El dinero como algo digno de sospecha y de reprobación

Por Samuel Schkolnik. ENSAYO.

07 Mayo 2006

Aunque las autoras admitan que el dinero, en su condición de instrumento, no es bueno ni malo, y aunque lleguen a aceptar que, al tornar posibles unos intercambios que, sin él, no lo serían, razón por la cual vendría a resultar, más bueno que malo, el tono general del libro es de sospecha y reprobación para con la entidad pecuniaria. El texto se suma, entonces, al extenso corpus de los que desdeñan el "vil metal", sin dejar de reconocer, melancólicamente, el hecho de que "poderoso caballero es don dinero".
Se dirá, tal vez, que esa actitud es del todo natural en quienes han anunciado, desde el título, unas "reflexiones sobre la codicia y la avaricia"; más aun, en quienes discurren del dinero en cuanto objeto de una adicción, como puede hablarse del alcohol, el juego y las drogas; y se agregará, quizás, que las autoras demuestran una considerable idoneidad en la exposición de su punto de vista, munidas de datos copiosos que hacen valer con inteligencia. Todo lo cual es sin duda verdad, de lo que resulta el meritorio volumen que comentamos.
Sin embargo, cuando se advierte la cuantía y la profundidad de los males que las autoras atribuyen al dinero, es forzoso colegir que su trabajo -el de las autoras- finca en una perspectiva moral previa a la información que transmiten, perspectiva que no depende, pues, de esa información, la cual ha sido procurada más bien para legitimar una asunción ideológica.
Dicha asunción campea entre las páginas; se expresa en pasajes como el siguiente: "Las mayores instituciones financieras existentes, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, no se han propuesto hasta ahora promover el vuelco fundamental que en nuestros días acaso como nunca se torna obligatorio: que las riquezas de la Tierra sean repartidas equitativamente entre la totalidad de los hombres sin que perduren desigualdades abismales en su disfrute. Ellas son consecuencias sobre todo de la atracción desmesurada por el dinero, una inclinación que se diría omnipresente". (Pág. 22).
Ahora bien, una tal regencia de la bondad ya fue instituida en algunas naciones. De ellas, como se sabe, las principales se extinguieron, y las que sobreviven sólo pueden repartir equitativamente la miseria. (c) LA GACETA

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