Ejercicio para pensar y debatir la actualidad nacional

Por Araceli Bellotta. Respuestas originales sobre el ovillo que enreda a varios países del continente.

14 Mayo 2006

"Por qué crecen los países" es la pregunta con la que José Ignacio García Hamilton intenta desenmarañar el ovillo en el que parecen enredados buena parte de los países de América Latina, incluida la Argentina. En su nuevo libro ofrece algunas respuestas originales, luego de conducir al lector por una clara y concisa historia de la evolución institucional en el mundo, en la que compara a los países de Europa con Hispanoamérica.
García Hamilton ha decidido ser políticamente incorrecto, tal como hoy se define el pensamiento disonante con el discurso oficial, y realiza, además, un gesto de honestidad intelectual al dejar muy claro desde el comienzo su punto de partida: "Me permito narrar inicialmente algunas vivencias personales que servirán para apreciar el contexto histórico en que me tocó vivir e ir forjando mi personalidad intelectual".
Luego de recorrer estas páginas iniciales queda claro que el autor está en las antípodas del peronismo y del llamado revisionismo histórico, que suscribe a las premisas del pensamiento liberal en cuanto a defensa de la propiedad privada y de las libertades individuales, a las que convierte en eje para explicar la razón del subdesarrollo en esta parte sur del continente.
En cada capítulo aparecen definiciones interesantes que inevitablemente remiten a la actualidad. "No basta el texto de una Constitución republicana para convertir en democrático a un país", sentencia en el primer capítulo, en el que coloca la cultura como cimiento de las leyes.
En el siguiente paso, García Hamilton se propone demostrar, desde la historia del pueblo hebreo, pasando por Grecia, Roma y la Edad Media, la confusión de los bienes personales de los monarcas con las propiedades del Estado, para concluir que el Descubrimiento de América permitió a los Reyes Católicos ejercitar un fuerte patrimonialismo del cual Latinoamérica todavía hoy no ha logrado liberarse.
En los capítulos que siguen profundiza en la vida institucional de Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos y, bajo el título "Relación entre el respeto de la propiedad y la declinación de la libertad", esboza una hipótesis acerca del ejercicio del sufragio y sostiene que su ampliación significó una declinación del derecho de propiedad. Como salida propone, siguiendo las ideas de Domingo F. Sarmiento, lograr que todos los votantes sean propietarios.
En el capítulo dedicado a Rusia intenta una explicación sobre la razón por la que Stalin, cuyo régimen provocó más muertes que el Holocausto nazi, no recibió la misma condena que Hitler y sostiene: "...contó con la buena opinión y el apoyo de muchos destacados intelectuales del mundo occidental, acaso por la buena imagen que las ideas socialistas habían ido adquiriendo en el mundo desde el siglo XIX, o por la vocación por la utopía propia de los pensadores".
Al referirse al intervencionismo estatal en Estados Unidos, señala que desde que Lyndon Johnson anunció la guerra contra la pobreza en 1965 hasta 1996, el gobierno de ese país gastó 54,5 billones de dólares; sin embargo, la pobreza en 1996 era mayor que la de 1965.
Es en los últimos capítulos cuando García Hamilton decide ingresar, sin cortapisas, en la polémica. Define en ellos cuatro "tramas sociales" comunes a la América hispana y se pregunta por qué la Argentina se alejó de los principios constitucionales que la condujeron al éxito. Como respuesta toma el pensamiento de Sigmund Freud que definió como neurosis la imposibilidad de tolerar el triunfo. Elige dos ejemplos. Uno, la figura de Eva Perón, que enferma y muere en la cúspide del poder y la popularidad, y alude a su mala resolución del complejo de Edipo, al casarse con Perón, que le llevaba veinticinco años de edad. El otro: la Argentina no habría soportado superar en desarrollo a la "Madre Patria". En 1910 la antigua colonia estaba en un plano muy superior al de España.
Alude luego a la educación patriótica impartida en el país a partir de 1908 y a la creación de los héroes guerreros, haciendo centro en la figura del general José de San Martín. La declaración en 1950 del "Año del Libertador General San Martín" habría sido el punto culminante de este proceso, con la intención demagógica del presidente Juan Perón de ser identificado con el héroe.
Por último, define al Martín Fierro como "el canto a la ruptura de las leyes y la exaltación de la marginalidad que se convirtió en nuestra epopeya nacional", y vuelve contra Eva Perón a quien describe como "la dama buena que regala lo ajeno", con datos no muy precisos respecto de su patrimonio personal.
Más allá de que se compartan o no estos presupuestos, "Por qué crecen los países" es un excelente ejercicio para el pensamiento y para el debate sobre nuestra realidad nacional, destreza que parece no contar con demasiados adeptos en el presente. (c) LA GACETA

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