La compra porteña de obras de arte y su cambiante destino

Por Willy G. Bouillon. HISTORIA.

14 Mayo 2006
En el período que se extiende desde fines del siglo XIX hasta las dos primeras décadas del XX, Buenos Aires pasó a integrar el álbum de las más importantes capitales del mundo. Rasgo manifiesto de ese jerarquizado encuadramiento, que corría por cuenta aun del autorizado criterio europeo, fue su desarrollo edilicio, que además de incluir las primeras grandes torres de esta porción del continente, sumó la cada vez mayor proliferación de mansiones y palacetes, que habrían de configurar paulatinamente los nacientes barrios "exclusivos" en el norte de la ciudad, opción vinculada con las epidemias que azotaron las otrora favoritas zonas de San Telmo, Barracas y Constitución.Allí, en Barrio Norte y Recoleta, se instaló la alta sociedad porteña. Las familias patricias y la oligarquía. Los ilustres por el pasado y los poderosos por el acertado aprovechamiento de las posibilidades de un país que crecía vigorosamente. Diferenciando estos sectores -porque en algunos casos, se unían ambas condiciones-, de cualquier forma unos y otros tenían en común no sólo los privilegios de un estatus social y económico, sino también sus preferencias en la forma de vivir. Los igualaba el gusto por el refinamiento europeo, y más concretamente el representado por el arte, fundamentalmente la pintura y la escultura, dos de las expresiones creativas que son directo material de las manos de su autor, lo que no ocurre, por ejemplo, respecto de la literatura y de la música.
De ese origen del coleccionismo en la Argentina, que lógicamente fue simultáneo con la actividad comercial que lo surtía, da cuenta este ensayo de María Isabel Baldasarre, sin duda un compendio inusualmente valioso: a la vez que detalla el proceso de adquisición de obras, su cambiante destino y cómo muchas de ellas pasaron a integrar el patrimonio de Estado en el ámbito de los grandes reservorios especializados, traza un panorama referido a la intimidad de sus poseedores, en orden sobre todo a los cambios que introducían en sus viviendas para la exhibición de aquellas piezas, y asimismo, el modus vivendi y las estrategias de la contrapartida, es decir, de los marchands posicionados en un mercado de arte que debía estar muy alerta a cotizaciones y al desplazamiento de corrientes pictóricas ante el surgimiento de las "vanguardias".
La amplísima fuente de información de Baldasarre, docente de la UBA y miembro del Centro Argentino de Investigadores de Arte, está conformada por archivos y legados documentales, catálogos y guías de exposiciones y remates, ensayos, textos de historia y memorias, revistas y diarios, entre los que cabe destacar La Nación, el único medio gráfico subsistente, nacido poco antes de la época que se describe.
La obra ha sido ilustrada, acertadamente, con estupendas fotografías de pinturas exhibidas en galerías o que formaron parte de pinacotecas privadas, con el detalle de las residencias en cuyos salones se lucieron y asombraron. (c) LA GACETA

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