando esa red adquiere cierta univocidad al condensarse en un líder que aprovecha retrospectivamente el descontento. Al nacer de este modo marginal, por afuera de los canales inmanentes de la democracia, el populismo va a percibir en las fuerzas dominantes a un enemigo, al que no sólo no va a desear incluir sino que va a querer expulsar de la sociedad. De allí el espíritu hegemónico: una parte que aspira a ser un todo puede serlo únicamente mediante el racismo, limpiando a la sociedad de aquellos enemigos a los considera como verdaderas pústulas.
En la discusión parlamentaria por la fijación del 24 de marzo como feriado nacional, la senadora Cristina Kirchner pronunció la siguiente frase: "Cuando tengo dudas miro quiénes están del otro lado, o quiénes no están, y me queda claro que no estoy equivocada". Con este dictamen la senadora les negaba validez a ciertas opiniones por el solo hecho de quien las pronunciaba, definiendo el error como aquello que dicen los otros y proponiendo la automática dicotomía: "Nosotros = verdad vs. Ellos = mentira". El kirchnerismo logró concitar la adhesión popular al convertirse en el eje, en el nombre, en el punto modal, de una serie de reclamos que hasta ese momento habían sufrido el relativo desdén de varios gobiernos democráticos. Así, la súbita noción "K" se inscribió en una red equivalencial de protestas de consumidores contra las empresas privatizadas, de los desocupados que ejercían el piqueterismo, de las organizaciones de derechos humanos contra la última dictadura y, por fin, del odio al menemismo y a lo que, en una brutal simplificación, llamaron el neoliberalismo de los 90.
Al mismo tiempo, el gobierno fue midiendo la significación popular de las nuevas protestas, ni bien estas se fueron insinuando. La clave consistió en asimilarlas al sistema, para abortarlas de raíz. El objetivo fue evitar que crecieran y obstaculizar el desarrollo de contracorrientes populistas que pudieran concentrarse en algún nuevo nombre que les otorgara identidad. Así, ante la multitudinaria reunión convocada por Juan Carlos Blumberg reclamando seguridad, respondió abriéndole las puertas del parlamento y dándole espacio para que modificara leyes, aun a riesgo del desquicio legislativo. Así, ante la tragedia de Cromagnon y la queja de los padres de las víctimas, toleró que su aliado Aníbal Ibarra terminara destituido. Para el populismo pesan más los votos que la razón; o, mejor dicho, los votos son su única razón. Pero esta arbitrariedad en las decisiones hace que los populismos tiendan a volverse indefinidos e imprecisos, pues llega un punto en que permean demandas incompatibles entre sí.
En su libro Perón o Muerte, Silvia Sigal y Eliseo Verón indican que el primer peronismo trazó una fuerte asimetría discursiva, al colocar al Otro en una posición desplazada o desfasada con respecto al eje que define la posición del enunciador. El 1º de Mayo de 1950 Perón llegó a sostener: "Ningún argentino de bien puede negar su coincidencia con los principios básicos de nuestra doctrina sin renegar primero de la dignidad de ser argentino". El parecido conceptual con la declaración de la senadora Kirchner es notorio. Con esa declaración, el líder desataba una tensión ética en términos absolutos: "Perón = patria vs. Oposición = antipatria". La oposición no era portadora ni siquiera de una pizca de verdad; quedaba configurada como un obstáculo para el bien y ejercía el rol emblemático del enemigo del pueblo. Los eslóganes "La vida por la patria" y "La vida por Perón" pasaban a ser indiferenciados, ya que fuera de Perón no había patria. Slavoj Zizek recuerda que en la publicidad de Coca Cola en los Estados Unidos se decía: "Coke, this is America", porque en el significante Coke se condensaban simbólicamente todos los rasgos dominantes del imaginario americano. Tanto Coke, como Perón y como "K", son partes que se arrogan la representación del todo.
El fundamento discursivo del kirchnerismo se formaliza mediante una operación similar a la del primer Perón y a la de la publicidad aludida: enunciados tajantes, desprecio por el que piensa distinto, hegemonía y liderazgo manipulador. Falta el balcón, con sus técnicas de movilización de masas, que previsiblemente será habilitado en alguna de las próximas fiestas patrias. Esperable en un hombre que pasó bruscamente del cuartel al gobierno en el año 43, este trillado populismo con retórica nacionalista sigue teniendo éxito en nuestro país, a pesar de sus ya probadas consecuencias deletéreas. Se inscribe, como vimos, sobre la cadena de demandas populares insatisfechas, pero madura por una oportunista elaboración ortopédica de los gobernantes. A treinta años de que Europa se desembarazó de los últimos fascismos, ¿por qué nosotros recaemos en la prehistoria?
Es que el populismo es algo más que el ADN del peronismo; es quizás una forma cómoda de hacer política en ciertos países de Latinoamérica. Participa del sistema, pero pretende fundarse en una lógica no democrática, como lo es la sistemática colocación del Otro en el papel de enemigo y el otorgamiento de validez universal a las ideas propias. El gran jurista Carlos Santiago Nino, siguiendo a Rawls y Habermas, sostuvo que la justificación filosófica de la democracia reside en que ella tiene cierta analogía con el procedimiento de discusión racional en materia moral, en la medida en que la amplitud y libertad en la discusión, la participación de la mayor cantidad de gente con intereses contrapuestos y el esperable resultado de un acuerdo mayoritario, que emana de ese choque de preferencias, le confieren cierto fundamento axiológico. Por eso la democracia, a diferencia de lo que sostiene Laclau, no requiere del populismo como reflejo preformativo, sino que implica aceptar un derecho humano básico: que todas las opiniones gozan a priori de una presunción de validez y, por ende, que todos los ciudadanos somos fuentes potenciales de razones que, en determinado momento, pueden ser aptas para concitar el consenso mayoritario. La democracia requiere paciencia, pero es a todas luces más eficiente que el intempestivo populismo que suele interpelarla. (c) LA GACETA

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